El homicidio del fin de semana cerca de las calles 17 y Misión y el tiroteo del miércoles al medio día en las calles 24 y Harrison fueron un recordatorio para los residentes del Distrito de la Misión, un barrio de moda en donde se festeja de todo: desde la receta de donas a pastelillos y chicharrones artesanales. El barrio es también un lugar en donde todavía existe la violencia de pandillas; en 2007 se estableció un acuerdo entre pandillas el cual todavía existe.

Los funcionarios esperan que la violencia se mantenga a raya; sin embargo, algunos miembros de la comunidad acordaron reunirse el pasado 3 de marzo por la tarde en la escuela secundaria Everett para hablar de las ideas que tienen sobre cómo solucionar la situación. No obstante, incluso aquéllos que acaban de llegar al barrio están al tanto de la violencia y sienten que pueden sobrellevarla. “Uno debe estar al tanto”, dijo Trans Van Santos, quien se encontraba en el restaurante St. Francis Fountain sobre la calle 24 el jueves por la mañana, “pero uno no debe asustarse”.

Algunos negocios, como el Café Bello en las calles Harrison y 24, en donde sucedió la balacera del pasado miércoles, decidieron tener una reunión con su personal para hablar sobre cómo manejar la delincuencia violenta. Durante el mes pasado hubo tres agresiones, tres robos y un asalto a mano armada: todos incidentes a 500 pies de distancia del negocio.

¿Qué pasaría si la violencia se esparciera al negocio? Por ejemplo, ¿cuál es la política de la compañía en caso de que un hombre herido entre a gatas a Bello cuando le persiguen varios agresores?

Eso fue exactamente lo que le sucedió hace dos años a Salvador Vásquez. Un hombre herido cubierto en sangre buscó refugio en el Mercado La Gallinita, ubicado en la esquina sureste de la calle 24, en donde Vásquez trabaja. Vásquez cerró las puertas, llamó al 911 y esperó a que llegara la policía mientras los agresores intentaban entrar por las puertas cerradas.

“Afortunadamente no sucede muy a menudo”, dijo Vásquez. “Pero estoy acostumbrado a cuando sucede”.

Abby, barista en el Café Bello, declaró que supuso que los disparos del miércoles eran ruidos provenientes de una construcción. “Incluso vi a un hombre que se cayó al piso y no pensé que hubiera sido un tiroteo”.

Andrew, quien trabaja en Humphry Slocombe, una popular heladería que a menudo tiene filas de personas afuera sobre las calles Harrison y 24, dijo que escuchó los disparos y más tarde fue a ver a un amigo que tenía un hueco de bala en su ventana.

La cajera en Usultán, un restaurante mexicano enfrente de Humphry Slocombe, dijo que la violencia es algo que pasa y que “lidian con ella de una u otra manera”.

Lo cual deja una pregunta: ¿es malo el tiroteo ocasional para el negocio? Para los clientes de St. Francis Fountain, el cual está a cuatro cuadras hacia el este sobre la calle 24 y es un lugar de moda para los jóvenes la respuesta fue no.

“Este es el mejor lugar en la ciudad para desayunar”, dijo Tex, un hombre no muy grande, vestido con ropa de mezclilla para trabajar y que estaba bebiendo café el jueves por la mañana en la barra.

En general se siente seguro en la Misión, aunque le han advertido que debe ser cuidadoso al no dar ninguna señal de homosexualidad en ningún lugar de la intersección de las calles 24 y Misión. “Lo que me dijeron era que hay pandillas de El Salvador, y que para estar en una pandilla hay que matar a un homosexual. Me decepcioné un poco. Acabo de volver a mudarme de Nueva Zelanda y pensé para mis adentros “‘¡qué bueno! ¡Estoy en San Francisco! Otra vez  puedo ver el arco iris!’”

Incluso así, dijo, en comparación con Wellington, Nueva Zelanda, en donde alguna vez lo hospitalizaron por haberle gritado a un grupo de hombres que estaba golpeando a una mujer transexual, la Misión es bastante agradable.

“No diría que pienso en eso”, dijo Darrin, un hombre corpulento y alegre que compartía su desayuno con una amiga. Ha vivido aquí por siete años, y en todo ese tiempo una vez llegó a su casa después del trabajo para haber encontrado un muerto en la banqueta. “Estaba cubierto en una sábana amarilla”, dijo. “Le dispararon en plena luz del día cuando caminaba por la calle con su hijo. La gente me decía que era uno de los de arriba de la MS-13”.

También le tocó haber encontrado en la calle enfrente de su departamento de las calles 24 y Hampshire con cinta  forense amarilla (de la que se usa para delimitar el lugar de los hechos). “Le dije a la policía que yo vivía ahí, y me dijeron que bueno, que podía entrar pero que si veía sangre o cartuchos de bala no los pisara’”.

¿Qué si él se siente a salvo? La mayor parte del tiempo, sí. “Hay algunos momentos como regresar a la casa de noche. Caminar del BART a la casa. Pero en general, la violencia parece estar apuntada a ciertas personas. No diría que es algo en lo que pienso muy a menudo”.

Van Santos, originario del Área de la Bahía, quien estaba sentado al final de la barra escribiendo en su cuaderno con un par de lentes oscuros en forma de corazón colgando de su cuello aconsejó que “mantenga sus ojos abiertos. Uno no puede tener miedo pero no hay que ser ingenuos”.

Su novia fue víctima de lo que piensa que fue un intento de asalto hace poco en las calles 23 y York. “Es una muchacha muy flaca, bajita y güera de Connecticut”, dijo Van Santos con ensoñación. “Pero acababa de ver la película Goodfellas (Buenos Muchachos). Y cuando el tipo se le acercó y la agarró, ella ya tenía lista la llave en su mano. Empezó a pegarle con la llave en la cara y a gritar de que era una asesina sangrienta”.

El agresor huyó corriendo, pero la novia de Van Santos lo persiguió en una ardua carrera. Después de unas cuadras, se dio cuenta que no estaba segura de qué hubiera hecho si lo hubiera agarrado y dejó de perseguirlo.

Van Santos ha aprendido a la mala habilidades para disipar problemas que le han sido útiles en el barrio. Los pantalones apretados y los anteojos oscuros en forma de corazón lo han aislado de la mayor parte de los incidentes, pero si alguna vez le gritan que está usando el color equivocado en el lado equivocado de la calle, su respuesta automática en Español sería “bájale, soy Carlos Santana en un grupo tributo”.

Andrea Valencia

Andrea was born and raised in Mexico City, where she graduated as a translator/interpreter. She has been working with Mission Local since 2009 translating content for the Spanish page. Also lives in the...

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