Cada tarde hay galletas, sándwiches y ensaladas que los vecinos y visitantes pasan a comprar en Tony’s Market, en las calles 24 y Hampshire, o para recoger su almuerzo de Pal’s Takeaway, el cual está en el interior del local.

Hace tan sólo algunas semanas, lo que más vendió Kassa Mehari, propietario del local, fue alcohol. Sin embargo, hace tres años cuando la calle estaba cambiando, Mehari decidió que era hora de que el local también cambiara. Mehari comenzó a comprar nuevos productos y agregó el servicio de sándwiches para llevar. El pasado mes de febrero, dejó que la luz entrara al local al haber añadido ventanas que son casi de piso a techo.

Ahora “la gente viene todo el día”, dijo mientras estaba sentado en un lugar en donde puede ver claramente todo lo que pasa en la calle 24.

El área “es más segura que antes”, dijo; es por eso que se sintió bien al abrir el espacio cerrado. No obstante, los ventanales también le permiten a la gente ver desde el exterior, lo cual hace que el local se vea menos peligroso para los clientes. Y estos días hay muchos más vecinos en su local.

La mejora en las tienditas a medida de que el barrio cambia no es un fenómeno al azar, según urbanistas. Las mejoras a las tienditas pueden ser algo crítico en un barrio que está cambiando así como hacer que las comunidades se comprometan, según han mostrado varias encuestas, incluyendo una realizada por grupos de Alfabetización para Política y Derecho de Salubridad y Justicia Medio Ambiental.

El informe concluye que las “tienditas” tienen un énfasis en el alcohol y el tabaco que a menudo se convierten en un imán de la basura, gente que pasa su tiempo afuera de las tienditas, uso de drogas y prostitución”.

“En realidad es un reto promover la seguridad en un barrio en el que hay muchas licorerías”, precisó Heather Wooten, urbanista superior en Política y Derecho de Salubridad, en una entrevista telefónica. “Las reglas del juego son que uno puede ganar dinero vendiendo cosas que no son buenas para la comunidad”.

“El estado regula las licencias para la venta de alcohol y es un proceso muy lento”, agregó; “uno no se puede librar de ellas de un día para el otro”.

Eso quiere decir que los cambios que los comerciantes hacen por su propia cuenta pueden ser críticos.

“Se sorprendería de qué tan rápido puede ser la mejoría”, dijo James Johnson-Piett, director y CEO de Urbane Development, una compañía que trabaja con comunidades en necesidad.

Sobre la calle 24, los vecinos estaban indecisos sobre el desarrollo. Para María Frías, los varios mercados de frutas y verduras significan que el acceso a la comida saludable no es un problema. La seguridad sí lo es. “No creo que haya cambiado mucho”, dijo ella, pero agregó que la llegada de locales en propiedad de anglosajones hace que el área sea más segura. “Es mejor tenerlos en las esquinas en lugar de que estén en pandillas”, señaló.

Otra mujer que se negó a ser identificada, pero se describió como “una vecina preocupada” dudó que los cambios como la instalación de ventanales puedan tener alguna consecuencia en el barrio. Sin embargo, opinó que la apertura de cafeterías tiene una influencia positiva. Las licorerías en cada esquina no están cerca de desaparecer, precisó. “A la gente le gusta disfrutar”.

Johnson-Piett declaró que dichos cambios como el que Mehari hizo en las calles Hampshire y 24 van más allá de tan sólo ofrecer una selección más amplia de productos más saludables, ya que también “tienen una consecuencia positiva en la comunidad”.

“Si el lugar es dinámico, si hay niños en el área, cambia el medio ambiente”, dijo. Además, el cambio de una sola tiendita actúa como catalizador y alienta a que otros propietarios de locales hagan mejoras.

“Si los cambios se hacen paso a paso, su influencia será paso a paso”, dijo; “las cosas que marcan una diferencia no tienen que ser grandes”.

Algunos ejemplos de esto son “tener un piso limpio y rechinando. Eso no toma mucho esfuerzo”. Comprar opciones más saludables e incluso “organizar el local un poco mejor, puede marcar una diferencia”.

Los expropietarios de la licorería sobre las calles Bartlett y 24, cerca de la biblioteca pública de la Misión y la secundaria Buena Vista Horace Mann, limpiaron el espacio y pusieron una nueva marquesina hace un año antes de haber transferido el local a los propietarios actuales este verano.

Las marcadas aunque pequeñas diferencias, hacen que “ahora se vea más cordial”, dijo Phil Lesser, presidente interino de la Asociación de Comerciantes de la Misión. “Antes de la remodelación, parecía que había graffiti y gente que pasaba su tiempo afuera casi todo el día”.

Susan Malak también experimentó una diferencia cuando ella y su familia decidieron cambiar la licorería de la que son propietarios en el 896 de la calle Valencia hace tan solo algunos meses.

No obstante, no lo hicieron con una selección de productos más saludables. Sigue siendo una licorería, pero el enrejado se reemplazó con grandes ventanales que ahora muestran una selección más sofisticada de botellas. “La gente ya no quiere alcohol barato”, dijo Malak. Además, pintaron y limpiaron las paredes.

“Estoy tan feliz”, dijo ella con orgullo, “los vecinos mayores apreciaron que hayamos hecho esto. Ya está mucho mejor”.

Estas mejorías puede que no sean las últimas: están pensando en abrir un deli en el local, así como lo hicieron hace cinco años en la esquina de las calles Guerrero y 19. “Los clientes nos piden que lo hagamos”, dijo Malak. Sin embargo, tendrá que ser paso a paso.

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Andrea hails from Mexico City and lives in the Mission where she works as a community interpreter. She has been involved with Mission Local since 2009 working as a translator and reporter.

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