Si va a Coffee Bar, un edificio de estilo industrial en la calle de Bryant y Mariposa, verá una hilera de laptops y personas escondiéndose detrás de las pantallas.
Cuando subo por las escaleras, sólo algunos despegan su mirada de las pantallas. La mayoría está conectada a Internet; otros tienen ideas para sus reuniones matutinas de negocios.
Hay por lo menos 20 personas en sus computadoras (MacBooks en su mayoría), iPads y teléfonos inteligentes con conexión a Internet. Algunos se sientan en mesas individuales o en mesas comunales, pero todos están en su propio mundo.
En este lugar hay negocio.
10:00 a.m.
Mientras los celulares suenan, y los usuarios escriben en sus computadoras, se puede escuchar a los Beatles en el estéreo cuando el barista grita: “¿Quién ordenó el Americano?”
Hace una semana que Ross Siegal renunció a su trabajo en Yahoo y hoy día es un cliente habitual de Coffee Bar.
“Me estoy tomando mi tiempo para conseguir el trabajo correcto y no cualquier trabajo”, comentó mientras revisaba su correo electrónico y cuidaba de su perrito (el cual estaba en su casa) por medio de una cámara web.
“Todos aqui están empezando un sitio”, dijo. Su proyecto (junto con sus amigos) se llama Bachelor10 y es para cualquier persona que desee planear una despedida de solteros.
10:30 a.m.
Las mesas comunales comienzan a llenarse; están ahí para que la gente conviva al “forzar a que las personas a se salgan de su zona de comodidad”, dijo Jason Paul, co-propietario de Coffee Bar.
En uno de los extremos de la mesa, un hombre con una camisa formal y pantalones acaba de terminar una entrevista y está guardando su computadora para marcharse.
En la otra esquina, Chris Colin, un periodista independiente, verifica datos para un artículo escrito para el New York Times. “Siempre me pregunto qué hacen los demás”, dijo, “algunas veces echó un vistazo”, concluyó.
Collin tiene una oficina pero le gusta venir aquí para variar; además, su esposa trabaja cerca. También va con frecuencia a Ritual, en la calle Valencia, y a Sugarlump, que está sobre Misión, pero “no son tan start-uppy (sitios de negocios en línea)”, dijo.
11:00 a.m.
Paul, el copropietario, trabaja a una velocidad relámpago y poniendo la espuma de los capuccinos en forma de corazón. Luigi Di Ruocco y él comenzaron su negocio en 2007 para crear un negocio minorista para Mr. Expresso, una compañía de café tostado orgánico que pertenece a la familia de Di Ruocco.
“A los clientes les gusta un lugar en donde tengan conexión”, comentó Paul.
Paul describe el lugar como uno utilitario y de uso diverso con una toma de corriente eléctrica en cada mesa, wi-fi gratuito, café y comida gourmet. Además, en las tardes se sirve alcohol.
Funcionó para muchos, comentó. Los chicos que crearon Xoopit, una compañía de tecnología que Yahoo adquirió en 2009 solían venir aquí por café.
11:30 a.m.
Los letreros en algunas mesas especifican que son mesas en donde no se usan computadoras de las 11:30 a.m. a 2:30 p.m.
Paul explica que el letrero esta dirigido a la gente que viene a comer, en general personas del mundo corporativo que almuerzan y se van en menos de una hora. Aquéllos que acampan desde las 7 a.m. hasta el día siguiente ocupan otras mesas; a veces, dijo, éstos son los mejores clientes.
Otros se ponen “bravos” cuando les pedimos que guarden sus computadoras, pero “intentamos calmarlos y hacerlos entrar en razón”, dijo.
Robert Stang, presidente de la Administración de Pacific Park y cliente habitual incluso cuando el lugar era Arc Café, dijo haber escuchado que una vez alguien instaló su computadora de escritorio aquí.
“¿Quién quiere estar en su casa trabajando solo en la computadora?”
Como dijo un cliente más tarde: “la distracción me ayuda a concentrarme”.
Medio Día
La gente que viene a almorzar comienza a llegar rápidamente y comienzan guardar las cmputadoras en sus estuches. Algunas de las personas que han estado desde la mañana consideran pasarse a una mesa comunal en donde se permite el uso de computadoras portátiles pero no encuentran ninguna.
Sarah, una educadora sobre el medio ambiente y quien no quiso dar su apellido, es de las pocas afortunadas en obtener un lugar en la mesa para computadoras portátiles. Llegó temprano. La primera vez que vino a este lugar fue hace dos años y cuando viene se queda por lo menos tres horas. En general viene por las mañanas a tomar café con sus amigos. “Es perfecto”, dijo, “por hoy es mi oficina. Estaré aquí hasta las cuatro. Tengo mucho trabajo que hacer”.

