Los comerciantes de la Misión se dividieron el miércoles para protestar sobre la situación económica en la huelga general de Oakland.
“Están cometiendo un error allá”, dijo Ferris Oran, empleado en Pagertown en la calle Misión. Una huelga, dijo, es mala para la economía: “no podemos cerrar ni siquiera por una hora”.
Tony Montero de TravelNet Vacations, en el 2515 de la calle Misión, estuvo de acuerdo. “¿Por qué cerrar? Creo que es una pérdida de tiempo”, dijo. La gente simplemente no tiene nada mejor que hacer, dijo.
Otros, como Chris Saoud, empleado en Valencia Whole Foods, aprecia la idea de una huelga: “si los negocios locales de aquí lo hicieran, los apoyaría”, dijo. “Es una gran causa; es maravilloso”.
No obstante, incluso Saoud reconoció que “nadie va a pagar nuestras cuentas”.
Uno de sus clientes, una mujer amigable que vestía un suéter rosa brillante y quien trabaja como chef privado para un residente de la Misión, dijo que le molestaría si los locales cierran.
Saoud asintió con la cabeza e hizo un gesto como diciendo: ¿ve?, quieren que estemos abiertos.
Ella reconoció que sería una pequeña inconveniencia tener que manejar a otro lado de la ciudad, pero incluso así, dijo, “me molestaría”.
John Ng de Vimy Electronics, en el 2250 de la calle Misión dijo que consideraría la huelga si la economía estuviera mejor y si su supervivencia no dependiera tanto del ingreso que recibe a diario. Este año, dijo, cerraría el local si las protestas fueran en la calle Misión, pero sólo para protegerse del vandalismo.
Nadie pareció pensar que la huelga general marcaría una gran diferencia para el 99 por ciento. “No sé”, dijo Saoud, “en estos días, nadie parece escuchar”.
El hecho de que nadie escuche es la razón por la que Ramón Gonzáles de Angie’s Jewelry opinó que una huelga tiene sentido. Desde su punto de vista, detrás del mostrador, ve la desesperación: “la gente vende su oro porque están perdiendo sus casas. La gente está vendiendo todo”.
Sería bueno cerrar la Misión entera sólo por un día, dijo. “Así el gobierno sabe que no está bien con la gente”, dijo en referencia a la desigualdad económica.
Otros comerciantes simpatizaron con el mensaje de Oakland pero no estuvieron de acuerdo con las tácticas. “Entiendo lo que pasa; entiendo la frustración”, dijo Carlos Corujo del local de bicicletas Freewheel Bike Shop sobre la calle Valencia. No obstante, en lugar de una huelga general, propuso que haya “un día sin usar tarjetas bancarias”, para protestar el poder de la industria bancaria.
John Wolfe, empleado en Dog Eared Books, cree que hacer huelga en San Francisco suena “padre y sofisticado”, pero no está seguro de qué tan práctico sea.
No cabe duda de que es una idea noble, dijo, pero “uno no quiere ser el primero ni el último”. Sin embargo, le encantaría participar si suficientes comerciantes de la Misión también lo hicieran.

