La construcción de un complejo arrendatario de 351 unidades en las calles 16 y Misión no causó una buena impresión en los padres de familia que se presentaron el lunes por la noche a la reunión informativa con la mesa directiva del Distrito Escolar Unificado de San Francisco.

“No es por sonar dramático, pero lo que está describiendo suena un poco como a una zona de guerra”, dijo Bianca Gutiérrez, quien como muchos en la reunión tiene un hijo en la escuela primaria Marshall, cerca del área.

Gutiérrez reaccionó al escuchar la descripción del constructor sobre el proceso de construcción de hace un año y medio para edificar dos torres de diez pisos. “Suena muy intenso para mi hijo. Estoy segura que usted no enviaría a su hijo ahí”, dijo.

Durante la reunión, los padres de familia y los administradores escolares pusieron en claro que Maximus Deveopment Partners tendrán que pagar bastante para adquirir el apoyo de la primaria Marshall. El proyecto, el cual también incluye un edificio de cinco pisos, necesita que el constructor otorgue un beneficio a la comunidad de la escuela primaria de 240 estudiantes. Una vez que lleguen a un acuerdo sobre el beneficio, la mesa directiva votará para decidir.

Seth Mallen de Maximus explicó que el constructor planea mitigar las preocupaciones de los padres en la pequeña escuela en la que casi el 80 por ciento de sus estudiantes reciben almuerzo gratuito o de precio reducido. Mallen declaró que controlarán el ruido durante la construcción al poner barreras contra ruido.

Las sombras que los nuevos edificios proyectarán sobre el área de juegos, agregó, se evitarían si se eleva el área de juegos, algo que le daría a los estudiantes más espacio.

Pocos de los padres de familia estuvieron impresionados.

“Mi opinión personal es que el patio de la escuela no va a ser suficiente para nosotros”, dijo Emily Murase, integrante de la mesa directiva. “Una oferta generosa sería que nos construyeran una escuela completamente nueva”.

El constructor escuchó que alrededor de 30 personas se expresaron en contra del proyecto, incluyendo tres estudiantes de Marshall. “No necesito una nueva área de juegos porque ya tengo una y me gusta cómo es”, dijo un estudiante mientras el público aplaudía.

“Esta sala no siempre está así de llena”, recalcó uno de los integrantes de la mesa.

Dos personas defendieron el proyecto al decir que la ciudad necesita más suministro de vivienda y que podría ayudar a limpiar el área que tiene el nivel más alto en la Misión.

El constructor argumentó que los 32,000 pies cuadrados del local ayudaría a tener vigilancia en la calle.

“No creo que solucionaremos todos los problemas”, dijo Mallen, “pero creo que podemos solucionar algunos”.

El público protestó.

Incluso las voces más moderadas de la PTA de Marshall, como la presidenta Michele McMahon-Cost, quiere que el constructor aumente su compromiso con la escuela.

“Creo que es seguro decir que desearíamos que esta construcción no estuviera sucediendo, pero hay un grupo de nosotros que es pragmático y se est.

Teneos una oportunidad para asegurar algunos beneficios a la larga”o”, dijo. “Si no es Maximus, va a ser alguien mge* a la esá dando cuenta que hay leyes de zonificación que promueven este proyecto”, dijo. “Si no es Maximus, va a ser alguien más. Teneos una oportunidad para asegurar algunos beneficios a la larga”.

Varios padres de familia hablaron sobre el constructor que brindó una donación a una escuela que no tiene una educación física de tiempo completo o profesores de arte.

No está claro cuánto dinero desean obtener los padres de familia o cuánto está dispuesto a dar el constructor. Muchos citaron temor al aburguesamiento y la falta de financiamiento que el estado ha provisto a la escuela.

“Es aterrador que estemos negociando con compañías para que nos den lo básico”, dijo Marcelle Pulos, profesora de tercer año en Marshall.

Otros como Cristiana Soto, madre de familia de dos estudiantes en Marshall y residente de uno de los hoteles de residencia individual cerca del área está preocupada por el impacto que la construcción tendrá cuando quiten los edificios del área.

“Lo que me preocupa son las plagas, cuando demuelen el edificio ¿qué van a hacer con los roedores?” preguntó Christina Soto. “De por sí tenemos un problema con los roedores, imagínese qué va a suceder cuando demuelen esos edificios”.

Después de una larga noche, Mallen dijo que Maximus está listo para reunirse con más grupos de la comunidad y el distrito escolar para llegar a un acuerdo. Sin embargo, cómo será el acuerdo es algo que permanece confuso.

“Esto es lo que escuchamos y a lo que contestaremos”, dijo Mallen. “No es el final en absoluto”.

La reunión de la junta escolar dio la idea de lo que Maximus puede esperar de los residentes que asistan más tarde a las audiencias en la Comisión de Urbanismo y la Junta de Supervisores.

Además, cuando la reunión de la junta escolar terminó el lunes por la noche, Mallen fue el primero en agarrar su portafolio y salir por la puerta.