En la primera mitad del siglo XX, el cielo del atardecer sobre la calle Misión era de un increíble color neón que cubría la llamativa marquesina en matices incandescentes de rosa, azul y morado.  Tal vez ninguna otra marquesina haya sido más icónica que la de la torre rojo brillante art decó del cine New Mission en las calles 22 y Misión.

En una tarde reciente, la deteriorada y vieja marquesina del edificio del cine que cerró en 1993 estaba cubierta con un andamio de construcción. Sin embargo, el New Mission volverá a brillar más adelante este año.

Como parte de la construcción de los condominios Vida, a lado del cine, el Alamo Drafthouse, originario de Austin, está restaurando el cine que volverá a abrir como cinema de arte de calidad. La historia del comienzo del cine es larga y complicada.

Nace una Estrella

“Este cine ha sido descrito como el hogar suburbano más hermoso en Estados Unidos y está equipado extraordinariamente”, decía efusivamente en el periódico comercial Moving Picture World sobre el New Mission en 1916. Eso fue pocos meses después de la gran inauguración, en la que presentaron Poor Little Peppina con Mary Pickford.

Diseñado originalmente por los hermanos Reid para Louis R. Greenfield y Leon Kahn, quienes entonces fueron directores de la original Asociación de Comerciantes de la Misión, el New Mission en realidad desplazó a un teatro más pequeño y antiguo. La estructura original del Idle Hour, un pequeño cine, se usó como el lobby del New Mission y el gran auditorio se construyó en su estacionamiento. La silueta del cine antiguo de ladrillo reapareció durante la construcción presente en el sitio.

Cuando en 1916 abrió por primera vez como New Mission, el cine tenía poco menos de 1,000 butacas. Sin embargo, tan popular era el nuevo cine en ese entonces que Greenfield y Kahn pronto lo cerraron para instalar un nuevo balcón, lo que permitió sentar alrededor de 2,020 personas.

Durante más de una década, el New Mission fue el cine de lujo más grande en la Misión hasta que El Capitán abrió en 1928. El famoso diseñador de cines Timothy Pflueger agregó la indistinguible torre roja en 1932 cuando los hermanos Nasser se apoderaron del New Mission –la misma familia que en la actualidad es dueña del cine Castro.

En esa era previa a la televisión, todo mundo iba al cine. “Estos lugares estaban llenos casi todas las noches”, dijo Jack Tillmany, historiador y escritor de varios libros sobre los cines históricos del Área de la Bahía. Tan solo en la calle Misión, Tillmany calculó que 10,000 personas iban al cine diario.

Como en el Castro, el New Mission era un cine de reposición. Las películas se mostraban en cines de la calle Market, en donde se guardaban durante varias semanas y luego se enviaban a los cines en los diferentes barrios.

“La gente siempre piensa que estos grandes cines mostraban películas de estreno, pero no lo eran”, dijo Tillmany, quien dijo haber visto King Kong en el New Mission cuando la repitieron en 1952. No obstante, en una era de ornamentados palacios de películas, incluso las funciones de reestrenos eran estelares.

“El New Mission era el mejor que había”, dijo Gary Parks, aficionado a cines históricos quien recuerda con afecto el gran lobby con espejos, el techo de boveda y el brillo del neón rojo afuera que distinguía al cine incluso en sus últimos días. “Se merece ser conservado”.

 

La Última Película

A mediados de los 90, hubo una disminución en la cantidad de gente que iba al cine. El Capitán cerró en 1957 y en los 70 y 80 hubo más de una docena y media de cines que cerraron en la calle Misión. Los que sobrevivieron mostraban películas de bajo presupuesto (b-movies) importadas de México y éxitos de Hollywood.

A principios de los 80, Alejandro Murguía , trabajó de gerente del New Mission, antes de ser el poeta aclamado de San Francisco.

“Las familias latinas siempre iban, en especial en los fines de semana para ver las típicas películas mexicanas, la mayoría poco memorables”, dijo Murguía, quien renunció a su trabajo cuando el dueño no quiso mostrar más películas independientes. “No era tanto las películas que me impresionaban sino los hermosos detalles art decó, los accesorios de luz, y las fabulosas alfombras”.

Mia Gonzalez, fundadora de Balmy Alley, recuerda la “grandiosa entrada” del New Mission. “Tenía una pequeña inclinación”, dijo. Gonzalez iba a menudo con su madre y su abuela, de preferencia los miércoles por la noche cuando el cine regalaba platos y el trío los conservaba para la colección familiar de tazones y platos. Gonzalez recuerda un conjunto de platos con un patrón de margaritas.

Martha Estrella, también originaria de la Misión, disfrutaba de las noches de bingo y de los días en los que con sus amistades veían dos o tres películas por 25 centavos.

Estrella recordó los días antes de las pandillas a finales de los 70 y 80 cuando el público incluía a señores vestidos elegantemente de traje y zapatos blancos. En lugar de low riders, que surgieron más tarde y con influencia de Los Ángeles, dijo, todos los latinos jóvenes querían desde chicos que sus autos estuvieran altos.

“También había una estación de televisión que presentaba a gente del área”, y algunos de estos se mostraban en el cine New Mission, dijo.

El New Mission sobrevivió muchos de los cines antiguos y proyectó películas hasta sus últimos días en mayo de 1994. Cuando cerró, el edificio se usó como una sala de exhibición de muebles.

Cuando los dueños no se daban cuenta, recordó Gary Parks, se escabullía al auditorio que se usaba para alojar el exceso de inventario. “No cabe duda que fue triste verlo así”.

Parks no fue la única persona en escabullirse al auditorio vacante del New Mission. Una noche en 2006 apenas 300 personas irrumpieron al edificio para tener un rave ilegal.

En 1998, la universidad comunitaria compró el New Mission y el terreno de a lado y planearon demoler el cine para crear un campus que atendería a 9,000 alumnos. El debate entre los activistas del barrio y los que querían conservar el lugar fue feroz.

Ken García, columnista para el San Francisco Chronicle, describió una reunión de la comunidad realizada en 2001 en la que los planes de la universidad comunitaria comenzaron tensiones raciales en un barrio que acababa de sentir los efectos del primer boom del punto com.

“Una mujer emocionada también insinuó que las fuerzas de conservación eran racistas, bajo la premisa que detendrían a la comunidad latina de evitar que un campus fuera parte de la historia de la ciudad”, dijo García.

Al final, la universidad comunitaria optó por vender la propiedad al maganate de bienes raíces y al dueño de restaurantes Gus Murad. La ciudad nombró al New Mission un punto de referencia histórico en 2004.

En 2009, Murad ganó una controversial excepción para añadir 20 pies de altura a edificios existentes con restricciones de altura en el Departamento de Urbanismo para poder rehabilitar del New Mission y Giant Value, que tuvo una conversión de supermercado a vivienda.

No obstante, otra controversia política le siguió, en parte por los vínculos de Murad con el alcalde Gavin Newsome. Murad, quien le debía a la universidad comunitaria millones de dólares por la compra, le vendió dos edificios, así como otras dos propiedades en la Misión, al Alamo Drafthouse y a Oyster Development Group en 2011 por alrededor de $6 millones de dólares.

Colleen Meharry, agente de bienes raíces, le dijo a Mission Local en esa época “déjeme decirle, si piensa que la Misión está de moda por el momento, entonces si aprueban este trato la Misión va a explotar”.

El Porvenir

Meharry tenía razón.

Las unidades de Vida se venden a $1,000 el pie cuadrado, y el Alamo Drafthouse promete crear un cine de lujo en el New Mission donde habrá cinco pantallas, proyección digital de última tecnología y una sofisticada comida y bebida.

Parks declaró esperar que las remodelaciones respeten la grandiosidad original del viejo lobby, pero más que nada está emocionado de ver la marquesina y la torre iluminada otra vez.

Y, si los vecinos tienen objeción “la gente que se mudará a los condominios no debería poder decirle al New Misson que apague el letrero porque es muy brillante”, dijo Parks. “El cine estuvo ahí primero”.