Christina Olague, vicepresidenta de la Comisión de Urbanismo de San Francisco observa incrédula la pila de tarjetas del público enfrente de ella. “Nadie se opone”, dijo. “No quiero ponerlos al descubierto, pero ¿hay alguien que se oponga?”

Sólo hay silencio en la sala. Las reuniones de la Comisión de Urbanismo pueden ser de las más polémicas en la ciudad. (Vea nuestra cobertura sobre el hospital St. Luke, American Apparel y el local que querían poner en la Misión o cualquier otra disputa relacionada con urbanismo).

Pero si se inventa una propuesta [PDF] para simplificar los permisos para pequeños jardineros en San Francisco para que puedan vender sus propios productos alimenticios, entonces inmediatamente la sala con paneles de duela se convierte en un dios del amor. En una ciudad como esta, ¿quién se opone a la comida?

Olague vuelve a intentarlo. “Aquéllos de ustedes que estén a favor, párense y muestren su apoyo”.

Se escucha un ruido de gente parándose. Todo mundo en la sala que no está asociado con la Comisión de Urbanismo se levanta. La mayor parte de ellos visten símbolos del nuevo agricultor urbano: Carhartts, barbas, sombreros fedora, franelas, aretes gruesos, bufandas muy cuidadosamente amarradas, aretes de plumas, suéteres con venados, zuecos. Se puede reconocer a algunos de ellos en una reciente foto en el New York Times sobre el movimiento alimenticio en el Área de la Bahía. En la entrada se puede ver a más gente todavía parada y un guardia de seguridad, quien conciente del código de seguridad contra incendios, le impide a la gente que obstruya la entrada.

Olague considera la situación.

“Pueden aplaudir”, dijo.

La sala se llenó de aplausos y gritos de alegría.

“Bueno”, dijo Olague. “Estamos rompiendo todas las reglas aquí”.

Grandes grupos de gente inscrita para dar comentario público es lo que a menudo pone a la reunión municipal en favor de quien tenga la más gente de su lado, y lo que hace que las reuniones duren hasta altas horas de la madrugada. Puede ser, dijo Olague, que como todo mundo está de acuerdo, no todos los que se inscribieron para dar comentario público necesitan venir y hablar.

Resulta ser que el apoyo a dicha medida fue un poco más diverso que lo que reveló el espectáculo de manos inicial. Mucha gente decidió expresar que no piensan que los jardines deberían tener las mismas normas en tanto a cercas en proyectos similares porque la verdura llama tanto la atención que ver que la gente se los lleva crea un ambiente de comunidad. Además, los agricultores no tienen dinero y la cerca metálica es barata.

Otros se quejaron sobre los cargos a permisos para vender sus productos alimenticios, lo cual podría estar alrededor de los $400 dólares. Otros quieren incluir el derecho a vender productos alimenticios en otros lugares de la ciudad, diferentes a donde se cosechan. Incluso así, otros quieren el derecho a vender pays, mermelada y salsa.

Nada de eso opacó el sencillo entusiasmo. “El pasado abril, encontramos el código de zonificación actual que nos impide vender producto alimenticio que cosechamos en el presente”, dijo Brooke Budner, quien trabaja con alguien más en una cosecha de tres cuartos de acre en Bayview en Little City Gardens. “Como es producto alimenticio que se cosecha en una zona residencial, no puedo esperar a empezar a venderle a los residentes y restaurantes de San Francisco. ¡Estamos planeando producir entre 50 y 75 libras de producto alimenticio a la semana!”

Hubo más aplausos y algunos silbidos.

Está presente Ellen Bauman, quien elogió a sus vecinos que cosechan de manera urbana y dijo que son una mejora al barrio. “Esto no es una nueva idea”, dijo. “Mis abuelos crecieron aquí, y he escuchado sus historias sobre vacas en el barrio. Recuerdo cuando había caballos en Glen Canyon. Hace mucho que no está, pero quiero que mis hijos lo tengan también”.

También esta el delgado y joven hombre que caminó hacia el podio y describió con un marcado acento en Inglés cómo tuvo que estar cuatro meses sin trabajo cuando llegó por primera vez a San Francisco. “Espero que esto pase”, dijo, “para que los alumnos como yo podamos vivir más fácilmente”.

Y con eso se cerró el comentario al público. “¡Estoy muy entusiasta!” dijo la comisionada Gywneth Borden. “¡Soy nieta de agricultores! Pasaba los veranos recogiendo fresas y de niños era nuestro trabajo hacer que los conejos estuvieran afuera. ¡Era muy emocionante!” Sugirió que la ciudad debería revisar los cargos para que los permisos de uso temporal sean menos caros que los permisos a largo plazo. (Actualmente, no es así.)

“Desafortunadamente”, dijo, “como comisionada de urbanismo no puedo abogar porque no haya cargos”, se rió felizmente.

“No tengo problema con que haya cosecha los siete días de la semana”, dijo el comisionado Ron Miguel, con quien siempre se puede contar para lidiar con cualquier nimiedad legislativa. “Harán lo que sea que nosotros les dejemos hacer o no. Pero permitir la venta de 6 a.m. a 8 p.m. en barrios residenciales –vamos a tener muchas quejas si eso sucede”. Le aseguraron que no  es seguro que los puestos de agricultores locales estén abiertos mucho tiempo.

Miguel continuó. Tiene preocupaciones sobre la petición de tener producto alimenticio proveniente de varias fuentes y venderlo en un sólo lugar. Su preocupación es que, dada la dificultad con el orden público, la idealista tarea se vería abrumada con oportunidades de venta de producto alimenticio el cual dirían que se cultiva en la ciudad, pero que en realidad proviene de Chico.

“Sé que esa no es la intención de la gente en esta sala”, dijo Miguel con firmeza. “Pero podría pasar. Hay gente que haría eso. En la ciudad hay gente en las esquinas de las calles vendiendo producto alimenticio que no tiene ninguna relación con esta ciudad, ni siquiera con este país”.

El comisionado Michael Antonini a veces habla sobre el recuerdo del pasado agrario previo a la disputa en el Área de la Bahía y quiso asegurarse de que los vecinos tengan el poder de objetar en caso de que alguien esté cultivando verduras enfrente de su casa.

“Mis tatarabuelos cosechaban en el Delta y cultivaban peras ahí”, dijo el Comisionado Rodney Fong. “Continúo impresionándome con la historia agricultora de la comisión”.

Inmediatamente después, Fong habló del problema de los perros orinando y mencionando medio misteriosamente las preocupaciones de “cualquier cosa que se deje en el patio en medio de la noche”. No quiere nada que se añada a la legislación: sólo le ha preguntado a los agricultores urbanos del Área de la Bahía que estén al tanto.

“Cuando mi padre era inmigrante, vino y recogió fresas”, dijo el comisionado Hisashi Sugaya. “Eso fue lo más cerca que estuve”. Siguió para decir que debido a que se le dificultó a la Comisión de Urbanismo el haber puesto en marcha las normas de salones de masaje, es un poco difícil imaginarse que podrán hacer operativos en cualquier jardín urbano que pruebe ser apropiado para vendedores convencionales de fruta.

“Tenemos un gran equipo”, dijo, “pero me he dado cuenta de que no se puede poner en marcha nada de esto”.

Sonrió. “Para toda la gente joven allá afuera: tienen una gran idea, y después se topan con la burocracia. Y aquí tienen”.

“Sólo quería decir que apoyo esto por completo”, dijo emocionada, la vicepresidenta Olague. “Aquí escuchamos mucho sobre el engaño ecológico que se usa para justificar el desarrollo compacto. Pienso que es irónico que cultivar verdura en el espacio donde uno vive sea tan complicado”.

“Nuestros temores parecen girar más entorno al éxito de este modelo”, continuó. “Estoy más preocupada en que se convierta exitoso. Entonces podremos hablar de los problemas conforme se vayan presentando. Es fácil para nosotros atemorizarnos. De cualquier forma, estoy lista. No se los otros”.

Los comisionados presentaron sus votos. El voto unánime fue positivo y la propuesta 2010.057IT pasará a la Junta de Supervisores.

Andrea Valencia

Andrea was born and raised in Mexico City, where she graduated as a translator/interpreter. She has been working with Mission Local since 2009 translating content for the Spanish page. Also lives in the...

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