Traducido por Andrea Valencia

“Bueno”, dijo Dawn Harbatkin, directora médica de Servicios para la Salud Lyon Martin. “Somos una clínica de la comunidad. Nunca he visto una clínica de la comunidad que no dé todo lo que pueda. El cuidado médico para adultos no es sexy. No es como con los perritos. La gente se conmueve con cachorros”.

Incluso así, cuando la junta de la clínica Lyon Martin decidió este fin de semana cerrar la clínica por completo, las noticias de que la Clínica Lyon Martin cerraría fueron una sorpresa hasta para aquéllos asociados a la clínica. Como Harbatkin.

“Fue una sorpresa”, dijo Harbatkin, con un aire de una calma casi preternatural. “La mayor parte de las clínicas, cuando cierran se toman de dos a tres meses”, suspiró Harbatkin. “No podemos costear eso. Pero tampoco podemos costear cerrar en dos o tres días”.

Lyon Martin comenzó en los 70 como un proyecto de investigación de una alumna de UCSF que se dio cuenta de que había lesbianas que llegaban en muy mal estado a la sala de emergencia con problemas de salud que se podrían haber evitado fácilmente. La alumna se dio cuenta que estaban evitando a los doctores por completo.

La clínica fue una manera de identificar cuáles eran los problemas de salud de las mujeres gay. ¿Cuáles eran sus riesgo de enfermedades de transmisión sexual? (ETS) ¿Cuáles eran las probabilidades de que obtuvieran un papanicolau anormal? Los archivos médicos estaban en el sótano de su departamento. El teléfono estaba en la sala. Hubo voluntarios en su casa que cumplían con un horario de oficina.

En 1979 se fundó la clínica como un lugar para lesbianas que no tenían acceso sin prejuicios al cuidado a la salud a un precio asequible y se le dio el nombre después de las activistas Phyllis Lyon y Del Martin.

Después, dijo Harbatkin, “añadimos una población marginada después de otra”. Hoy día, los pacientes de la clínica son un 50 por ciento personas transgénero y gay y un 50% mujeres de bajo ingreso. Alrededor del 17% de ellas se encuentran sin hogar.

Como muchas de las clínicas de la comunidad del Área de la Bahía, Lyon Martin ha estado luchando con los efectos de la crisis: más pacientes, menos dinero de donadores, menos dinero de pacientes, y el devastador congelamiento a pagos de MediCal durante el verano.

Además de eso, hubo un intento por integrar el cuidado físico con el mental –se contrataron a dos trabajadores sociales, un psiquiatra y dos asistentes para ayudar en situaciones en las que la paciente confesaba abuso físico por parte de su pareja, o no podían ingeniárselas para seguir una dieta que pondría bajo control su diabetes. El programa fue un completo éxito a excepción del ámbito financiero, dijo Hartbatkin.

Y después se toparon con la contaduría. A finales del verano, Lyon-Martin se dio cuenta que se había salido del control de la persona que manejaba el departamento de contaduría. La situación estaba tan mal que el consorcio de Clínicas de la Comunidad de San Francisco les dio temporalmente a un asesor que tomó un control completo de la contaduría atrasada. El asesor se las arregló para hacer que las cuentas bajaran a casi $100,000 dólares que la clínica todavía está tratando de recuperar.

Cuando se le preguntó si la persona que había estado a cargo de la contaduría se sentía mal de cómo la situación se desarrolló, Hartbatkin contestó “no sé. Ya no trabaja aquí”.

Lyon-Martin tuvo que despedir a parte de su equipo. La administración sufrió un recorte económico a nómina. Negociaron una renta más baja, y recortaron gastos en provisiones médicas y para laboratorio.

Fue entonces cuando este fin de semana, la junta para la clínica Lyon-Martin le echó un ojo a las finanzas de la clínica. A pesar de eso, y dichas medidas, no se ve una solución.

“Tenemos una junta de voluntarios”, dijo Hartbatkin. “Tienen un buen corazón, pero no tienen las habilidades de dirigir una clínica. Están trabajando en revocar su decisión”.

“Cuando vine esta mañana había $9,000 dólares en nuestra cuenta de Paypal. Cerró por completo porque 9,000 es todo lo que podía tener. Tuvimos una reunión anoche. La falta de comunicación entre nosotros y la junta ya no existe. La junta tiene un grupo de personas con buen corazón que simplemente no tenían la información adecuada”.

“Necesitamos recaudar $500,000. $250,000 en las próximas semanas. Estamos tratando de tener una reunión con la ciudad. Un miembro de la junta recaudó $55,000 de amigos y familia. Hay un evento en El Río este fin de semana”. Se detuvo por un momento y dijo: “Me encantaría saber que lo que nos salvará será que 100,000 personas darán $5 dólares. Va a ser algo así, pero en realidad van a ser sólo algunas las personas que nos den $50,000 o $100,000”.

Desde el anuncio del día de ayer, Lyon-Martin ha estado tratando de salvar la clínica y prepararse para cerrar. Básicamente están tratado de pasar a sus clientes a otras clínicas. “Es difícil pensar a dónde van a ir”, dijo Harbatkin. “Todo mundo está muy limitado. Como BAART quienes están ampliando su cuidado básico. Pero su población esencial es de hombres adictos a la heroína. ¿Cuántas de nuestras pacientes mujeres se van a sentir cómodas ahí?”

Mientras tanto, en el laboratorio la asistente médica Claire Rase se pone un delantal de plástico, guantes azules de plástico, una máscara y se prepara para lavar un lavabo lleno de equipo para hacer pruebas. “Estamos esperando”, dijo Rase. “Definitivamente hay muchos pacientes que he visto y que han evitado buscar cuidado médico hasta que llegan aquí. Si usted es un hombre transgénero, llegar a una clínica con una barba y decir “estoy aquí para un examen pélvico” es algo que no mucha gente está lista para hacer –aunque nos gustaría pensar lo contrario”.

Por ahora, dijo Rase, la única opción es tener fe. “Acabamos de enviar una prueba de tuberculosis hoy y los resultados no van a llegar hasta el viernes. Estamos esperando”.

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Andrea hails from Mexico City and lives in the Mission where she works as a community interpreter. She has been involved with Mission Local since 2009 working as a translator and reporter.

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