Las tensiones eran evidentes en la reunión de la semana pasada cuando los miembros de la Asociación del Barrio Liberty Hill y la compañía inmobiliaria se reunieron para discutir la construcción del edificio de 12 unidades en la esquina de las calles Valencia y Hill. Los asistentes se mostraron en desacuerdo con los planes del proyecto.

Eileen Hassi, propietaria del Café Ritual en la calle Valencia, organizó la reunión pública para obtener más información sobre los planes de construcción antes del 6 de septiembre cuando la Comisión de Urbanismo decidirá el destino del proyecto.

Hassi le dijo a Mission Local que tanto ella como la Asociación de Comerciantes del Corredor Valencia necesitan saber los hechos antes de poder decidir apoyar o no el proyecto propuesto.

“Como comerciante, estoy preocupada con lo que la gente quiere”, dijo.

Los desacuerdos entorno a los planes fueron desde la altura y estética del edificio al estacionamiento disponible. La información fue contradictoria en relación a las unidades a la venta o renta que fueron causa del enojo de algunas personas en el público.

El patrocinador del proyecto, Mark Rutherford, y el arquitecto Stephen Antonaros declararon que el edificio de cinco pisos tendrá 12 unidades residenciales de dos y una recámara, así como una unidad comercial zonificada como restaurante. Los planes no incluyen lugar de estacionamiento para autos, aunque sí para 32 bicicletas.

Aunque Rutherford y Antonaros llegaron preparados para dar una presentación informal, la reunión pronto se convirtió en una sesión de preguntas y respuestas entorno a las preocupaciones de los asistentes.

Los miembros de la Asociación del Barrio Liberty Hill, quienes presentaron una objeción formal en contra del proyecto que la Comisión de Urbanismo revisará, expresaron argumentos de que el edificio de 55 pies de altura no está a la escala del barrio y no brinda suficiente estacionamiento.

Antonaros le dijo al público que los lugares para estacionar bicicletas se encargarán de las preocupaciones entorno al estacionamiento de autos.

“Como muchos aquí saben, Valencia gira entorno a las bicicletas”, dijo. “Atender a la población aburguesada de bicicletas es más progresista”.

Esto logró poco para convencer a los vecinos. “Usted no puede forzar a la gente a andar en bicicleta”, le gritó alguien.

“El mercado los obligará”, contestó Antonaros.

“Ay, su gran mercado”, dijo alguien entre risas.

Sara Shortt, una vecina que no pertenece a la Asociación del Barrio Liberty Hill, estuvo de acuerdo con Antonaros.

“Yo soy ciclista”, dijo Shortt. “Mucha gente en este barrio, incluyéndome, apoyamos en gran parte que haya menos lugares para estacionar”.

Un representante del teatro Marsh declaró que un edificio alto a lado de un teatro tendría un impacto en la ventilación y luz. Además, el posible ruido de meses de construcción tendría un impacto en la gente que va al teatro.

“Hemos hablado con el teatro. Tienen un edificio poroso”, dijo Antonaros en referencia a la permeabilidad al sonido del edificio de Marsh. “Nuestro edificio será a prueba de ruido”.

A medida de que la presentación continuaba, el público se confundió con la contradictoria información entorno a las unidades que estarían a la venta o renta.

“El proyecto está programado para renta”, dijo Antonaros al comienzo de la reunión. Pero media hora más tarde, cuando Shortt le preguntó sobre las posibles unidades que se convertirían en condominios, le dijeron que estarían a la venta.

“Estos son condominios”, dijo Antonaros. Las caras de los asistentes presentes cambiaron. “Estas son unidades a la venta por el momento; nos equivocamos”. Antonaros agregó que aunque la compañía inmobiliaria hubiera preferido unidades arrendatarias, los cargos de la ciudad y el largo y cansado proceso de desarrollo ha hecho que sea necesario que se pongan a la venta.

Cuando una mujer preguntó cuánto costarían las unidades, Rutherford interrumpió y dijo que “eso es información de los propietarios”.

Algunos asistentes mostraron menos oposición al proyecto.

Laurie Voss, cofundadora técnica de awe.sm, una compañía en ciernes de tecnología en la calle 22 y Misión, asistió para expresar su apoyo a favor de lo que la Asociación del Barrio Liberty Hill está en contra.

“Debido que las rentas de vivienda han aumentado y la vivienda es escasa, un edificio alto y denso es exactamente lo que mis empleados necesitan”, dijo Voss. “Estoy muy a favor de un edificio denso”.

Otro asistente, Michael Tauber, un arquitecto que ha vivido en la esquina de las calles Valencia y 20  desde hace 19 años, no entendía por qué había tanto alboroto.

“¿Cómo pueden argumentar con un urbanista que está cumpliendo con los requisitos de la zonificación? Este distrito permite 55 pies”.

Un vecino lo dijo bastante sencillo: “mi preocupación es trivial pero la voy expresar: el edificio es feo”, dijo.

Cuando Hassi se fue de la reunión, todavía estaba indecisa en cuanto a apoyar la construcción. En cuanto a la reunión, “fue lo que esperaba” precisó. “Estoy bastante contenta de que haya habido votantes de diferentes grupos”.