Casi todos los jueves a las 8 a.m. después de que su esposo lleva a su hija a la escuela, Zsuzsanna Legradi deja su departamento en las calles 18 y Guerrero para ir a comprar víveres.

Del otro lado de la calle, Tartine Bakery está lleno de gente que bebe café y come cuernitos sabrosos de desayuno. Legradi, su esposo Tom Stolmar y su hija de 12 años de edad viven en la calle 18, a tan sólo pasos de algunos de los restaurantes más populares de la Misión y el súper Bi-Rite; no obstante, no pueden costear ninguno de estos lugares.

A medida de que el barrio se convirtió en un lugar de destino gastronómico en la época de los 90 y los precios de comida y bienes raíces estallaron, la pareja perdió sus trabajos y hoy día a duras penas y les alcanza para vivir. La familia de Legradi depende de la distribución gratuita de víveres del banco de comida.

Su historia no es única. La media de ingreso por hogar en el 61.5 por ciento de las áreas en donde se realizó el censo en el Distrito de la Misión es menor a $71,304 dólares al año —la media del ingreso en la ciudad. La media de ingreso a nivel nacional es de $51,914, de acuerdo con los documentos del censo.

Para la familia de Legradi, la vida en la ciudad es bastante diferente a la de aquéllos que tienen dinero que derrochar. Con un carrito para víveres a la mano, Legradi camina por la calle 18 y pasa el restaurante Farina. Está lloviendo, pero no parece importarle a Legradi ya que puede significar que las colas no sean tan largas en el banco de comida.

Legradi pasa caminando por los nuevos restaurantes y locales en la calle Valencia y se hace camino hacia Arriba Juntos en las calles Misión y 15 para formarse en la fila.

En un mes típico, la familia gana un poco más de $2,000.

En San Francisco se considera que el 11.9 por ciento de los residentes viven por debajo del nivel de pobreza, lo que significa que ganan menos de $22.113; a nivel nacional, el porcentaje es de 13.8.

“Vivimos mes con mes”, dijo Legradi al revisar las cuentas del mes de febrero: $2,072 en ingresos menos $2,068 en gastos. Eso significa que una vez que han pagado todo —con todo y la renta de $1,400 al mes— la familia se queda con sólo $4 dólares.

No siempre fue así.

Stolmar, de 50 años de edad, es un carpintero capacitado, y Legradi, de 44 años de edad, es una cocinera convertida en jardinera. Ambos tuvieron trabajo constante hasta 2008. Poco después, los préstamos dejaron de llegar a la compañía de construcción para la que trabajaban y el dueño tuvo que despedirlos.

Los dos eran contratistas y no calificaban para obtener beneficios de desempleo, por lo que dependían de sus ahorros

Stolmar había estado trabajando en una novela desde hacía ya varios años cuando perdió su trabajo. Stolmar decidió usar su tiempo libre para terminar la novela y buscar un trabajo. No obstante, sus ahorros disminuyeron y después de un rato no podía concentrarse más en escribir.

Obtener un nuevo trabajo se convirtió en algo crucial, pero no fue fácil.

Aunque acepta trabajos de reparación, Stolmar apenas y trabaja. Cuando sí trabaja, es un recordatorio de su propia situación: en la construcción, uno trabaja entre el dinero, dijo Stolmar. “Uno construye [casas] y uno es bueno haciéndolo, pero nunca podría comprar una”.

No obstante, Stolmar ha usado sus habilidades para mejorar el departamento que rentan —ha lijado y barnizado los pisos de madera y ha pintado las paredes y renovado el baño.

Por su parte, Legradi ha comenzado un negocio de jardinería y ha construido una constante red de clientes. No paga lo suficiente, pero hasta ahora se las han arreglado para mantener su departamento de dos recámaras.

La pareja, que ha estado junta desde hace 21 años, se mudó a su departamento de la calle 18 en 1997. En ese entonces, solían tener compañeros de piso y compartían la renta de $1,200 al mes que el control arrendatario mantenía a $1,400 al mes. Hace poco, un departamento parecido en el edificio se rentó por $3,500.

La pareja ha aprendido a tomar trabajos en distintos lugares para hacer que el dinero les rinda. Legradi hornea galletas para venderlas los fines de semana, cuando el clima se lo permite.

“Nos llaman el otro Tartine”, dijo en broma Stolmar y explicó que se instalan enfrente de la popular panadería.

Legradi y Stolmar también recogen muebles que la gente deja en la calle. “Él arregla muebles, yo hago galletas y Sophie las vende”, dijo Legradi en referencia a su hija Sophia.

A menudo, Legradi deja que su hija invite a una amiga y les da un poco de dinero en lugar de una mesada. Lo que sea que ganen es para la renta. Con las ventas de los productos horneados, la jardinería y los trabajos que de repente tienen han podido salir adelante. La tercera semana del mes es la más estresante porque es cuando se preguntan si todos los pagos que esperan llegarán a tiempo para poder pagar la renta. Después de pagar la renta en febrero, les quedaban $4.00 en el banco.

La familia se dio cuenta que la comida es el gasto más fácil de disminuir, dijo Legradi mientras estaba formada en la fila del banco de comida hace poco en un jueves.

Incluso cuando la fila es corta, la gente intenta meterse en la cola para asegurarse de que les den comida.

En efecto, mientras esperábamos, dos personas se acercaron a Legradi e intentaron decirle a la gente atrás de ella que venían juntos. Ella sonríe y le dice a la demás gente en la fila que no es así, el hombre no es su esposo y ella tampoco conoce a la mujer que viene con él. Es amable, pero firme.

Algunas veces, Legradi espera en la fila hasta dos horas sólo para darse cuenta que ya no quedaba más comida.

Esta vez, en poco menos de una hora se ha hecho camino a las mesas llenas de productos alimenticios y productos textiles.

Legradi abre su bolsa reusable de compras cuando los voluntarios le dan tres bonches de brócoli, una lata grande de duraznos, seis latas de jitomates cortados, 12 papas, una charola de yogur de limón y dos hogazas de pan Acme.

Lo que más le agrada es el pan porque sabe que a su familia le gusta. “Está un poco duro, pero me he dado cuenta que si uno lo rebana y lo congela entonces al tostarlo antes de comerlo sabe bueno”, dijo.

El voluntario le da un tallo de apio y le pregunta si quiere otro. Amablemente le contesta que no porque no quiere que se desperdicie.

Legradi es una de las aproximadamente 1,000 personas que recibe comida gratuita cada mes del banco de comida.

Legradi es originaria de un suburbio de Budapest, Hungría y asistió a la escuela culinaria y aprendió a cocinar platillos tradicionales húngaros. Ya ha aprendido a cocinar con ingredientes que obtiene en el banco de comida —cosas como sopa agridulce, rollos primavera con col y zanahorias.

Algunas veces consigue avena y harina —ingredientes que ha usado para hacer galletas para la venta de panecillos.

La comida que obtiene en el banco de comida representa alrededor de un cuarto de la cuenta mensual de comida que su familia percibe.

Hace cinco años, solicitó estampillas de comida pero le dijeron que el ingreso de su hogar era muy alto.

De acuerdo con CalFresh, el programa que reparte estampillas de comida en San Francisco, el ingreso máximo para que una familia de tres califique debe ser de $2,008 al mes o $24,096 al año. Aunque su familia ganó menos que eso en marzo, Legradi declaró que debido a que su ingreso fluctúa, no cree que puedan calificar.

Al principio se preocupaba de que la gente la viera en el banco de comida, pero prefiere ahorrar dinero a preocuparse por lo que la gente piense. A Stolmar no le gusta venir, y algunas veces eso hace que ella se enoje.

Cuando las bolsas de Legradi están llenas, camina hacia la avenida Julian, en donde la gente ha decidido dejar algunos víveres porque no los quieren: tallos de apio y contenedores de yogur que dejan en el piso para que otras personas se los lleven.

Después de agarrar la comida, a menudo la gente intercambia artículos justo afuera de Arriba Juntos, dijo.

Ya ha dejado de llover y Legradi opina estar feliz de que su esposo esté trabajando, incluso aunque sea sólo brevemente. La lluvia ha alentado su trabajo.

“Si Tom no estuviera trabajando ahorita, estaría muy nerviosa”, dijo.

Legradi sabe exactamente cuánto tiene en su cuenta bancaria a todo momento. En este momento, a algunos días después de la mitad del mes le quedan $99 dólares.