El lunes pasado antes de la fecha límite para tramitar impuestos, casi todos los lugares en la sala de espera de MEDA (Mission Economic Development Agency, por sus siglas en inglés) estaban llenos durante el programa gratuito de preparación de impuestos. Mientras los trabajadores andaban apurados con folders y sobres en mano, un grupo de preparadores fiscales debatían sobre traer a otra persona para que les ayudara.

Este año, MEDA y otros tres servicios de impuestos sin costo en la Misión han tenido ya más de 3,100 clientes. El año pasado, más de 4,000 personas buscaron un servicio gratuito de preparación de impuestos en la Misión, aproximadamente un cuarto de ellos eran clientes que usan un número independiente de identificación fiscal (ITIN, conocido así por sus siglas en inglés), una señal de que el cliente es seguramente indocumentado.

“Al IRS no le importa si usted está aquí ilegalmente siempre y cuando puedan cobrar el dinero”, dijo Max Moy-Borgen, supervisor del programa de impuestos de MEDA. “El IRS y ICE no se comunican”, dijo, en referencia a la agencia de inmigración y aduanas. El instituto de política e impuestos, calcula que en 2010, más de los once millones de inmigrantes indocumentados en los Estados Unidos pagaron alrededor de $10.6 mil millones de dólares solo en impuestos locales y estatales.

En MEDA, ubicado en las calles 19 y Misión, un 35 por ciento de los trámites fiscales de 2012 se realizaron con números ITIN. Para las personas que hacen sus impuestos por primera vez esto significa que envían documentos fiscales con una solicitud de ITIN, lo cual puede ser un proceso de entre tres y seis meses.

La solicitud requiere dos formas de identificación o un pasaporte, lo que significa que muchas personas envían lo que puede ser su única forma de identificación al IRS por correo.

Una vez que alguien recibe un ITIN, entonces pueden hacer su trámite electrónicamente como cualquier persona con un número de seguro social puede hacerlo. No obstante, los números ITIN solo tienen vigencia de cinco años ya que el IRS descubrió a personas que solían venderlo o pasar sus tarjetas a otras personas.

Pero, ¿por qué un inmigrante indocumentado desearía pasar por todo eso para tramitar sus ingresos?

Muchos trabajadores indocumentados tienen números falsos de seguro social para sus trabajos, y como a cualquier otra persona les quitan impuestos de sus cheques. Mientras que el temor de entrar en contacto con una oficina de gobierno puede desalentar a algunos, los beneficios de tramitar como inmigrante indocumentado van más allá de recibir un reembolso.

Los estudiantes que viven en estados donde les permiten aplicar para recibir ayuda financiera deben tener alguna prueba de ingreso para recibir becas o subsidios con base en sus necesidades. Además, tener un registro legal de estar en el país puede ayudar cuando piden residencia o ciudadanía.

Asimismo, si usted ha sido un inmigrante indocumentado que paga impuestos y después legaliza su estatus, todo el dinero de seguridad social y Medicare que le quitaban de previos pagos se los transfieren.

Los empleados indocumentados ya pagan a dichos sistemas, pero no les regresan casi nada. De acuerdo con la administración del seguro social, de los $15 mil millones de dólares que los inmigrantes indocumentados y sus empleadores pagaron en 2010, solo han recibido mil millones. Ese mismo año, dos mil millones de dólares no reclamados se destinaron a Medicare, y $8.7 mil millones se destinaron al seguro social.

Además, también existe la misma razón por la que cualquiera de nosotros paga impuestos: el potencial de recibir un cheque con mucho dinero.

“Algunas veces vemos familias que reciben reembolsos de $10,000”, dijo Moy-Bergen. “Ese primer año se sienten como si hubieran ganado la lotería”. Más tarde, Moy-Borgen comentó que los clientes llegan a depender de su reembolso, en especial para personas que sus ingresos anuales son de entre $20,000 a $30,000: el promedio de clientes de medianos y bajos ingresos.

Aunque los clientes en MEDA estaban demasiado ocupados como para hablar con esta periodista, resulta ser bastante fácil encontrar a una persona indocumentada que trabaje en la Misión y que haya tramitado un ITIN.

José, de 36 años de edad, se mudó a los Estados Unidos hace siete u ocho años. José llegó con una visa, pero se convirtió en indocumentado después de haberla perdido.

No obstante, obtuvo su número ITIN después de que alguien en el Centro Laboral de la Raza, una organización sin fines de lucro en la Misión, le recomendó tramitar uno.

“Lo hice para tener un historial de residencia en caso de que se apruebe la reforma migratoria”, dijo.

José prefiere pagar impuestos porque hasta el momento ha recibido reembolsos. Este año ganó $35,000 en su trabajo como carnicero en un local en la Misión.

José tiene tres hijas, de 12, 9 y cinco años de edad, que asisten a la escuela en la Misión, y planea gastar su reembolso en la educación de sus hijas.

“La gente se rompe la espalda en San Francisco y es algo que notamos aquí”, dijo Angie Minkin, jubilada de 60 años de edad. Minkin es una de las casi 100 voluntarias en MEDA que le ayudan a la gente a tramitar sus impuestos.

El programa de preparación de impuestos es parte de VITA (ayuda voluntaria de impuestos sobre el ingreso) creado por un profesor en la universidad estatal de California en Northridge en 1971. En ese entonces, los estudiantes hacían los impuestos sin costo alguno para contribuyentes de bajos ingresos. El programa ahora es una iniciativa nacional administrada por voluntarios a través del IRS para ayudar a enseñarle a las comunidad cómo hacer sus propios impuestos y cumplir con las necesidades lingüísticas y culturales de cada persona.

Tomemos como ejemplo a Víctor, quien no quiso dar su apellido. Con un folder gordo color azul bajo el brazo. Vestido de pantalón de mezclilla, una camisa azul cielo y una chamarra café de pana, que camina lentamente hacia la sala de espera. El señor de 65 años de edad ha venido a que le hagan sus impuestos a MEDA desde hace cinco años.

Originario de El Salvador, Víctor se mudó a los Estados Unidos desde Australia hace 15 años. Ha estado fuera de su país de origen desde hace 30 años y es ciudadano estadounidense, aunque prefiere hablar en español: una necesidad que en MEDA cubren. Si considera que todo es gratuito, podemos esperar que este será un cliente que seguirá viniendo.

“No importa que sea gratuito”, dijo. “Es como un restaurante. Si la comida es buena, pero el servicio es malo, no regresa”.

La lealtad de Víctor a MEDA va más allá de la temporada de impuestos.

A través de un taller gratuito sobre crédito, que también ofrece MEDA, Víctor se enteró de una transacción no identificada en su estado de tarjeta de crédito hace algunos años.

“No uso Comcast”, dijo. “Ni siquiera tengo cable”.

Los voluntarios en MEDA ahora le están ayudando con el proceso de eliminar el cargo. “Es una manera excelente de ayudar a la comunidad”, dijo.

 Andrea Valencia contribuyó a este reportaje.