El reciente resurgimiento de la prostitución en la calle Capp hizo que llegaran docenas de personas a la reunión de la policía para la comunidad que se hace cada mes y que desencadenó una larga conversación enfrente del Capitán Robert Moser.
Algunos residentes presentes en la reunión se quejaron por el ruido y los condones usados que encuentran en la calle y pidieron que haya un aumento de presencia policial; otros residentes y defensores de trabajadoras sexuales argumentaron que detener a las prostitutas no es la solución. La mayoría acordó que se necesita realizar una debate para disipar las tensiones entre los residentes y las trabajadoras sexuales.
Gregory Dicum, quien hace poco habló con Mission Loc@l sobre el aumento en la prostitución en las calles 20 y Capp, presentó ante Moser una carta y una petición con 215 firmas el martes pasado para exigir que haya más patrullas policiales en el área.
“¿Cuántos condones tengo que recoger en los escalones en la mañana?”, preguntó Dicum.
La solución es que haya más patrullas, dijo Dicum.
Algunos residentes, como Monique Moro, quien ha vivido en las calles 20 y Capp desde hace 45 años, estuvo de acuerdo.
“Nunca antes había estado tan mal como ahora”, dijo Moro. “Ya nunca duermo entre las dos y cuatro de la madrugada”. Moro explicó que su recámara está justo encima de la esquina en donde las prostitutas ejercen y sus clientes pasan manejando por la noche.
Las tensiones entre los residentes y las prostitutas no es algo nuevo. El área es conocida desde hace tiempo por ser el lugar propenso a prostitución en el barrio. No obstante, no fue sino hasta el reciente resurgimiento en los últimos meses que la prostitución estaba en declive.
Cuando el excapitán Greg Corrales presidía en la estación a finales de 2009, Moro asistió a una reunión de la comunidad para contarle del problema, precisó. Corrales aumentó el número de patrullas, lo que resultó en menos prostitutas en la cuadra.
Hoy día que hay menos agentes patrullando el área, han regresado, dijo.
“No creo que vayan a poder manejarlo si no lo atacan ahora”, le dijo Moro a Moser.
“Hemos realizado 80 arrestos este año”, dijo Moser en referencia a los arrestos hechos en la calle Capp. “Quiero duplicar eso”.
Otros están en desacuerdo con que el aumento en la vigilancia resuelva el problema.
“¿A quién detienen?”, preguntó una persona del público. “¿A las prostitutas, a los chulos o a los clientes?”
Dichos términos son parte del problema, contestaron algunos en el público.
En una carta dirigida a Moser, leyó Dicum, “encontramos inaceptable que todas las noches nos despertemos con los gritos de las putas, que estemos en peligro de la imprudente manera en que los clientes y asociados manejan, que tengamos que pisar condones usados en la mañana al salir con nuestros hijos, y que nos sintamos amenazados cuando caminamos a casa por la noche”.
“¿Podría no llamarlas putas?” pidió un residente entre el público.
El ver condones usados en la calle debería hacerle pensar “qué bien, la gente practica sexo seguro”, dijo una mujer en el público.
Usar términos como “puta” para describir a las trabajadoras sexuales es condescendiente, declararon los representantes del Programa de Difusión para Trabajadoras Sexuales. Si está tratando de tener un debate para lidiar con problemas como el ruido y la basura, dijeron, el primer paso es mostrar respeto.
“Considero que las trabajadoras sexuales son mis vecinas”, dijo Stephany Ashley, directora de programas en St. James Infirmary, una organización que brinda servicios sociales y cuidado médico a trabajadoras sexuales y artistas de la industria para adultos.
“Cuando arrestan a una trabajadora sexual, ¿qué se hace con su oportunidad de obtener otro trabajo en el futuro?”, preguntó Ashley.
“Quiero que duerma en mi departamento para que vea cómo es”, dijo Moro. “Esta es la primera vez que me quiero mudar”, dijo y agregó que el ruido hace que su vida sea “literalmente inhabitable”.
“Me daría gusto quedarme en su casa si me deja”, dijo Starchild, una trabajadora sexual que a menudo trabaja en los hogares de sus clientes.
La despenalización significa que menos personas tendrán que trabajar en la calle, agregó Starchild.
Dicum y otros residentes estuvieron de acuerdo.
“Tan sólo la presencia uniformada sería buena, serían como un espantapájaros”, dijo Dicum.
“Me encantaría que hubiera un policía en cada esquina, pero desafortunadamente no se puede”, dijo Moser y agregó que los recortes presupuestales significan que hay menos agentes con los cuales trabajar.
“No tengo nada personal en su contra”, dijo Moro. “Es triste. ¿Quién dice ‘cuando sea grande quiero ser una prostituta’?”
“No creo que nadie escoja ser prostituta”, dijo otro residente.
Algunas personas en el público, incluyendo la trabajadora sexual Kitty Stryker, estuvieron en desacuerdo al decir que han escogido dicha profesión.
Una exempleada de mercadotecnia para Nike decidió convertirse en trabajadora sexual, y a menudo trabaja con clientes que tienen discapacidades como síndrome de Asperger. Su trabajo le permite ayudar a la gente, explicó.
“Esto es un diálogo municipal”, dijo Moser y agregó que la conversación debía llegar a su final porque la reunión ya se había prolongado más de lo planeado.
Aunque hay menos agentes patrullando el área, dijo Moser, las operaciones en cubierto continúan y los agentes de civil andan por las calles. Hay que ser creativo con los recursos que hay y que han quedado a causa de recortes presupuestales, dijo.
“Tendremos que hacer lo que podemos con lo que tenemos”, dijo.

