Paula Ginsburg toma un trago de su copa de vino tinto y observa el mar desde su mesa en el Beach Chalet a la orilla del Parque Golden Gate.
“No veo ni una pizca de basura”, dijo.
Ginsburg, una profesora jubilada de la Secundaria Everett, se ha tomado un descanso del Distrito de la Misión para reflexionar en su último proyecto. Con el paso de los años, Ginsburg ha trabajado con casi 1,000 alumnos en un esfuerzo por aumentar la concientización ambiental y para evitar que se tire basura en la Misión. Por un momento, se detiene y considera la cruda diferencia entre las calles de la Misión y su entorno actual. Tal vez la presión social sea la respuesta. Quién quisiera ser el primero en tirar el primer pedazo de basura en un entorno prístino como este, preguntó.
“La gente cree que la Misión es el pináculo de la basura en la ciudad”, dijo. “Hay tantas razones por las que la gente tira basura”.
En un artículo anterior, Mission Local informó que en 2008, el entonces alcalde Gavin Newsom eliminó 326 de los 5,000 botes de basura en las aceras de la ciudad y los almacenó para contrarrestar problemas relacionados con el tirar basura de manera ilegal. No obstante, se eliminaron muchos basureros más; Gloria Chan, vocera del Departamento de Obras Públicas (DPW), calcula que hay alrededor de 3,000 basureros públicos.
Aunque es fácil culpar la basura en la Misión a la poca cantidad de basureros —las calles comerciales tienen menos basureros que Noe Valley y Pacific Heights— la mayor parte de los expertos está de acuerdo en que las soluciones a los problemas persistentes de basura tiene que ver con más que tan sólo agregar botes de basura o instalar pancartas de anuncios sobre el servicio público en estaciones de BART.
Un residente de la Misión cree que el debate debe volver a plantearse en relación al comportamiento en lugar de hacerlo en relación al número de receptáculos para basura.
“La gente no se abstiene de estacionar en un lugar de manera ilegal porque saben que está mal; se abstienen porque saben que… hay una alta probabilidad de que los multen”, dijo Gideon Kramer. “La imposición creíble sí cambia el comportamiento, sin importar cuánto se ofenda la gente”.
Además, Kramer argumenta que tirar basura puede influir en la forma en que la gente se relaciona con sus comunidades, y que tiene una consecuencia mayor en las comunidades de lo que tienen las sencillas preocupaciones estéticas.
“Uno la ignora [la basura] y manda un mensaje en silencio de que está bien… que sigan haciéndolo”, dijo. “Es tan verdadero con tirar basura como lo es con el graffiti, el vandalismo y otros delitos menores”.
Entonces, ¿por qué la gente tira basura en primer lugar? Rob Wallace, vocero para la campaña Keep America Beautiful, nombra tres factores principales que motivan a la gente a tirar basura: la falta de un vínculo personal con la comunidad, problemas de infraestructura como la falta de receptáculos públicos, y la falsa percepción de que alguien más limpiará la basura.
El tercer factor coloca a la organización de Wallace en una posición interesante: sus afiliados organizan limpiezas comunitarias. El factor más grande al motivar a la gente a que no tire basura es la presión social, dijo Wallace: si la norma social es usar un receptáculo, los individuos son mucho menos propensos en tirar basura a la calle o en la acera.
La solución final a la interrogante de tirar basura es la educación, la cual varía con la población y el tipo de población que es. No obstante, educar es un paso muy importante. Antes del kindergarten no significa que sea muy temprano para comenzar a esparcir el mensaje sobre la basura, dijo Wallace. El número más grande de la gente que tira basura se encuentra en el rango de edades entre 18 y 35, el cual inspiró a su organización a que comenzara un diálogo que hiciera uso del humor y un mensaje más accesible a un público joven.
Keep Britain Tidy, una organización medio ambiental que dirige una campaña para evitar que se tire basura en Gran Bretaña, condujo un estudio en semiótica para menores y formuló campañas sustentables de medios de comunicación que incorporan mensajes de acuerdo a la edad, incluso contrataron a un sociólogo para que aprender más sobre los valores de los adolescentes y su cultura. Uno de los principales descubrimientos del grupo fue que los adolescentes creen que el individuo es mucho más importante que las consecuencias de sus acciones. Las campañas que fueron producto de esto fueron atrevidas y abiertas; además, tuvieron un resultado de una disminución general al tirar basura al 8 por ciento.
Ginsburg, quien trabaja con los alumnos de la Secundaria Everett, opina que el programa académico de las escuelas de San Francisco necesitan un trabajo práctico medioambiental como complemento. Los alumnos de Everett construyeron un jardín escolar y han participado en excursiones de promoción de la comunidad.
Los jóvenes de la Misión no notan su medio ambiente y esto conlleva a una mala toma de decisión, precisó Ginsburg. Su estrategia, descrita en su libro One Simple Thing, es diseñar y distribuir pancartas que digan “las servilletas vienen de los árboles, toma sólo las que necesites”.
“El meollo del problema es el sobreconsumo”, dijo.
No obstante, reconoció que repartir pancartas no es suficiente. Para realmente cambiar la forma en que los residentes de la Misión piensan sobre la basura, la ciudad necesita intervenir. Las multas por tirar basura son una solución. La multa por tirar basura en San Francisco es de alrededor de $225 dólares, según el agente Steven Keith de la Estación de Policía de la Misión.
“Hay una ley antibasura, pero me he sentido tan frustrada con dicha ley con el paso de los años”, dijo Ginsburg. “Nunca se ha implementado”.
Ginsburg y Kramer concuerdan en que para cambiar el comportamiento, los residentes necesitan estar concientes de las posibles consecuencias. Pero, ¿hay alguna verdadera consecuencia?
En términos de prioridad, el tirar la basura “recae en donde la mayor parte de la gente espera que recaiga”, dijo el Capitán Greg Corrales de la Estación Misión. “No estamos al pendiente de la gente que está tirando basura cuando estamos tratando de evitar la violencia de pandillas”.
Aunque Corrales puede no tener los recursos para detener a cualquiera que tire una colilla de cigarro en la alcantarilla, reconoce que existe una relación entre la basura y la delincuencia.
“Obviamente, un barrio gastado atrae a la delincuencia”, dijo. “Pero no creo que ese sea el caso en muchas áreas de la Misión”.
Los parques estatales de Maryland han tomado un acercamiento parecido al de San Francisco: eliminaron todos los botes de basura, y desde 1993 han distribuido bolsas de basura biodegradables para que los visitantes empaquen su propio desperdicio.
Aunque los visitantes del parque pueden tener una actitud diferente en la administración ambiental a la que tienen los habitantes de la ciudad, Chris Bushman, superintendente auxiliar del Servicio de Parques de Maryland, cree que el sistema también podría funcionar en ciudades.
“Hay que inculcar un sentido de administración individual en el que todos seamos responsables por mantener los parques limpios”, dijo Bushman.
Todos los parques estatales de Maryland han visto una mejora con el sistema de bolsas biodegradables, dijo Bushman, lo cual precisa un promedio del 80 al 90 por ciento en el índice de cumplimiento.
Otros creen que la proximidad a los botes de basura ayuda a no incitar el tirar basura. De acuerdo con la campaña Keep America Beautiful, tirar basura a menudo sucede a por lo menos 29 pies de un receptáculo de basura. Desafortunadamente, la métrica que compara la limpieza con el éxito en disminución de basura entre centros urbanos son difíciles de obtener.
En San Francisco existen aproximadamente 3,000 botes de basura, o alrededor de un bote de basura por cada 268 residentes. Actualmente, Boston tiene un bote de basura —que mantiene la ciudad— por cada 411 residentes; la ciudad de Nueva York tiene un bote de basura por cada 320 personas; y Washington DC tiene un receptáculo público por cada 128 personas.
Cada establecimiento y hogar en San Francisco se ve obligado conforme a la ley a tener una cuenta de servicio de basura, según Chan del Departamento de Obras Públicas (DPW). DPW, el cual conduce caminatas de concientización por corredores municipales muy ocupados como en la calle Misión y César Chávez, ha concluido que los negocios y los residentes que no tienen una cuenta de servicio de basura han estado tirando de manera ilegal su basura que se desborda de los receptáculos públicos en las aceras.
Otra pieza en la infraestructura es Recology, la compañía de servicio de deshecho, composta, reciclaje y colecta de basura de San Francisco. A menudo, Recology recoge la basura residencial una vez a la semana, pero las cuentas comerciales deciden qué tan a menudo les gustaría que recojan su basura. La basura de la mayor parte de los receptáculos públicos de desperdicio se colecta dos veces al día. En el área del centro de la ocupada ciudad de Boston, los 400 botes de basura se vacían tres veces al día para solventar el desborde.
En 2009, un estudio comisionado por la Ciudad de San Francisco encontró que el vidrio, productos de tabaco, papel, plástico rígido y envolturas de dulces componen la mayor parte de la basura en la calle. La ciudad impuso un cargo de 20 centavos por paquete de cigarrillos en 2009 para equilibrar el cálculo por limpieza que se gasta anualmente —$7,487,916— en productos de tabaco. (El estudio, publicado en 2009, fue conducido por el grupo Health Economics Consulting Group para el Departamento del Medioambiente de San Francisco.)
Los filtros de cigarrillos usados proponen graves riesgos medioambientales de venenos atrapados como arsénico, cadmio y tolueno, según la Dra. Elizabeth Smith, profesora adjunta en la Universidad de California en San Francisco. En un ensayo de 2010 titulado “Whose Butt Is It?”, Smith establece que hasta el momento no hay ningún programa que prevenga exitosamente o mitigue el problema de contaminación por colillas de cigarros, y que “las colillas de cigarrillos se encuentran todo el tiempo como el único artículo recabado en limpieza de playas y encuestas sobre basura”.
Al hacer uso de la investigación hecha por compañías tabacaleras como RJ Reynolds, Smith hizo notar que los fumadores tienen una variedad de razones por las cuales tiran basura, desde un ritual desafiante a la necesidad que hay cuando no hay un receptáculo cercano, incluyendo la culpa y ansiedad por deshacerse de la evidencia inmediatamente.
“Más botes no ayudarán”, dijo Smith en una entrevista telefónica con Mission Loc@l. En lugar de eso, propuso que la industria tabacalera se libre de los filtros.
En lugar de esperar a que la ciudad limpie después de los residentes o que las compañías tabacaleras cambien su producto, 20 propietarios de negocios en la cuadra 2500 de la calle Misión han tomado el asunto en sus propias manos. En 2005, establecieron un distrito de mejora a negocios (BID), y han estado pagando impuestos más altos desde entonces. Cada negocio o dueño de propiedad en la cuadra paga $60 dólares por pie lineal del espacio en el escaparate. La ganancia adicional ayuda a pagar por una variedad de servicios, como las cámaras de vigilancia, limpieza semanal y la eliminación de graffiti.
“El BID ofrece un oasis seguro, limpio y ecológico en el interior de la Misión”, dijo Phil Lesser, quien ayudó a renovar el BID “de la Milla Milagrosa de la Misión” el año pasado. “La cuadra 2500 se ve mucho más limpia que las cuadras 2600 y 2400”, agregó.
La cuadra 2500 sigue siendo el único BID en el Distrito de la Misión. Gideon Kramer, quien jugó un papel decisivo en su creación en 2005, no cree que todas las cuadras de la Misión estén listas para adoptar dicho modelo.
“El Distrito de la Misión tiene muchos propietarios de negocios que no se ven afectados en gran medida por la basura”, dijo.
En contraste, los distritos vecinos como Castro y Noe Valley han organizado múltiples BIDs.
“La verdad es que depende de la comunidad”, dijo Chan del DPW.
James Nunemacher de Vanguard Realty, otro miembro de la cuadra 2500 BID, citó el constante flujo de gente que viene del BART como un reto en mantener el área limpia. No obstante, siguió esperanzado del éxito de BID, y opinó que están en el camino apropiado para crecer y hacerlo en toda la calle.
“Vi una diferencia inmediata, desde el primer día”, dijo Nunemacher, quien está feliz con los resultados del impuesto auto-obligado. “La gente lo nota. Estamos dando un ejemplo que se auto-perpetuará”.

