Son las 8 de la noche de lunes en el Café Revolution, y el fuerte ritmo reggae casi siempre se escucha afuera del café.

Kristina Soriano está sentada enfrente del piano y comienza a tocar una elegante pieza de Bach. El público sigue platicando, coqueteando y bebiendo. El olor a mota llega desde el patio.

Los tradicionalistas podrían decir que este ambiente no ortodoxo es vergonzoso, pero esto es de lo que se trata Classical Revolution: hacer que la música de cámara llegue a oídos de la gente.

Se trata de exponer a la gente a la música clásico que no necesariamente escucharía, dijo el cofundador Adam Scow, de 27 años de edad. Y Scow no es ningún extraño a un público difícil (de día se dedica a ser gerente de campañas).

Classical Revolution ha estado tocando en el café por ya más de cuatro años. Muchos de los músicos que tocan con el grupo han tenido una educación clásica en escuelas como Julliard, Rice y Oberlin.

A menudo, el repertorio es más contemporáneo que avant-garde. Pero es el cumpleaños número 326 de Johann Sebastián Bach, así que esta noche será de Bach. El grupo ha agarrado el hábito de celebrar los cumpleaños de tantos compositores como fueran posibles. Scow dijo que la noche de Mozart fue de locos.

Después sigue Dario Rados, un muchacho de 29 años que se registró a último minuto y que está sentado al piano con una gorra de béisbol. Rados nunca había interpretado en un lugar así de cacofónico, dijo, pero su música irradiaba gracia. El ruido no es un problema, “pero puede ser difícil si toca el piano o la flauta”.

Meerenai Shim, de 34, está presentándose por primera vez. Con la flauta. Está inmutada.

“Esta es la cultura clásica de esta generación”, dijo Shim refiriéndose al ruidoso pero íntimo ambiente. “Ya no se tiene que presentar con gente de traje”.

“Es más democrático”, añadió Rados.

Classical Revolution se fundó en 2006 cuando Scot conoció al músico Charith Premawardhana en MAPP (Mission Arts and Performance Project, por sus siglas en Inglés) –otro evento que no impone límites entre el público y el intérprete. Scow, quien es asiduo al Café Revolution, comenzó a organizar funciones cada domingo por la noche con la ayuda de Premawardhana y el coordinador de música del café Joe Lewis. El evento se pasó a los lunes después de que los conciertos de domingo tuvieran tanta gente y bulla hasta para el control de Scow.

Esta noche también está bastante llena. Para cuando llega hora final, el café está a más no poder de gente y apenas y se ve el exterior.

El pianista Ian Scarfe, miembro desde el primer concierto del grupo en Café Revolution en 2006, se toma un descanso afuera antes de volver a entrar. Explica que nunca hubiera predicho que las funciones semanales en el café se hubieran convertido en dicho fenómeno de auto promoción. Nueva York, Filadelfia, Berlín y Florida del Sur son sólo algunos de los lugares que han creado su propia revolución clásica.

“Tuvimos que seguir haciéndolo porque se volvió muy popular”, dijo Scarfe. “A la gente le gustó porque no se había hecho antes. Supongo que adquirió su propio momento”.

Cuando tocaron la última nota, la multitud por fin se dejó de escuchar y se reemplazó con un gran aplauso.

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Andrea hails from Mexico City and lives in the Mission where she works as a community interpreter. She has been involved with Mission Local since 2009 working as a translator and reporter.

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