Para la Dra. Jennifer Adibi un buen día en el laboratorio es un día en el que los trofoblastos viven. Las células, las primeras en diferenciarse de un óvulo fertilizado (y más tarde se desarrollan en placenta) necesitan tanto cuidado y alimentación como un laboratorio de animales a punto de morir.

Como toda madre sabe, la crianza de los hijos tiene que ver con una constante comunicación entre el padre de familia y el niño. Lo que pocos notan es que la conversación comienza mucho antes del nacimiento, a medida de que la placenta provee al feto en desarrollo con oxígeno, comida y noticias de último minuto sobre el medio ambiente afuera del útero.

Es por eso que cuando algo sale mal con el desarrollo de la placenta, la conversación puede tornarse amarga y tener consecuencias en la salud en el ciclo de vida. Este potencial es lo que Adibi está tratando de decodificar en su laboratorio: si los ftalatos (un grupo de químicos industriales usados en la creación de plásticos más flexibles) cambian o no el desarrollo hormonal en bebés que están en el útero.

El camino de Adibi en la crianza de los trofoblastos comenzó en Rusia. Siendo una joven alumna de maestría a comienzos de 1990, conoció a científicos que estaban estudiando las consecuencias de años de fabricación de químicos y armas de fuego en personas que vivían a lo largo del río Volga, el río más largo de Europa. Hasta entonces, Adibi, quien tenía estudios en ruso, pensó que el trabajo de su vida sería ser traductora. En lugar de eso, fue a Columbia y a Harvard para estudiar la relación entre los humanos y los químicos a su alrededor.

Adibi comenzó sus avanzados estudios en los campos de salud medio ambiental y epidemiología. Los métodos de investigación que aprendió variaban desde trabajo en el laboratorio a preguntarle a gente con y sin enfermedades las mismas preguntas para ver si había alguna diferencia en sus respuestas, lo cual pudiera apuntar al por qué algunos se enfermaron y otros no.

Una clase en epidemiología molecular despertó su interés en cómo los trofoblastos son células que aparecen poco después de que un esperma fecunda un óvulo, lo cual puede servir como un “registro médico” de algún tipo. En el momento del nacimiento se toman muestras de la placenta y con esto los científicos han podido aprender sobre qué sucede durante el embarazo. Con la emoción de poder descifrar el historial médico por medio de un microscopio en lugar de con una encuesta de salud, Adibi comenzó a buscar pistas moleculares para ver cuáles químicos afectaban el desarrollo fetal.

En la actualidad, Adibi está específicamente en busca de pistas sobre los ftalatos. Un estudio realizado hace poco por científicos de UCSF encontró que casi todas las mujeres embarazadas en los Estados Unidos tienen ftalatos en sus cuerpos.

Sabemos que los ftalatos en el cuerpo de una mamá puede llegar al embrión en desarrollo y al feto. Los estudios que se han hecho en animales han demostrado que la exposición en proceso de desarrollo a ftalatos deja una marca en el sistema reproductivo que resulta en genitales anormales, baja calidad de espermatozoides y cáncer testicular.

¿Cómo se puede probar que sucede así en humanos? Los ftalatos están por todos lados en nuestra cultura, tanto que todos los niños entran en algún momento en contacto continuo con ftalatos.

Pocos han observado la placenta como un lugar en el que el destino de dichas exposiciones podría estar escrito. Es más típico realizar estudios en animales, o hacer uso de encuestas para recabar información sobre la posible exposición prenatal. La investigación de trofoblastos es difícil y cara, pero sería un gran descubrimiento demostrar que no sólo algunos químicos tienen consecuencias tempranas en el desarrollo del feto sino cómo se da dicha consecuencia.

A menudo, para entender las consecuencias en la salud y la exposición prenatal los científicos hacen uso de modelos animales o recaban y analizan información humana sobre exposición prenatal y preconcepción por medio de encuestas u otros medios para ver cómo sucede en los niños. Adibi está en busca de exposiciones al útero para ver cómo los químicos cambian al feto en desarrollo.

En este momento sabemos sobre los ftalatos lo suficiente como para aconsejar que se prevenga estar expuesto a ellos al no beber de botellas aguadas de agua, alejarse de productos con esencias y evitar comer comida en contenedores de plástico. En el futuro, los descubrimientos de la investigación de Adibi podría tener un efecto en cómo se regulan los ftalatos.

Es el potencial para este tipo de resultados innovadores los que mantienen a Adibi en el laboratorio haciendo todo tipo de tedioso cuidado a los trofoblastos. Manténgase al tanto de esta columna para ver cómo se desarrolla su investigación.

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Andrea hails from Mexico City and lives in the Mission where she works as a community interpreter. She has been involved with Mission Local since 2009 working as a translator and reporter.

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