Hace poco en un fin de semana, el gimnasio de la Preparatoria John O’Connell estuvo lleno de alumnos y sus familiares para un evento que se ha convertido en un esfuerzo de recaudación de fondos realizado cada dos años y orquestado por Roberto Gamiño, director de deportes en John O’Connell, y Gabriel Ramírez, promotor de Pro-Wrestling Revolution.
La lucha libre tiene raíces parecidas a los espectáculos de la antigua Roma, Tenochtitlán y Japón. A los humanos les gustaba entonces pelear, y observar puede ser muy emocionante. Para el público presente en John O’Connell eso estuvo claro al expresar su amor y odio por los atletas parecidos a superhéroes.
Los combates pueden ser tanto inspiradores como decepcionantes, y un espectador siempre sabe cuando se ha llegado al punto en el que no hay vuelta atrás. Para participar como espectador, uno tiene que aceptar la ficción que un luchador y su máscara ofrecen.
La televisión propagó la imagen del luchador en los 50, y los luchadores comenzaron a establecerse como dinastías. Algunos de los más famosos son El Santo, El Hijo del Santo, Blue Demon, el Hijo de Blue Demon, Dr. Wagner, El Hijo de Dr. Wagner, Dr Wagner Jr., y Dr. Wagner III. Bueno, esa es la idea.
La lucha libre es auténtica, o tan auténtica como mis recuerdos de haber viso a los luchadores con sus máscaras por las calles de la ciudad de México. La identidad de un luchador es sagrada; una vez que se quita su máscara no le queda más que su cara. Y eso sólo sucede cuando otro luchador le arranca su máscara.
Tradicionalmente, los luchadores se dividen entre aquellos que siguen las reglas (técnicos) y aquellos que no (rudos). La lucha en John O’Connell es más bien una mezcla, en donde la lucha auténtica estadounidense y la lucha mexicana coexisten para dar como resultado combates como el de Kafú contra el Border Patrol.
¿Qué podría ser mejor que cantar el himno estilo Tarzán ‘hoo hoo hoo’, con Kafú y la multitud mientras que al mismo tiempo se recauda dinero para los alumnos?
Es un evento que no se debería perder la próxima vez.
-Andrea Valencia


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