Horas después de que el departamento del alguacil los sacó de su unidad en el histórico edificio Redlick el pasado martes, los exinquilinos se reunieron en la esquina de las calles 17 y Misión para protestar contra su desalojo del gran espacio en el segundo piso que ocuparon durante dos años.

Con consignas de “End Evictions Now” y llamando la atención con una gran pancarta que decía “Rick Holman: Stop the Evictions” los exinquilinos de un espacio administrado colectivamente llamado In the Works le pidieron a los transeúntes que firmaran una petición para dejar de apoyar a los negocios que ocupan la propiedad de los inquilinos desalojados. No está claro quién ocupará el espacio.

La protesta representa el último avance en una batalla continua que se ha estado cocinando desde abril cuando el agente inmobiliario Rick Holman compró el edificio. La manifestación consistió en un grupo de alrededor de una docena de inquilinos. Los activistas del grupo No Eviction Summer se unieron.

Los miembros de In the Works y Eviction Free Summer advirtieron que Holman quiere sacar a más inquilinos, pero en un correo electrónico a Mission Local Holman niega dichas intenciones.

Al menos cuatro inquilinos renovaron hace poco sus contratos expirados. Thrift Towm, el cual ocupa el primer piso del edificio, es uno de dichos inquilinos. La supervisora de la tienda Athena Craig declaró que el nuevo propietario no es un problema para la mayor parte de los inquilinos del edificio, conocido por ser el sitio del histórico letrero 17 Reasons Why! colocado por primera vez en 1935 en una tienda de muebles. El icónico letrero se reemplazó con un espectacular en 2002.

“Estamos contentos con el nuevo propietario”, dijo Craig. Aunque se negó a hablar de cualquier aumento arrendatario o cambios al contrato arrendatario de Thrift Town, Craig explicó que “ha habido mejoras en el edificio como elevadores nuevos… Nadie se ha quejado conmigo de nada”.

Holman agregó que “estamos trabajando duro para mejorar un edificio que no se ha atendido desde hace años”, y citó arreglos recientes hechos al sistema de riego contraincendios, ventanas y alumbrado. “Queremos que el edificio Redlick sea un lugar seguro y cómodo para nuestros inquilinos que operan sus organizaciones sin fines de lucro,  arte y negocios”.

Los inquilinos que se manifestaron presentaron un aplazamiento de desalojo al argumentar que incurrirían en dificultades porque uno de sus miembros es VIH positivo y está en riesgo de perder su seguro; no obstante, el martes la junta arrendataria negó la petición. Poco después, varios asistentes del departamento del alguacil, acompañados por Holman, ingresaron en el edificio y obligaron a los residentes que quedaban a que se fueran de la unidad.

“Nos dieron un minuto para agarrar lo que pudiéramos”, dijo Chema Hernández Gil, exinquilino y miembro de In the Works. “Los auxiliares nos siguieron hasta la salida del edificio”.

Los inquilinos fueron desalojados con base en estar quebrantando las condiciones de su contrato arrendatario al subarrendar la propiedad y habitar ilegalmente en un espacio comercial.

Hernández Gil declaró que el grupo tenía un acuerdo por escrito con el casero anterior sobre el uso laboral y de vivienda del espacio así como los múltiples residentes que alojaba.

“El casero anterior sabía que había varias personas usando la unidad, y sabía que había un uso residencial”, dijo Hernández Gil. Holman declaró a través de un correo electrónico que no había acuerdos con el casero anterior. “El propietario anterior nos dijo que nunca acordaron una situación laboral y de vivienda ni vieron el establecimiento”, explicó.

Asimismo, Holman declaró que había infracciones de seguridad en la unidad como la construcción no permitida de unidades ilegales dentro del espacio.

“Esto es un edificio de oficinas comerciales, y no residencial. Los códigos de seguridad, contraincendios y de construcción de San Francisco no permiten habitar en edificios comerciales”, escribió Holman.

Ted Hexler, otro exinquilino que organizó eventos de Food Not Bombs en el espacio, declaró que aunque había solo tres nombres en el contrato arrendatario y 18 personas viviendo en el espacio no había una subarrendamiento formal.

“Estábamos actuando como un colectivo en operación”, dijo Hexler. “Ninguno de nosotros tenía más poder o derechos legales. Éramos compañeros de piso con poder equitativo”.

De acuerdo con los inquilinos desalojados, las relaciones con su nuevo casero fueron de lucha desde el principio.

“Él compró el edificio el 5 de abril, nos reunimos con él el 8 de abril para el final de la semana dieron un aviso de tres días para desalojar”, dijo Hernández Gil de la relación del colectivo con Holman. “No nos dieron ninguna oportunidad para hacer un caso para defendernos”.

“Cuando él vino, vino acosándonos, sin casi dejarnos decir nada”, dijo Hexler.

Holman estuvo en desacuerdo. “Después de presentar el desalojo, intentamos cooperar con los ocupantes durante semanas para crear un acuerdo mutuo de separación de caminos, pero las varias ofertas, incluyendo un pago, fueron rechazadas”, dijo Holman. “Cuando las negociaciones fallaron, fue entonces que procedimos de manera agresiva para desalojarlos”.

Para Christopher Cook, organizador de Eviction Free Summer, la manifestación en contra del desalojo de los miembros de In the Works se trata de recordarle a los caseros en la ciudad que hay “verdaderas consecuencias cuando una comunidad se ve afectada”.