¿Esquivó la Misión una guerra de pandillas?

La semana pasada, en una reunión para la comunidad en la Estación de Policía de la Misión, el Capitán Greg Corrales dio por primera vez detalles sobre la funesta balacera de Aldo “Trigger” Troncoso (el primer homicidio del año en el barrio) y sus consecuencias.

A menudo, las historias de cómo se ha evitado la violencia no se cuentan pero esa fue la historia que Corrales le contó a un grupo de personas, y la cual volvió repetir más tarde mientras daba un informe especial sobre violencia de pandillas en la Misión ante la Comisión de Policía.

“Porque hubo comunicación”, le dijo Corrales a la comisión, “fue que pudimos prevenir que sucediera más violencia”.

Aunque no todos los detalles se pudieron confirmar por otro lado, algunos líderes de la comunidad que participaron en el proceso estuvieron de acuerdo con la explicación general.

Los problemas comenzaron en febrero, cuando apareció graffiti sureño en territorio norteño en las calles 19 y Bryant.

“Una vez que vimos eso”, dijo Corrales en la reunión para el barrio, “supimos que iba a haber problemas”.

Unos días más tarde, el 26 de febrero, un joven de nombre Aldo Troncoso recibió disparos en territorio sureño, en las calles 17 y Misión.

Inmediatamente después del incidente, la Estación de la Misión sacó a sus agentes que patrullaban a pie y a agentes encargados de la disminución de prostitución y los puso en lo que llaman “autos para delitos graves”, en donde sólo atienden llamadas sobre posibles delitos graves.

Al mismo tiempo, los agentes de la Estación de la Misión también comenzaron a reunirse con organizaciones de la comunidad para compartir información, idear estrategias para reducir la violencia y pedir consejo. Corrales precisó que la policía ya tenía abierta una línea de comunicación con la Red para Respuesta de la Comunidad y HOMEYSF, pero después de la balacera empezaron a reunirse con otras organizaciones de la comunidad que trabajan con jóvenes en la Misión, incluyendo a Mission Beacon, el Club para Niños y Niñas y el Centro de Recursos Centroamericanos, mejor conocido como CARECEN (por sus siglas en Inglés).

Agentes en ropa de civil y uniformados comenzaron a patrullar las calles 17 y Misión, en donde los amigos de Troncoso pusieron un arreglo funerario. Asimismo, los miembros de la Red para Respuesta de la Comunidad estuvieron vigilando, y fue su presencia, opinó Corrales, lo que hizo en gran parte que las posibles situaciones violentas se difuminaran.

En un momento dado, se izó un grupo de globos azules en el funeral (azul por el color de la pandilla Sureña). Un líder de la comunidad intervino y convenció a los amigos de la víctima a que los quitaran.  Cuando un periodista que estaba informando sobre el funeral fue maltratado por los amigos de la víctima, la situación volvió a tranquilizarse a través de la diplomacia en lugar de mediante una acción policíaca directa.

En algunos momentos, los planes de la policía y los grupos de la comunidad congeniaron de manera extraña. Un escuadrón de agentes comenzó a peinar la Misión y llevó acabo cateos en menores de edad bajo libertad probatoria y detuvieron a cualquiera que inquiriera en una infracción. Esa fue una forma de sacar a la gente de las calles.

Los grupos de la comunidad recorrieron la Misión en camionetas en busca de jóvenes que pudieran estar en peligro o representaran un peligro para otros. Cuando los encontraban, los llevaban al cine, les daban pizza e intentaban calmarlos con la palabra. Esa fue otra manera de sacar a la gente de las calles.

Incluso así, se avecinaban más problemas. El 2 de marzo hubo una balacera en la intersección de las calles 24 y Harrison que dejó el pavimento lleno de cartuchos de bala y una persona en el Hospital General de San Francisco. Varias personas que asistieron a la reunión del barrio habitaban a sólo unas cuadras de la balacera. Algunos dieron testimonio ocular. “Yo nunca”, dijo una mujer, “quiero volver a asomarme por la ventana y ver a un hombre gateando detrás de un auto y sangrando por el pecho”.

“Sí sabemos quién fue el que disparó”, le dijo Corrales a un grupo de vecinos. “Puede que no lo agarremos por eso, pero lo vamos a agarrar por algo”. La víctima, dijo Corrales, era conocida por ser norteño, y víctima en otros cuatro tiroteos.

Unas horas después de la balacera en las calles 24 y Harrison, Corrales supo que un sureño acababa de recibir disparos en Bayview.  Cuando la policía se dio cuenta de que ellos también estaban en camino al hospital general, en donde la sala iba a estar llena de norteños fúricos, le pidieron a la Red de Respuesta de la Comunidad por ayuda.

Corrales le dio crédito al proyecto Wraparound, un programa de seguimiento para las víctimas de violencia dirigido por el hospital general de San Francisco, por haber calmado la situación en el hospital. “No hubo violencia”, le dijo a la comisión, “aunque era muy posible que hubiera. Es por esto que hay tal incentivo para que haya una comunicación abierta con los grupos de la comunidad”.

El reto más grande todavía imperaba: el funeral de Troncoso estaba programado para ese fin de semana. Tanto el lugar de su funeral como el velorio en su casa se realizarían en territorio norteño.

La policía coordinó sus esfuerzos con Mission Beacon, el Club para Niños y Niñas, HOMEY y el proyecto Wraparound, en especial en el velorio. Aquéllos que asistieron al funeral estuvieron acompañados en el territorio de la pandilla rival, y la policía estaba en todos los demás lugares, según precisaron blogs locales.

Ya ha pasado un mes desde el tiroteo en las calles 24 y Harrison. Corrales considera que la situación se ha tranquilizado y cree que el único tiroteo desde entonces, el de cinco hombres afuera de El Tin Tan en la calle 16, no estaba relacionado con pandillas. “Cuatro de las víctimas no pertenecían a pandillas”, dijo Corrales en una reunión para el barrio. “No tenían afiliaciones a pandillas. Es más probable que haya sido alguien a quien se le prohibió la entrada al bar, o que tuvo una pelea con el dueño y regreso con disparos”.

“En este momento, el tema de las pandillas ha sido nuestra prioridad número uno”, continuó. “Es posible que tengamos una de las mejores unidades civiles en el país”.

Pero la pregunta permanece: Si la colaboración con grupos de la comunidad ha comprobado que son una opción viable, ¿cómo se enfrentará la ciudad a un déficit presupuestal de $360 millones de dólares para mantener a cualquier grupo de la comunidad con el cual colaboró?

A nivel municipal, los fondos para prevención de violencia han bajado a $8 millones de dólares de los $13 millones que tenía, y se espera que este año baje otro millón, declaró Lizbett Calleros, Coordinadora del programa de CARECEN.

El Supervisor David Campos, ex miembro de la Comisión de Policía quien está actualmente en el Comité para Seguridad Pública de la Junta de Supervisores, tiene el objetivo de aumentar, o por lo menos mantener los fondos para grupos con base en la comunidad del Departamento de la ciudad para Niños, Jóvenes y sus Familias.

Es difícil ya que en una situación en la que hasta la policía, aislada históricamente de la mayor parte de la preocupación entorno al presupuesto municipal, está luchando por financiamiento, ¿apoyará los fondos para asuntos que los grupos de la comunidad usan para pelear contra la delincuencia, como viajes de campamento de fin de semana?

Campos declaró que ha hablado con Jeff Godown, jefe interino de la policía, y está claro que Godown también quiere que los grupos de la comunidad tengan los recursos que necesitan.

“La gente joven se mete en problemas si no tienen nada que hacer”, dijo Campos. “Queremos que tomen la decisión correcta”.

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Andrea hails from Mexico City and lives in the Mission where she works as a community interpreter. She has been involved with Mission Local since 2009 working as a translator and reporter.

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