Cuando un representante de SamaUSA llegó a su clase de inglés en la universidad comunitaria de San Francisco en busca de voluntarios para su primer clase, Ashley Ballard decidió inscribirse en el programa.

Ballard, de 26 años de edad, comentó que siempre le han encantado las computadoras pero que casi siempre las había usado para hablar con amigos y navegar en internet. SamaUSA le ofrecía un programa de habilidades laborales, una intensa capacitación en computadoras y una promesa de enseñarle a ser una trabajadora digital independiente, todo sin costo alguno para ella.

SamaUSA se lanzó oficialmente en noviembre y es una nueva filial de la organización sin fines de lucro Samasource, la cual durante cinco años ha coordinado un programa multinacional de tercerización digital con el objetivo de darle trabajos en tecnología a mujeres y jóvenes que viven con menos de $3 dólares en naciones en vías de desarrollo. SamaUSA es el primer proyecto de la organización en Estados Unidos.

Desde su oficina central en las calles 16 y Misión (también la oficina central de Samasource), SamaUSA se centra en impartir habilidades en lugar de brindar empleo. El objetivo es reclutar estudiantes de universidades comunitarias y enseñarles a ser trabajadores independientes exitosos en la economía en línea. Tan solo en su primer año, la organización sin fines de lucro ha capacitado a casi 100 estudiantes.

Ballard, quien tiene una sonrisa serena y una viva risa, se ha convertido en uno de sus más grandes evangelistas. Madre de tres hijos menores de seis años, vivió hasta el año pasado en Merced e intentó ganarse la vida trenzando cabello, un negocio que describe como algo sorprendentemente competitivo y que terminó cuando la muñeca comenzó a darle problemas.

Para empeorar las cosas, su compañero de hace tres años la abusaba físicamente.

“Intenté encontrar otro trabajo, pero nadie quiere contratarte cuando tienes el ojo morado”, dijo.

El invierno pasado ya había tenido suficiente, se llevó a sus hijos y se mudó con su madre en Bayview. Después de haber pasado algunos meses organizándose, se inscribió a la Universidad Comunitaria de San Francisco. Fue ahí cuando conoció a un representante de SamaUSA.

Durante el curso de diez semanas en un salón de clases en la YMCA de Bayview-Hunters Point, con clases alrededor de 25 estudiantes que se reunían durante dos horas, tres días a la semana los estudiantes aprendieron lo básico en sistemas de nube como Documentos de Google, hojas de cálculo, Skype y entrada de datos. Además, el programa la inscribió y la puso a trabajar en una variedad de plataformas digitales para trabajadores independientes, incluyendo a Elance y oDesk. Ahora gana entre $14 y $20 la hora, en su mayoría ingresando información. El día que hablamos, a las dos de la tarde, cuatro personas ya se habían puesto en contacto con ella para trabajos.

Actualmente, Tess Posner, directora de SamaUSA declaró que con los cargos iniciales, las clases iniciales le han costado a la organización alrededor de $3,000 por estudiante, pero dichos costos bajarán a $1,200 para clases a futuro. Además de la capacitación, los estudiantes que las necesitan también tendrán computadoras portátiles que podrán quedarse.

SamaUSA tiene financiamiento fundamentalmente a través de The California Endowment, una fundación que otorga becas a las organizaciones comunitarias sin fines de lucro en el estado, así como donadores individuales, incluyendo a muchos de la industria tecnológica.

Las operaciones en los Estados Unidos surgieron del trabajo que estaba haciendo desde hace años la organización sin fines de lucro Samasource. Pam Smith, vocera de la compañía Samasource, declaró que su objetivo es brindar trabajo para la gente en países del tercer mundo. Al establecer sitios laborales en ubicaciones remotas, capacitan a trabajadores en habilidades digitales y después les pagan un salario base para realizar trabajo en línea para corporaciones estadounidenses.

Smith declaró que a los trabajadores en general se les paga entre $1.60 y $3.60 dólares por hora en países donde más del 60 por ciento de la población vive con menos de $2 dólares al día. Idealmente, los trabajadores se quedarán con Samasource durante tres a seis meses antes de pasar a un empleo seguro en otro lugar. Samasource declaró que nueve de diez de sus trabajadores extranjeros obtienen trabajos o educación.

A diferencia de Samasource, SamaUSA no brinda directamente trabajo, sino que toma lecciones que han aprendido en enseñanza de habilidades digitales en trabajos y las aplican a sus programas en comunidades estadounidenses que no han recibido los servicios necesarios.

Ballard declaró que ha intentado otros programas de disposición laboral, pero que sentía que la soltaban sin estar preparada.

“Solía no saber cómo hacer una carta de presentación”, dijo Ballard. “Ahora le estoy ayudando a mi mamá y a mi hermano a escribir las suyas”.

El trabajo independiente tiene una variedad de características atractivas para alguien como Ballard. Rara vez se tiene que hacer el trabajo durante horas de negocio, lo que le permite continuar con la escuela y cuidar de sus hijos. Además, los empleadores le pueden pagar a través de una tarjeta prepagada de débito. Ballard comentó que antes no tenía una cuenta de banco, y que antes de esto no había construido su crédito.

Posner declaró que hasta un 70 por ciento de los estudiantes de la universidad comunitaria se salen de la escuela, y muchos mencionan el dinero o la dificultad de mantener varios trabajos y clases como un factor para salirse de la escuela.

Ballard declaró que no todos los que tomaron la clase tuvieron el mismo éxito que ella. Algunos estudiantes no saben comunicarse, lo que hace que los empleados se salgan. Su hermano también tomó el programa SamaUSA. Se le dificultaba el trabajo en línea, pero se unió a TaskRabbit, un servicio que le permite a la gente tercearizar sus habilidades, desde servicios profesionales a ayudar a alguien a mudarse o llevarlos al aeropuerto.

SamaUSA espera tener clases en seis ciudades en 2014, y acaba de agregar clases en universidades comunitarias en Feather River y en Merced, en donde Ballard solía vivir. Ballard comentó que ya ha comenzado a motivar a sus amistades a que se registren.