Ahí viene el terremoto.

Desde que vivo en el Área de la Bahía, he escuchado esa frase una y otra vez, pero cuando hace poco el casero no me pudo decir qué tan vieja era la casa a la que me mudé, o si era a prueba de terremotos decidí investigar qué tan peligroso es vivir y trabajar en este barrio.

Descubrí que depende de qué parte de la Misión estemos hablando.

Los mapas de la Encuesta Geológica de los Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés) y la Encuesta Geológica de California (CSG) muestran que el área al norte de la Misión y la esquina sudeste pueden ser un poco más peligrosas que el resto del barrio.

El mapa de susceptibilidad de licuefacción de la USGS (la parte del Distrito de la Misión se puede apreciar en el mapa más arriba), muestra zonas que en general son más propensas a la licuefacción que otras en el área. Los suelos designados con “una muy alta” susceptibilidad están hechos de arena medio comprimida o materiales salados saturados de agua. Si hubiera una sacudida lo suficientemente fuerte del suelo en dichas áreas en caso de un terremoto, podría perder solidez y rigidez como sucede con un líquido en comparación a un sólido.

“Tiene que estar saturado y ser sacudido lo suficientemente fuerte para que pierda solidez y las partículas de arena queden suspendidas en el agua”, dijo Danielle Hutchings, coordinadora del programa de terremotos y peligros de la ABAG.

“Es como si fuera arena movediza o si estuviera en la orilla de la playa. El agua sube y se mete entre las partículas hasta que no pueden sostener el peso de encima”, precisó.

“El movimiento tiende a afectar en general las características lineales, destruye pipas, caminos, cimientos y pistas aéreas.

El tamaño del desastre depende de en qué falla suceda el terremoto, de dónde sea el epicentro y la magnitud del terremoto.

Tim McCrink, geólogo ingeniero superior en USGS, declaró que con arena saturada y medio comprimida encontraríamos licuefacción en todos lados si el área estuviera justo a lo largo de la línea de la falla y la magnitud del terremoto fuera de 4, 5 o mayor. Si el área está alejada de la línea de la falla, un temblor de magnitud 5 o más podría presentar periodos más largos por temblor que resultarían en un desastre por licuefacción.

“Con el conocimiento de la historia de terremotos en San Francisco”, dijo McCrink, “seguramente habrá suficiente licuefacción en la Misión como para provocar un desastre por licuefacción”.

En el terremoto de 1906, el cual tuvo una magnitud de 7.8 con un epicentro a dos millas al oeste de San Francisco, el desastre relacionado con licuefacción a las pipas de suministro de agua impidió la contención del incendio que destruyó cerca de 500 cuadras municipales. Es así que la liquefacción puede ser indirectamente culpable del 85% del desastre total en San Francisco en 1906, según un informe de la ABAG.

Una declaración de contexto histórico del Departamento de Urbanismo de San Francisco establece que la Misión del norte quedó “completamente devastada” en 1906 y se reconstruyó en su totalidad. “En comparación, el sur de la Misión no padeció destrucción en 1906 y por lo tanto mantiene en general la arquitectura residencial original de finales del siglo XIX, combinado con construcción del siglo XX”.

Según el sitio web de USGS, en el terremoto de 1989 en Loma Prieta, el cual tuvo una magnitud de 6.9 con un epicentro en las Montañas de Santa Cruz a 60 millas al sudeste de San Francisco, la licuefacción de los sólidos y el cascajo usado para rellenar una laguna en el Distrito de la Marina de San Francisco provocaron un gran hundimiento que fracturó y dividió horizontalmente la superficie del suelo.

Es posible que los cimientos de riachuelos antiguos sean la causa de suelos arenosos en el norte de la Misión. Para ver nuestro mapa de canales fluviales históricos de la Misión, haga clic aquí.

“En el pasado, la Bahía de la Misión era en realidad una bahía, así que también pudo haber habido playas históricas u otro tipo de suelos blandos que la rodean y que en la actualidad son parte del norte de la Misión”, dijo Michael Smith, coordinador de GIS para ABAG.

Las áreas en donde el suelo solía nivelar la topografía desigual y el nivel acuífero es alto, puede también ser susceptible a la licuefacción.

Mientras más cerca esté la gente a la frontera entre dos zonas, dijo Smith, “mayor es la probabilidad de caer en una de las zonas, y como resultado es más importante que consulten con un profesional para evaluar el sitio antes de tomar alguna decisión importante”.

Los propietarios no se ven obligados a informarle a sus inquilinos del posible peligro por terremoto, dijo McCrink.

Los propietarios de edificios construidos antes de 1989 —la mayor parte de los edificios en la Misión, a excepción de los condominio más nuevos— sólo están obligados a dar a conocer los peligros por licuefacción o desprendimiento de tierras a los compradores. Esto está en cumplimiento con la Ley de Zonificación de Peligro Sísmico de la CGS, la cual entró en vigor después del terremoto de 1989.

Los contratistas que desean construir en una zona de alto peligro de licuefacción deben contratar a un ingeniero para ayudar a mitigar el desastre al solidificar el suelo o cimiento.

“No obstante, esto es un proceso increíblemente caro, y es retroactivo porque no es rentable para un edificio”, dijo Hutchings.

Es más fácil reforzar un edificio en contra del desastre por licuefacción cuando se está construyendo en lugar de cuando se termina de construir, agregó.

Lo más que pueden hacer los inquilinos para prepararse para un terremoto, dijo Hutchings, es preparar botiquines de emergencia, saber dónde reubicarse y tener suficiente agua, comida y suministros —para por lo menos una semana.

Para recursos, botiquines de suministro y más mapas visite los sitios web de USGS, CGS y ABAG