El día lunes por la tarde, Vicki estaba abordo del autobús 14-Misión en dirección norte cuando escuchó un “clic, clic, clic”. Volteó y vio a un hombre pegándole a una mujer en la cara.

Cuando intentó intervenir para proteger a la mujer, el señor la agredió con un puñetazo en la mejilla. “Nadie hizo nada”, dijo Vicki.

Por último, alguien le avisó al conductor de lo que estaba sucediendo. El chófer detuvo el camión y llamó a la policía. Evacuaron el autobús.

Dentro de 30 minutos, la mujer por la que intervino Vicki, quien se negó a dar su nombre, abordó el 14-Misión para ir a trabajar sin importar el moretón que tenía en el ojo. “¿Está bien?” le preguntó el nuevo conductor a la víctima que se tambaleaba en los escalones. “Mi cabeza está en otro lado”, dijo habiéndose sentado atrás del conductor.

La agresión sucedió así: un conocido en el autobús le exigió ver su teléfono. Cuando ella se negó, dijo, comenzó a pegarle. Nadie en el autobús, a excepción de Vicki, hizo algo. “La gente se estaba riendo”, dijo. “En la parte de atrás los adolescentes estaban diciendo “qué cura, a esa p@$$ la acaban de golpear”.

“No puedo detenerme. Tengo que continuar”, dijo y se encogió de hombros.

Su actitud, de que la violencia es normal y la vida debe continuar, es casi un prerrequisito en el autobús Misión-14, dijeron algunos chóferes.

Los delitos reportados a la policía, así como incidentes que se hacen saber al mando central, sucedieron en el último periodo de informe que terminó en septiembre 2010, según el Puntaje de Calidad de Servicios del último trimestre de la Oficina de Mando de Tránsito Municipal. De julio a septiembre hubo 268 delitos a nivel municipal abordo de autobuses de la ciudad (43 más que la meta del departamento).

Además, los conductores reportaron 409 otros incidentes que no alcanzaron el nivel de asistencia de la policía. Estos incidentes no siempre tienen que ver con violencia. Algunos varían entre la mano de un pasajero atorada en la puerta a pasajeros adolescentes groseros. No hubo información disponible inmediatamente para el segundo trimestre del año fiscal de 2011 de la SFMTA, el cual terminó en diciembre.

Después de que un adolescente de 18 años de edad hubiera terminado apuñalado la semana pasada con heridas graves, Mission Loc@l salió a hablar con otros adolescentes sobre lo sucedido en el autobús. Debido a la prontitud con la que los periodistas encontraron a adolescentes con historias de violencia, esta periodista regresó al autobús el día lunes para hablar con los chóferes sobre los delitos abordo de la ruta Misión-14 y así poder ver qué es lo que se presencia en un día relativamente lento.

Algunos conductores entrevistados opinaron que además de los delitos que se reportan a la SFMTA, hay muchos más incidentes que no se reportan, pero que también son menos serios y que son sencillamente parte del ecosistema de la ruta.

“Uno tiene que estar vivaracho cuando uno se sube al 14”, dijo Chris mientras manejaba en dirección sur habiendo pasado la calle 18.

Ha estado conduciendo durante cinco años ya, y dijo que de todas las rutas que ha tenido asignadas el 14-Misión es una de las más peligrosas. Pasa por una franja de territorio de pandillas por la calle Misión, e invita a algunos personajes agrios. “Es como un motel en movimiento. Está muy mal. Muchas de las veces, lo que sucede, sucede en esta ruta por el lugar por donde pasa y por la gente que se sube”.

En el mes pasado, Chris sólo ha llenado dos informes de incidentes, pero ha visto al menos dos o tres incidentes a la semana, dijo. A los conductores se les instruye cómo reportar los incidentes a la central tan pronto como haya una confrontación física Sin embargo, cualquier cosa menor al contacto físico es algo que los conductores dejan pasar casi siempre.

“A uno le faltan mucho el respeto en esta ruta”, dijo y añadió que a menudo lo han insultado cuando pide ver el pasaje pagado. Siempre y cuando no lo toquen a él ni a otro pasajero, no le importa”.

“Uno intenta tranquilizar la situación como chófer. Uno no quiere hacer que la situación sea más difícil, siempre y cuando no estén peleando y que nadie salga lastimado”.

Si hay alguien acosando a un pasajero o alguien que rompa las reglas, dijo, a menudo les pide que se bajen del autobús. “Pero ya ha pasado un rato, tal vez tres o cuatro meses desde que tuve que hacer eso”.

Chris dijo que depende de su intuición para saber cuándo debe interceder. No ha presenciado una pelea en ninguno de los autobuses en casi dos años, pero hay muchos niveles de agresión que intervienen.

Hace varios meses, por ejemplo, un hombre intentó empezar una pelea en el fondo del autobús 14 cuando estaba en movimiento. El autobús estaba lleno de gente, y Chris no pudo ver hasta el fondo hasta que una joven mujer se acercó a informarle de la situación. Detuvo el autobús y le dio al hombre dos opciones: “o se baja del autobús o lo arrestan, es su decisión”, dijo haberle dicho al hombre. Los insultos comenzaron, y Chris le pidió de nuevo que se fuera. Esta vez el hombre lo hizo, y el incidente pasó desapercibido.

“Estoy acostumbrado a ver cosas así”, dijo. “Crecí en este barrio”.

“Vea a su alrededor”, dijo cuando se le preguntó a qué está acostumbrado.

Es un hecho que el 14-Misión es otro mundo, incluso por la tarde en un día festivo. En el transcurso de unas horas, los conductores lidian con un abanico de distracciones: desde un hombre que intenta subir con un perico a una mujer borracha que discute con otra sobre si debe o no comerse su elote. Una mujer portando una placa de la MTA le aseguró que no era la mejor idea.

Otro conductor respondió pacientemente cuando un hombre que arrastraba las palabras le preguntó tres veces seguidas si el autobús se detenía en la calle 24. Poco después, el conductor le pidió amablemente a otro pasajero, quien vulgarmente contaba el escándalo sexual del ex-presidente Clinton, que no hablara así enfrente de otros pasajeros.

Incluso cuando los pasajeros están al pendiente, a menudo tienen que depender de los pasajeros para que sean sus ojos y oídos en los autobuses gusanos. Tal y como se dio cuenta el lunes la mujer con el moretón en el ojo: uno no siempre puede depender de los demás.

Las historias no se limitan al 14-Misión. Donna, quien manejaba el 14L, ha visto la cantidad de problemas que hay en otras rutas en sus nueve años de ser chófer en el Muni.

Donna dijo haber visto de dos a tres confrontaciones a la semana en su ruta, pero que sólo ha reportado dos en el mes pasado.

En uno de los incidentes que no se reportaron, una muchacha adolescente intentó agarrar el autobús mientras que su amiga trataba de alcanzar el autobús. Donna insistió en que tenía que agarrar el próximo autobús. “Me dijo de todo”, dijo.

Donna dijo que “se calló la boca”, dejó a la muchacha subir y se quedó callada escuchando los comentarios prosaicos. 20 minutos después se tomó un descanso porque estaba muy molesta. “No hace daño y son sólo palabras, uno tiene que dejarlo pasar. Uno sólo lo hace más peligroso para uno y para los demás”, dijo.

Algunas veces, dijo Donna, teme represalias de pasajeros que regaña. “Algunas veces se me sube la sangre a la cabeza, algunas veces mi corazón empieza a latir bien rápido, pero ya llevo tiempo haciendo esto y la mayor parte del tiempo me quedo tranquila”, dijo.

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Andrea hails from Mexico City and lives in the Mission where she works as a community interpreter. She has been involved with Mission Local since 2009 working as a translator and reporter.

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