Michael Ríos ha tenido una vida afortunada. Durante casi 17 años, se ha levantado por la mañana y bajado por las escaleras hacia el garaje de la pequeña casa de estuco de la calle York, sin hacer otra cosa más que pintar y dibujar. Dibujó portadas de discos, pósters para conciertos e ilustraciones para un libro de texto de ciencias sociales para quinto año. Intercambio obra artística por renta.
Funcionó mientras duró. En una situación que cualquier persona en este barrio conoce, la casa se ha vendido. Ríos no tiene lana y el jueves –dentro de ocho días- venderá sus pinturas en Medjool (en el 2522 de la calle Misión de 5:30 a 9:00 p.m).
“No estoy en el mejor de los ánimos”, dijo Ríos. “Estoy pasando por algunos cambios por el momento. Estoy en el medio de ver qué hacer”.
Dentro del garaje hay un auto Nissan color plateado lleno de filas de pinturas y serigrafías. Hay cajas de pinturas apiladas en una mesa, en donde una escultura de un águila calva estadounidense está agachada cerca de una botella de Gatorade naranja. Las pinturas son salvajes, conmovedoras, retorcidas y casi brillan en la húmeda oscuridad del garaje.
Ríos comienza a sacar obra aparentemente al azar.
- Un dibujo a lápiz para el mural del BART de la calle 24 que Ríos y dos otros artistas hicieron en 1975. El tren corre a lo largo de las espaldas de la gente formada en una protesta no tan sutil y de la misma forma en que se realizaba el financiamiento del BART hace tres décadas.
- Un borrador a tinta y bolígrafo con varias capas de una caricatura de la Misión en donde ratones marchan hacia trabajos en fábricas, reciben inmunizaciones en el Centro de Salud, pasando por la recién formada entonces Coalición de la Misión, pasan el tiempo en la cárcel afuera de La Palma y en la fila de desempleo. El primer mural en la Misión se pintó en 1971, dijo Ríos, aunque ya no está. El estilo del dibujo parece un poco familiar. “Eso tiene influencia de R. Crumb”, dijo Ríos. “En esa época era mi amigo”.
- Una Frida Kahlo con una mirada feroz en una fotografía de un espectacular “liberado” por Ríos y un grupo de artistas de Galería de la Raza. “Antes sólo había espectaculares de alcohol y tabaco”, dijo. “La compañía que tenía propiedad del espectacular se enojó, por supuesto. Peleamos y ganamos”.
- Una fotografía de otro mural, alguna vez en las calles 22 y South Van Ness. “El sol se lo comió”, dijo Ríos. “Estaba más allá de mi control”.
- Pinturas aparentemente infinitas de y para Carlos Santana (él y Ríos se conocen desde hace tiempo), con el ocasional Jerry García, John Coltrane o John Lee Hooker. “Era un tipo excéntrico”, dijo Ríos con admiración a Hooker. “Muy chamanístico”, dijo pero se negó a explicar más a fondo.
- Un póster gigante de un dulce M&M de pie y con los brazos cruzados enfrente de un colorido torrente de pintura vistiendo un chaleco estilo bátik y una expresión de rebelión en la cara de dulce. “Esa fue la primera vez que un artista diseñó una envoltura de M&M”, dijo Ríos. “Fue una competencia entre Peter Max y yo, y un tipo que había trabajado con Warhol. Pero a mí me dijeron: “te escogimos porque eres de San Francisco. Eras uno de esos muchachos psicodélicos”. Pusieron mi firma en 350 millones de bolsas de dulce”.
¿Era Ríos uno de esos muchachos psicodélicos? “Nunca me consideré serlo”.
El teléfono suena y Ríos lo contesta. “Hola camarada”, dijo mientras su estilo de voz cambió inmediatamente a un estilo beatnik perfecto. “¿Qué pasó, carnal?”, dice mientras escucha. “Me tranzó, carnal. Se puso bien negativo…” Y su voz se apagó.
En 2003, Ríos le dijo a un periodista que alguna vez fue un artista tradicional exitoso que pasó de haber tenido una educación en el Instituto de Arte de San Francisco al mundo de la publicidad, pero que lo atrajo el elemento bohemio del brillo seductor de la obra artística compleja que había estado viendo en las calles de San Francisco.
Saca otra pintura: una parvada en movimiento en un fondo de llanuras. Es sencillo y casi japonés. No se parece a nada de lo que hay aquí. Lo estudia y después de un minuto dice: “Algunas veces incluso me sorprendo a mí mismo”.
El futuro es inminente y amenazador. Ríos y los contenidos del garaje tendrán que haberse ido para fines de mes, y todavía está tratando de encontrar un hogar para él o su obra.
Aún así, dijo, no ha sido exactamente una pérdida.
“El señor fue generoso en haberme dado un lugar donde vivir todos estos años. Pude hacer toda esta maravillosa obra”.
Michael Ríos tendrá una exposición y venta de galería el 17 de febrero en Medjool de 5:30-9p.m.



