A menos de una semana después de que hayan sucedido tres balaceras en una sección de la Misión que se ha convertido en uno de los distritos con restaurantes más atractivos en San Francisco, las banquetas siguen llenas de clientes. Los restaurantes son conocidos por las balaceras.

“Da un poco de miedo, pero es medio divertido”, dijo Dana Humphrey, de 28 años de edad, al sentarse a comer en Gracias Madre, un restaurante para vegetarianos estrictos en donde los tacos no son baratos. Su amiga Alexis Papeshi, de 28 años de edad, quien vive en Marina, estuvo de acuerdo. “Tiene un poco de cachet”, dijo, “ah estamos en la Misión, somos muy a la moda”.

Durante años, la Misión ha tenido una reputación de ser un barrio en donde hay bares y restaurantes a la moda, incluso en la época de la Fiebre del Oro se conocía como un lugar en donde la gente venía por la diversión. Sin embargo, en los últimos dos años, el estatus de la Misión en el mundo culinario ha aumentado. Los establecimientos del barrio suben y bajan en la lista de estrellas Michelin (Range se quedó afuera y Saison sí entró a la lista); dos tienen reconocimientos Michelin (Flour + Water y el Slow Club); dos están en la lista principal de cinco restaurantes a la moda en Zagat (Flour + Water y Beretta); y de los 62 restaurantes de la ciudad en la lista de lo mejor del Área de la Bahía del periódico Chronicle, ocho restaurantes están en la Misión. Ah, y Mission Chinese Food fue nombrado como el nuevo segundo mejor restaurante en el país según la revista Bon Appétit.

No obstante, a medida de que la comida se hace más sofisticada, las viejas fronteras que han sido poco entendidas por visitantes y recién llegados han permanecido.

Incluso en un barrio en el que los residentes que han vivido aquí desde hace tiempo no están lo suficientemente seguros de lo que significan las viejas reglas en un barrio en donde cada vez hay más gente adinerada. En el curso de la semana pasada, Mission Loc@l entrevistó a propietarios, gerentes y clientes para ver qué piensan sobre las tres balaceras mortales; fue entonces cuando se puso en claro que cuando los aficionados a la comida sofisticada comparten una misma área de bienes raíces con pandillas, nadie se ve más afectado que aquéllos que trabajan en los restaurantes.

El asesinato de Gaspar ‘Tío’ Puch-Tzek, un cocinero en Hog & Rocks —un caso, precisó la policía, de confusión de identidad— fue un incidente demasiado cercano. Acababa de salir del trabajo y se encontraba afuera fumando un cigarrillo con algunos lavaplatos cuando supuestos pandilleros se le acercaron, le preguntaron a qué pandilla pertenecía y después le dispararon en la cara cuando contestó que no pertenecía a ninguna.

“Lo que pasó el otro día, que los empleados estén afuera, es algo muy común”, dijo Anne Walker, gerente de Radish, un nuevo restaurante cercano, “simplemente ya no estamos afuera”.

Cuando Radish abrió a principios de este año sobre la calle 19 y Lexington, un área cerca del territorio Sureño, la propietaria Emily Summers dijo conocer la reputación del barrio. Sin embargo, percibió una oportunidad: una esquina vacante, mucho graffiti, y mucha gente que pasaba el tiempo y que “no hacen nada bueno por el barrio”.

“Fue una oportunidad para crear un entorno seguro para el barrio”, dijo.

La fatal balacera de Puch-Tzek sucedió tan cerca de su restaurante que detectives policiales llegaron a revisar el video de vigilancia del restaurante.

Dos fatales balaceras le siguieron a esa: una relacionada con pandillas, la cual sucedió 23 horas más tarde en la calle Hampshire cerca de la calle 20; una tercera que sucedió por la madrugada de lunes y la cual la policía cree estar relacionada con drogas; y una cuarta sobre las calles 24 y Misión que sucedió al medio día del miércoles y terminó con una víctima que recibió un balazo en la cadera.

Los empleados de Rasamunde Sausage Grill, el cual está al lado de donde sucedió el tiroteo del miércoles, han estado tomando taxis para regresar a casa desde que la violencia comenzó, dijo la barman Simone Thornton. Liza Thoms, de 25 años de edad, anfitriona en Cha Cha Cha, en donde hace más de un año sucedió una balacera, le pide a su novio que la acompañe a casa. Jack Boger, bartender en Gestalt, camina solo a su departamento en las calles 15 y Shotwell. Está acostumbrado a escuchar disparos cerca de donde vive. “De alguna forma, eso es lo más inquietante”, dijo,  “lo normal que es”.

Otros trabajadores han sido menos afortunados.

Una tarde por la noche en la esquina de las calles 19 y San Carlos, dos individuos se le acercaron a Santiago Mendoza, un cocinero, que acababa de salir de trabajar.

En un incidente que muy extrañamente recuerda al asesinato de Puch-Tzek, dos hombres le preguntaron al cocinero que dijera a qué pandilla pertenecía. Después de responder que no pertenecía a ninguna, le dispararon seis tiros.

A diferencia de Puch-Tzek, Mendoza, quien ahora tiene 41, todavía vive para contar su historia. Y lo que es más, ocho años después, todavía sigue trabajando como cocinero en la Misión. “¿Qué puedo hacer?”, preguntó, “tengo que trabajar”.

Y de alguna manera, es mucho más seguro ahora. En general, los asesinatos en la Misión han disminuido a paso seguro. La estación de policía de la Misión, la cual también patrulla Castro y partes de Noe Valley, registró 18 homicidios en 2008, seis en 2009 y cinco en 2010. Este año, registraron cuatro.

Gran parte de la violencia sucede en olas y no toda es por pandillas. Pero cuando sí lo es, los latinos como Mendoza se ven como un blanco seguro.

Sobre la calle Misión, Eduardo Reyes, propietario de Acaxutla, opinó que cuando se mudó de Guatemala hace 25 años, el barrio era un lugar de reunión para latinos de toda el Área de la Bahía. Acaxutla abrió para reflejar que es un restaurante en donde las familias de clase trabajadora latina podían venir a comer.

No obstante, si hay un brote de violencia, los latinos se mantienen lejos ya que temen ser equivocados por un pandillero rival; el negocio ya ha bajado del 30 al 20 por ciento desde los recientes asesinatos, dijo.

“Cuando alguien escucha que hubo un tiroteo, simplemente no quieren venir”, dijo, y añadió que él también se siente inseguro sobre la calle Misión.

Otros están menos preocupados.

“No estoy preocupado, todavía me siento seguro”, dijo Manny Torres Giménez, propietario y chef de Mr. Pollo, un pequeño restaurante peruano que ha adquirido a seguidores de culto entre aquellos aficionados a la comida que llegan de todos lados de la ciudad para probar su menú. “He estado caminando las mismas calles todas las noches desde hace tres años yo solo y nunca he visto que algo pase”.

Con eso dicho, añadió que el elemento peligroso del barrio es atractivo para muchos clientes. “Eso es parte de la experiencia, estar en un barrio muy peligroso”.

Daniel Hawkinds, propietario de Gestalt sobre la calle 16 y el cual abrió en 2007, agregó que “cualquier lugar que sea interesante va a ser un poco peligroso”.

Otros sostienen que los tiroteos no pueden ser algo bueno para el negocio.

“Por supuesto que afecta al negocio. ¿Quién quiere estar presente cuando hay un tiroteo?”, dijo John Khoune, propietario de Malai Thai.

No obstante, Khoune y Reyes de Acaxutla son las excepciones. Hay muchos más propietarios y gerentes que opinan que el negocio todavía sigue floreciendo.

A los clientes de Rosamunde no parece importarles el reciente brote de balaceras, incluso cuando el tiroteo del miércoles haya sucedido muy cerca. “No me gusta decirlo pero no se ven afectados. Simplemente es normal”, dijo Thornton.

A Silvia Gonzáles, de 36, le preguntan los clientes en Cha Cha Cha si es seguro caminar afuera de donde trabaja. Pero ni la percepción de peligro, ni la balacera del año pasado cerca del restaurante ni las balaceras recientes han afectado el negocio, dijo.

Debra Blum, propietaria de Beretta, el cual está sobre la calle Valencia, dijo que los restaurantes pueden ser un blanco fácil porque se quedan abiertos hasta tarde por la noche. Sin embargo, dijo, “por nuestra experiencia en 2008, siempre hemos sido concientes y proactivos en nuestra seguridad”.

En ese incidente, el cual sorprendió a la comunidad local de negocios, un grupo de individuos a mano armada llegó poco después de la una de la madrugada y asaltaron el restaurante mientras los comensales estaban en el comedor.

Aunque nadie salió herido y los asaltantes huyeron con menos de $2,000 dólares, Blum se preocupó que el atraco podría tener un efecto negativo en la reputación de su restaurante. Pero el negocio continuó floreciendo.

Al recordar esa noche, dijo: “los clientes se quedaron después de que la policía llegó. Lo chistoso fue que una vez que todo sucedió, regresaron al bar a seguir tomando sus bebidas”.

Boger dijo que los clientes de Gestalt habían estado hablando de las recientes balacera. Este lunes pasado, un cliente le dijo que acababa de caminar por la calle Camp, en donde hubo una tercera balacera mortal. El cliente dijo que “habían trazado el cuerpo con gis y fue tenebroso”, quien siguió para decir que “me voy a tomar una cerveza”.

En Hog & Rocks, los empleados todavía están llorando la muerte de uno de sus trabajadores.

“Es literalmente un día a la vez; o más bien un momento a la vez. Un rato uno está bien, y al siguiente uno puede estar en lágrimas”, dijo Marcelle González, gerente del restaurante.

Andrew Dombrowsi, gerente del restaurante y sommelier del restaurante hermano de Hog & Rocks, Maverick, ha estado yendo a restaurantes en la ciudad para pedir donaciones. También ha estado organizando una subasta en silencio que se llevará acabo el 17 de septiembre para ayudar a recaudar dinero y regresar el cuerpo de Puch-Tzek a México.

“Ojalá que algo positivo salga de esto”, dijo Gonzáles.

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Andrea hails from Mexico City and lives in the Mission where she works as a community interpreter. She has been involved with Mission Local since 2009 working as a translator and reporter.

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