A medida de que la crisis avanza, las filas para obtener despensas de alimentos en el Distrito de la Misión se hacen cada vez más largas.

“La fila ya llega hasta dos cuadras, antes era mucho menos”, dijo Victoria Dávila, de 59, mientras esperaba enfrente de Arriba Juntos cerca de las calles 15 y Misión a la espera de entrega de carne, verdura y jugo frescos.

“La gente tiene que llegar a las 5 a.m., para agarrar un buen lugar”, dijo Dávila.

Alrededor de 46.2 millones de estadounidenses, o uno de cada seis, vivió en pobreza en 2010. Dicha cifra es la más alta antes registrada en la historia de 52 años del censo en Estados Unidos.

Inicialmente, el Edificio de Mujeres en el 3543 de la calle 18 estaba equipado para dar alimentos a 85 familias cada semana. Dicha cifra aumentó este año a 170 familias, dijo Tatjana Loh, directora de desarrollo del edificio.

Nayeli Gonzáles, madre de tres que ha vivido en la Misión durante 10 años, empezó a ir al Edificio de Mujeres hace tres años cuando su esposo fue deportado a El Salvador.

“La mayor parte de las mujeres que vienen a las despensas alimenticias son madres solteras”, precisó.

El Banco de Alimentos de San Francisco ha asistido a 70% más gente este año que al principio de la crisis en 2008, según Stacy Newman, directora de medios de comunicación para el banco de alimentos.

El Banco de Alimentos asiste a un promedio de 4,380 hogares de bajos ingresos cada semana a través de 37 despensas alimenticias, precisó Newman.

“Es una lucha contra la demanda”, dijo.

Newman declaró que las filas cada vez más largas en la Misión concuerdan con otros barrios en San Francisco, pero la diversidad en la Misión representa un reto único en ofrecer alimentos que satisfagan el gusto de todos los grupos étnicos.

Por ejemplo, el banco da arroz y frijoles para los latinoamericanos y ha aprendido que los chino-estadounidenses no comen queso cottage.

En el Edificio de Mujeres y en Arriba Juntos, se ha vuelto aparente otra tendencia desde que comenzó la crisis: hay más chinos-estadounidenses.

“Ha habido cierta tensión entre los chinos y latinos que están en la fila”, dijo Loh. “El idioma es una gran barrera y hay diferencias culturales incluso en términos de cómo estar formados en la fila”.

En Arriba Juntos hubo una discusión entre dos mujeres chinas mayores cuando una de ellas intentó meterse en la fila. Victoria Dávila suspiró y comenzó a recordar a la Misión de su juventud.

“Cuando vine aquí en el 78 era más pacífico… no daban comida porque todo era barato y había mucho trabajo”, dijo Dávila al avanzar en la fila con su carrito de compras.