Son las dos y media de la tarde de lunes y solo hay dos comensales disfrutando de la comida callejera de fusión india en Curry Up Now, el cual abrió en febrero en Valencia entre las calles 17 y 18.

“El negocio ha estado bien”, dijo el gerente del restorán Jonathan Abuel. “Pero, en realidad ganamos dinero en la noche”.

Curry Up Now, el cual sirve tacos y burritos rellenos de ingredientes indios es tan solo uno de los 38 nuevos restaurantes que han abierto en el tramo de nueve cuadras de la calle Valencia en los últimos cinco años, que muestra un análisis de las licencias de negocios.

Junto con una remodelación urbana que, entre otras cosas, amplió las banquetas hace tres años, la rápida entrada de establecimientos de comida y bebida ha transformado visualmente el corredor comercial, lo que ha hecho que algunos se pregunte si Valencia ya ha tenido su cuota de restaurantes.

“No se puede tener a un barrio de consumo en el que haya solo restaurantes”, dijo Allan Horrocks, residente de la Misión y copropietario de Aquarius Records. “No es saludable tener un área que esté dominada por un solo tipo de negocio”.

Una manifestación planeada para el sábado apoyará una moratoria a restaurantes y llamará la atención a los recientes desalojos de inquilinos. Pero, aunque algunos comerciantes están de acuerdo con Horrocks, otros declararon que el problema de la saturación de restaurantes es más complicado. Sin embargo, los economistas cuestionan la lógica de la saturación.

Las preocupaciones entorno a demasiados restaurantes tampoco se limitan a Valencia. En las doce cuadras de la calle 24 entre Misión y Potrero, más de un tercio de escaparates están dedicados a comer y beber, muy por encima del 25 por ciento que recomienda el plan general de la ciudad.

¿Qué efectos tienen estos establecimientos en los vecinos? Y, ¿qué fuerzas deben determinar cuántos restaurantes están permitidos?

Debido a que el mercado debe determinar la demanda, en realidad no hay tal cosa como “demasiados restaurantes”, dijo Enrico Moretti, residente de la Misión y profesor de economía en UC Berkeley. “Si tuviera demasiados restaurantes, no los podrían sustentar. La razón principal es por qué hay tantos restaurantes, es porque hay una gran demanda de restaurantes”.

Erick Arguello, presidente de la Asociación de Comerciantes del Barrio de la Calle 24, declaró que los restaurantes dañan el tránsito peatonal, algo con lo que concuerda Deena Davenport, fundadora de la Asociación de Comerciantes del Corredor de Valencia (VCMA, por sus siglas en inglés). Los restaurantes atraen a la gente a la hora de la cena, dijo Davenport, lo que causa “espacios muertos durante el día”.

Sin embargo, las entrevistas con gerentes de Harrington Galleries, Dog Eared Books y Therapy —todos minoristas en Valencia— sugieren lo contrario. Todos dicen que el tránsito peatonal ha aumentado en sus locales. “Hay mucha gente caminando de arriba a abajo por la calle digiriendo comida o alistándose para comer”, dijo Alvin Orloff, gerente de Dog Eared Books.

Arguello tiene preocupaciones adicionales: “Estos restaurantes que vienen no son los negocios tradicionales pequeños”, dijo. “Quieren inversionistas” con dinero “que puedan pagar rentas más altas, lo que obliga que las rentas del área aumenten”.

No obstante, hay otros factores que conllevan al aumento en rentas, dijo Jorge Carcamo, agente de bienes raíces cuya oficina ha estado en Valencia desde 1985. La Misión es un barrio atractivo para pudientes residentes urbanos a los que les atrae el clima soleado del área, la abundancia de casas estilo victoriano y el acceso peatonal a las calles.

Moretti está de acuerdo con que la llegada de nuevos restaurantes es un síntoma, en lugar de una causa, del aburguesamiento. “Están brindando un servicio a la gente que vive en el barrio”, dijo. “Si la calidad de los restaurantes cambió es porque la gente que vive por aquí consume un tipo diferente de comida”.

Y aunque conservar la cultura latina de la Misión es una preocupación válida, ante el rápido cambio, Carcamo, quien emigró de Nicaragua en 1979, declaró que los latinos deben asumir su porción de la culpa. “¿Estamos esperando a que todo mundo de diferentes culturas compren y aburguesen [la Misión]? dijo. “¿Por qué no compramos y participamos? Esto es América. Tenemos las mismas reglas. Tenemos el mismo ambiente económico. Los latinos tienen la oportunidad de hacer lo mismo. ¿Por qué no reunimos nuestro dinero en conjunto y compramos dos o tres edificios?”

Tanto Carcamo como Moretti se oponen a la moratoria de nuevos restaurantes, pero una moratoria es exactamente lo que las organizaciones de comerciantes quieren. El año pasado, Calle 24 se unió con los comerciantes de Valencia para respaldar una moratoria temporal en nuevos restaurantes, una movida que los dos grupos esperan revivir como parte del mitín antiburguesía de este sábado.

El supervisor Scott Wiener, cuyo distrito incluye el lado oeste de Valencia, mostró públicamente su escepticismo entorno a la moratoria y señaló una medida similar en la calle 24 en Noe Valley que entró en vigor en 1987 y permitió nuevos restaurantes solo si se apoderaban de un espacio de restaurante vacío.

“Fue un gran fracaso porque medio convirtió esa calle en una calle menos vibrante de lo que de otra forma hubiera sido”, dijo Moretti.

Levantaron dicha moratoria en 2010.

En lugar de eso, Wiener y el supervisor David Campos aprobaron una medida en mayo que le exigía a las constructoras que querían convertir un espacio de venta al minoreo en Valencia en un restaurante que pasaran por un proceso de permisos de uso condicional. El proceso incluye audiencias públicas. Una medida similar ya estaba en camino para la calle 24.

“Eso es lo más que nuestros supervisores dijeron que podían obtener para nosotros”, dijo Davenport. “Le ha impedido ponerse mucho peor en Valencia, lo cual era la idea general”.

Pero incluso antes de que el requisito de uso condicional se pusiera en marcha en Valencia, el flujo de restaurantes disminuyó. En 2013, solo cuatro nuevos restaurantes abrieron, en comparación a los diez que abrieron el año pasado.

Además, el uso condicional en realidad podría favorecer a los grandes grupos de inversionistas que las organizaciones de comerciantes están tratando de mantener alejados, dijo Jasper Rubin, director de estudios urbanos en la Universidad Estatal de San Francisco y exurbanista del Departamento de Urbanismo de la ciudad. “Hay una oportunidad de que tengan más conocimiento, que puedan obviar el sistema, y que tengan más recursos”, dijo.

El proceso completo fue un reto para Michael Mauschbaugh. El residente de la Misión de 32 años de edad administró durante dos años su cocina de inspiración francesa Sous Beurre como un restaurante pop-up desde Sugarlump antes de intentar quedarse en un espacio permanente. Después de buscar en la Misión, se decidió por combinar dos espacios que solían ser de venta al minoreo en la calle 24, cerca de Potrero.

A Mauschbaugh le tomó cinco meses pasar por el proceso de permiso de uso condicional, y el joven chef tuvo que pagar la renta en todo momento.

“Es muy [improperio] difícil pasar por todo”, dijo.

Los dos espacios en donde abrirá este invierno Sous Beurre estuvieron vacantes durante años, dijo Mauschbaugh. Quién sabe cuánto tiempo hubieran permanecido vacíos si una moratoria se hubiera impuesto.

Cuando Sous Beurre abra, los restaurantes compondrán más del 36 por ciento del frente del local en la calle 24, muy por encima del 25 por ciento recomendado en el plan general.

No obstante, la vocera del Departamento de Urbanismo Joanna Linsangan declaró que la Comisión de Urbanismo quiere volver a evaluar dicha recomendación tomando en consideración que han pasado casi 30 años. “Queremos asegurarnos de que la terminología encaja con la realidad que vemos hoy”, dijo Linsangan. “Obviamente, la Misión ha cambiado”.

Y, no solo en la Misión. De acuerdo con un informe de Trulia en donde se hace uso de la información del censo de 2010, San Francisco tiene más restaurantes por hogar que cualquier otro lugar metropolitano en los Estados Unidos.

Dicho informe también muestra que la ciudad tiene los precios promedio más altos en bienes raíces.