Los inmigrantes chinos en la Misión reaccionaron el jueves pasado con una gran gama de opiniones ante la historia de Chen Guangcheng, el disidente chino invidente que es abogado autodidacta “de los descalzos”.
En la China comunista, cualquier ciudadano que se atreva a ir en contra del gobierno tiene que enfrentar las consecuencias. “Si no les caes bien”, dijo Theresa Bao, inmigrante china, “te arrestarán”.
Así fu el caso de Chen, quien estuvo bajo arresto domiciliario durante 19 meses por cuestionar los abortos forzados bajo la política de hijo único en China. Hace poco, Chen escapó y fue a la embajada estadounidense en Beijing y se encuentra en un hospital chino después que la embajada le aconsejó que se fuera. Por el momento, Chen ha pedido asilo en los Estados Unidos para él y su familia.
Mission Loc@l platicó con los miembros de la comunidad china en la Misión sobre el disidente. La población asiática del barrio es de 11,129 personas, un aumento del 8.2 por ciento entre los censos del 2000 y 2010. El aumento más significativo sucedió en la extensión del censo 228.01, delimitado por las calles South Van Ness y York y las calles 21 y 17.
Qin Deng, de 86 años de edad e inmigrante china, cree que cada país tiene sus propias reglas, y la gente debe respetar dichas reglas. “China no necesita que otros países le enseñen o le digan qué hacer”, dijo Deng, quien supo de Chen a través de KTSF, un canal local de noticias asiático-estadounidense.
Yvonne Li, nacida y criada en los Estados Unidos, de alrededor de 20 años de edad, concuerda con lo anterior. “En China hay que seguir las reglas y aceptar el castigo”. Li no cree que los Estados Unidos intervenga en el asunto de Chen. En gran parte es como los problemas familiares, dijo. “No hay que meter la nariz en los asuntos de otras personas”.
No obstante, Theresa Bao, una inmigrante china que escucha la estación de radio noticias chinas KSJO 92.3 FM, cree que la intervención estadounidense es necesaria en el caso de Chen. “Espero que Estados Unidos pueda ayudarlo”, dijo. “Si no, va a ser muy difícil sacarlo”.
El día de ayer, Chen declaró en el Daily Beast que desea volar a los Estados Unidos con Hillary Clinton, quien se encuentra en China y espera regresar a finales de la semana. “Está pidiendo mucho, es un poco chistoso”, dijo Cindy Wen, quien también escucha KTSF. Wen no cree que el gobierne estadounidense vaya a ceder.
Sin importar lo que haga el gobierno, Deng cree que si China no castiga a Chen, otros residentes chinos seguirán su camino. China debe aclarar que las leyes se deben obedecer, dijo.
“Si se sale con la suya, probará que el gobierno chino es inútil”, concordó Connie Sun, quien también se enteró de Chen a través de la misma fuente de noticias KTSF: “Chen debe ser castigado”, dijo. “Este tipo está mal”.
Bao admira la valentía de Chen y está preocupada por su familia. Sus dos hijos pequeños se verán afectados y será difícil crecer en China si se quedan, precisó.
Deng cree que Chen es valiente, pero que no tendrá éxito sin un plan. La causa de Chen es adecuada, dijo, pero sus acciones están equivocadas. “No se trata de lo que pelea la persona. Es cómo pelea la persona”.
Sun cree que Chen tiene derecho a estar a salvo, pero también cree que sólo piensa en cómo beneficiarse de la situación. En lugar de eso, Sun dijo, Chen debe pensar de manera lógica por el país completo.
“Es complicado”, dijo Wen, al expresar preocupación por las violaciones a los derechos humanos.
“En China no se puede hacer lo que se quiera por completo”, dijo Bao. “Se centran en uno”.
Hace poco, a Chen se le otorgó el permiso de estudiar derecho en el extranjero. “China está siendo muy amable esta vez”, dijo Wen. “Su actitud es más blanda”. No obstante, Bao cree que si Chen se queda y estudia en China, el gobierno chino siempre lo tendrá vigilado.
La historia muestra que los disidentes chinos pueden ser bastante influyentes al atraer publicidad que el gobierno chino no quiere. Las organizaciones de los derechos humanos apoyan a los disidentes y reciben premios —como Liu Xiaobo, quien ganó el Premio Nobel de la Paz en 2010 por pelear por derechos humanos. Actualmente se encuentra bajo una sentencia de cárcel de once años por haber expresado públicamente su posición ante la reforma política china.
Bao recuerda la revolución cultural china de 1966 a 1977. “No queríamos ir en contra del gobierno”, dijo. “No queríamos meternos en problema. Estoy todavía un poco espantada”, agregó con escalofríos.
Sin embargo, ha visto cambios. “Está mejorando a lo que era en la época de Mao”, dijo en referencia al presidente Mao Zedong, el padre de la China Comunista. En ese entonces, dijo Bao, si una fotografía de Mao se caía al piso o estaba al revés, la gente iba a prisión. Ese tipo de cosas no suceden ya, dijo, y los alumnos cada vez son más valientes.
China es un trabajo en progreso, concluyó Wen, y su reforma política evoluciona de manera lenta pero segura.

