Victor Fleming, at his studio at Veteran Commons.

El cuarto está lleno de luz solar. Todo se ve nuevo e impecable. Victor Fleming está sentado en una silla y come una paleta naranja mientras ve a su perro. Han pasado poco más de siete meses desde que se mudó al 150 Otis, conocido como Veterans Commons. El lugar que alguna vez fue un edificio deteriorado y propiedad de la ciudad fue transformado en un complejo de vivienda con servicios para veteranos sin hogar. A Fleming le encanta el lugar.

“Es fantástico. No podría ser mejor”, dijo.

Fleming, de 55 años de edad, sirvió en el ejército entre 1977 a 1979. Tiene el pelo largo y canoso, los brazos tatuados y usa lentes.

Fleming se quedó sin hogar poco después de haber dejado el servicio. Padeció del desorden conocido como estrés postraumático, pero esa no fue la razón por la que empezó a vivir en la calle, dijo.

“Me automediqué durante 30 años. Uno no puede ser alcohólico y tener un trabajo. Abandoné a mi familia y todo. Fue muy fácil para mí estar en la calle”, dijo Fleming.

Fleming precisó que además de tener un problema con la bebida, tuvo una adicción a las drogas.

Hace dos años, mientras estaba en camino a Santa Rosa, donde vive su hijo, se le descompuso el coche. “Fue un momento crucial. Pensé: ‘¿qué voy a hacer?’”

Se fue a San Francisco y terminó en la calle una vez más.

Hasta hace un año, Fleming vivía en un espacio compartido en el refugio Next Door Shelter en la calle Polk y la avenida Geary, en el Ternderloin.

“La estadía normal es de 90 días, pero me quedé más”, dijo. “Si haces algo positivo con tu vida e intentas mejorar tu situación, te ayudan”.

Fue ahí que se enteró de un nuevo complejo desarrollado por Swords to Plowshares, una organización sin fines de lucro de servicio para veteranos en asociación con el Centro de Desarrollo para la Comunidad de Chinatown. Ahora vive en un pequeño estudio decorado con la bandera de los Gigantes de San Francisco.

“Fui una de las primeras personas que llenó una solicitud”, dijo. “Y literalmente la segunda persona que se mudó”.

150 Otis

Fleming es uno de 75 veteranos discapacitados y sin hogar que viven en el edificio, el cual abrió en noviembre de 2012. El edificio era un sitio histórico propiedad de la ciudad que se usó durante años como lugar de almacenaje. El proyecto se tardó seis años en terminar y costó aproximadamente $30 millones de dólares, los cuales provinieron de fondos estatales, federales, municipales y de donación.

La renta de un residente está cubierta, al menos en parte, con bonos del programa de vivienda para veteranos Veterans Affairs Supportive Housing. La cantidad exacta varia con cada caso. El estudio de Fleming en Veterans Commons cuesta un tercio de su ingreso: 1,800. El bono cubre dos tercios de la renta, y Fleming paga el resto.

Los residentes firman contratos arrendatarios de un año que se pueden renovar.

“Mucha gente va a vivir aquí hasta que mueran”, dijo Colleen Corliss, directora de comunicación y desarrollo de recursos para Swords to Plowshares.

Recibir Ayuda

Los residentes de Veterans Commons batallan con la enfermedad mental, el abuso crónico de sustancias, desorden de estrés postraumático o discapacidades físicas, explicó Corliss. Los inquilinos no están obligados a permanecer sobrios. Reciben ayuda y consejo del Departamento de Asuntos para Veteranos, agregó.

“Hay gente aquí que tiene problemas, y tenemos todos los tipos de maneras para ayudar a la gente con estos problemas”, dijo Fleming mientras una señora entró al cuarto y comenzó a gritarle a tres personas en el área común.

Fleming batalló con la adicción durante tres décadas y vivía intermitentemente en la calle durante esa época. La relación con su familia no siempre fue buena.

En Veterans Commons, Fleming recibe consejo que le ayuda a restaurar los débiles lazos familiares: recibió ayuda al organizar un viaje para visitar a su madre, y aprendió a planear actividades para darle la bienvenida a su hijo cuando venía a visitarlo. Aparte de la ayuda psicológica, los residentes aprenden habilidades prácticas como abrir una cuenta de banco.

Tener estos recursos es crucial para Fleming.

“Muchos de nosotros no tenemos las mejores habilidades sociales cuando se trata de hacer cosas normales. Ahora recibimos toda esta ayuda. Me sorprende”, dijo Fleming.

“Somos el tipo de gente que no pide ayuda”, dijo.

Fleming regresa caminando a su estudio, en donde guarda fotografías de la inauguración del complejo. “Veteran Commons ha hecho mucho por mí. No puedo elogiarlos lo suficiente”, dijo.

Es difícil determinar el número exacto de veteranos que no tienen hogar porque el estatus de veterano no siempre se enlista en las encuestas de indigencia. Swords to Plowshares percibe aproximadamente 2,000 personas al año, pero no todos son indigentes.

En San Francisco hay 500 bonos de vivienda con servicios sosciales para veteranos que le ayudan a los veteranos sin hogar a pagar la vivienda. La ciudad espera obtener 70 más, dijo Bevan Dufty, director de HOPE (Housing Opportunity, Partnerships and Engagement, por sus siglas en inglés)

2524 Misión

A nueve cuadras de distancia en la calle Misión hay otro programa de vivienda para veteranos que abrió en febrero.

Desde entonces, 33 residentes se han mudado poco a poco a lo que solía ser el Hostal Elements en el 2524 de la calle Misión. El edificio, propiedad de Gus Murad, incluye 31 estudios y dos departamentos de una recámara. El lugar es adyacente a Lolinda y El Techo de Lolinda, un restaurante y bar en la azotea.

Murad se negó a hablar sobre el proyecto, pero según Dufty, el propietario tuvo la idea y se acercó a la ciudad.

La transformación de cuartos de hostal a estudios fue fácil. Los únicos problemas que surgieron fueron menores, dijo Dufty. Dichos problemas fueron intentar encontrar una forma en que los veteranos recibieran correo de manera individual, y reemplazar las tarjetas llave con cerraduras en las puertas.

Hasta el momento, el restaurante y la instalación de vivienda de veteranos han coexistido sin problemas. Ambas áreas comparten una entrada en la que los clientes del bar y el restaurante esperan en la fila por la tarde.

“Por lo que hemos visto hasta ahora, [el programa de apoyo de vivienda] ha sido muy efectivo”, dijo Larry Del Carlo, director de Mission Housing Development Corporation.

El reto, de acuerdo con Del Carlo y Dufty, es encontrar más unidades disponibles en la ciudad.

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Marta came from Zaragoza, Spain to master her English but everyone she speaks to wants to practice Spanish. After just a few months in the Mission, she already feels at home. In her free time she can be found reading books, watching movies, roller skating or just enjoying a good meal, an interesting conversation or a sunny walk around the neighborhood.

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