El Área de la Bahía, y en particular la Misión, ha sido desde hace tiempo un refugio para inmigrantes que han huido de sus países natales en busca de asilo. Sin embargo, con el aumento en la cantidad de migrantes menores que escapan una aguda violencia en Centroamérica, las organizaciones en defensa de inmigrantes en el Distrito de la Misión están ayudando a migrantes menores de edad que necesitan ayuda como nunca antes la han necesitado.

Cada semana, menores no acompañados llegan en grupo en busca de todo tipo de ayuda, desde ayuda por una inminente deportación a poder reunirse con sus seres queridos en el Área de la Bahía. CARECEN, el centro centroamericano de recursos, calcula que cada mes llegan al Área de la Bahía entre 200 y 250 menores no acompañados.

Estas organizaciones están batallando por mantenerse al tanto de la demanda. “Estas cosas pasan y nadie está equipado para lidiar con esto”, dijo Jackie Shull-Gonzales, abogada de inmigración con la SFILEN (Red Legal y de Educación del Inmigrante en San Francisco).

El departamento de seguridad nacional declaró esperar que este año 90,000 niños inmigrantes crucen la frontera entre México y Estados Unidos. Los simpatizantes de inmigrantes quieren que la ciudad preste atención a este tema. Hoy al medio día se llevó acabo un mitin enfrente del Ayuntamiento para exhortar a la Junta de Supervisores a que vote a favor de una resolución que exige más recursos dedicados a los servicios legales, médicos y sociales para menores no acompañados que viajan de Centroamérica al Área de la Bahía.

La semana pasada, el supervisor David Campos que inmigró a los Estados Unidos de su país natal Guatemala a los 14 años de edad propuso la resolución. “Poner más recursos en un sistema roto sería útil”, dijo Jessica Farb, abogada que dirige el Centro del Inmigrante para Mujeres y Niños (ICWC, por sus siglas en inglés). Como muchas organizaciones legales sin fines de lucro que ayudan a inmigrantes, el SFILEN y ICWC carecen de recursos.

Cerca de ahí, en CARECEN la cantidad de menores no acompañados que llegan a la puerta de la organización también ha aumentado considerablemente al triplicarse de 20 a 60 niños al mes. “Podríamos añadir cinco abogados pero todavía nos faltarían para cumplir con la demanda que hay”, dijo Lariza Dugan-Cuadra, directora ejecutiva de CARECEN, quien convocó una reunión de emergencia la semana pasada para hablar del tema.

El reto para nosotros es: ¿qué otras estrategias podemos usar para encontrar soluciones que detengan el origen de esta hemorragia?” Para la gente que trabaja con dichos inmigrantes, no solo es problemática la cifra en aumento sino el aumento en la cantidad de clientes que son niños pequeños.

Este año, Shull-Gonzales ha visto a niños tan pequeños como de seis años de edad en su oficina de la Misión, en donde brindan ayuda legal gratuita y de bajo costo a inmigrantes en el Área de la Bahía.

“Los padres que ayudamos aquí de niños no acompañados son los inmigrantes más aislados y alterados que nunca antes haya visto”, dijo Susan Bowyer, subdirectora del ICWC, el cual hace poco ha comenzado a admitir 18 nuevos clientes cada semana. “Se niegan a venir”. Los niños inmigrantes, muchos de los cuales no están acompañados aunque no es el caso de todos, han venido de países de Centroamérica como Guatemala, Honduras y El Salvador, explicó Dugan-Cuadra, y llegan al norte con esperanzas de estar a salvo de la violencia.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados informó que en los últimos cinco años han recibido aproximadamente siete veces más solicitudes de asilo de residentes de Nicaragua, Costa Rica, Panamá y Belice en comparación a los años anteriores al 2008. Silvia Ramos, quien administra el programa de bienestar familiar en CARECEN, explicó que San Francisco es una ciudad santuario y que los niños centroamericanos están huyendo de las violentas pandillas callejeras así como de una pauperización crónica que plaga sus lugares natales. “Han huido de sus países por miedo, amenazas, violencia, violación”, dijo Ramos. “Diría que el 90 por ciento migra para superar el trauma”.

A nivel federal, el flujo de niños inmigrantes a los Estados Unidos se ha proclamado como una crisis humanitaria, reconocida como tal por el Presidente Obama, lo cual no califica como la designación más alta de una crisis y por consiguiente es una designación que no obliga a los países a brindar asilo; sin embargo, la oficina de administración federal de emergencia será llamada para coordinar una respuesta.

A nivel local, Shull-Gonzales describe las abarrotadas salas de las organizaciones en la Misión como un “microcosmos” de lo que está sucediendo en la frontera. “Es una cuestión de tiempo y preocupación en aumento de los padres con hijos en un país lleno de pandillas porque lo veo con mis propios clientes: ‘¿ya puedo ir?¿Ya puedo ir?’ y les contestó que se esperen”, dijo Farb, abogada con el centro para mujeres y niños inmigrantes.

“Dicen que está empeorando”. Estas organizaciones sin fines de lucro son a menudo los únicos medios de ayuda que tienen los menores no acompañados que llegan, precisó Dugan-Cuadra. “La situación con los niños es trágica, pero es una gran oportunidad porque ojalá nos permita poner el foco de atención en las verdaderas causas de migración”, dijo. “Esperemos que haga un llamado a la gente estadounidense para comenzar a realmente considerar la urgente necesidad de reforma migratoria en este país”.