Traducido por Andrea Valencia

Cole, uno de los mecánicos voluntarios en turno, hace un trabajo impresionante en no hacer una mueca de dolor cuando me ve levantar mi bici.

“Una de las cosas más importantes en cuanto a mantenimiento que puedes hacer”, dice tranquilamente “es mantener tu bici limpia”.

Los dos observamos mi bici: un marco Raleigh antiguo de acero muy sucio. Va por el nombre de Seabiscuit.

“Así que no se trata sólo de la imagen”, dije yo.

“Se trata de sacar el lodo para que puedas manejar”, dijo Cole.

Bike Kitchen es una organización sin fines de lucro en donde cualquier persona puede ir, rentar una estación de trabajo para bicis y arreglarla la propia. La música es buena y fuerte y casi siempre es post-punk. Ofrecen ayuda en cuanto a arreglos a la bici aunque como todos los mecánicos son voluntarios, la calidad del consejo puede variar. Cole parece ser de los buenos.

“¿Hola?” se escucha una voz detrás de nosotros. Es un muchacho. Con una bici.

Cole adopta la expresión forzada de amabilidad a punto de explicarle a alguien sobre un concepto no muy popular. “Algunos viernes”, dijo, “tenemos noche de mujeres, gay y transgénero (WTF) aquí en Bike Kitchen. ¿Te consideras en alguna de esas categorías?”

El muchacho se queda ahí parado, agarrando su manubrio y considerando las opciones mentalmente. Después de un minuto dice “¿Qué pasa si digo que soy transgénero?”

Cole suspira.

“Espera”, dice un muchacho. “También soy voluntario. ¿Puede ofrecer algunas horas como voluntario?”

“¿Puede ser…” dice Cole a manera de abogado en un tribunal que guía al testigo a la respuesta, “que te sientas intimidado? ¿Por gente que arregla bicis de manera normal?”

“Ah sí, siempre”, dice el muchacho aliviado de haber encontrado una fisura en la opresión.

“Normalmente diríamos no”, dijo Cole. “Pero esta noche no hay mucho movimiento. Y hay algunas partes de bicis en la parte de atrás que puedes ordenar”.

“Tú”, dijo Cole, volteando hacia mí, “necesitas desesperadamente un nuevo cable para cambiar velocidades”.

“Eso suena complicado”, digo yo. “¿No podemos apretarlo un poco o algo?”

“No”, dice Cole.

Poner el nuevo cable resulta ser bastante agradable. Sin embargo, Seabiscuit todavía no puede cambiar velocidades en el lado izquierdo, la principal razón por la que vine.

“Es tu cambiador”, dijo Cole. “No es apropiado para esta bici”.

“Odio ese cambiador”, digo. “Pero pagué un montón por ese cambiador. El cambiador se tiene que quedar”.

Lo que sucedió a continuación se puede explicar como un montaje infinito y fastidioso de ajustes al cambiador. De vez en cuando, algunas mujeres vienen a intentar arreglarlo. Una muchacha amable que parece haber salido de una película francesa sobre cómo arreglar una bici llega al lugar. Se pone su delantal de trabajo de tal manera que su arreglo de bufanda queda impecable, y agarra una llave inglesa. Su bici ni siquiera parece tener problemas.

Lo que sucedió a continuación fue otro montaje infinito y fastidioso de aflojar los tornillos. Las velocidades están cambiando, pero no lo suficientemente bien como deberían.

“Ah, ahora veo cuál es el problema”, dijo Cole. “El marco está doblado. Un poquito. Hay que quitar la llanta trasera y el cambiador y sacarle el golpe”.

“Me encanta hacer eso”, dijo otra voluntaria alzando la cabeza de donde ella y otra persona estaban trabajando y lo cual las ha llenado de grasa para bicis. “No hay nada como la primera vez que uno dobla el marco”.

Siempre he sentido un poco de ambivalencia sobre los espacios “para un sólo tipo de personas”, pero siento que estoy disfrutando mucho de la noche WTF.

Volteamos para ver a un hombre de mediana edad con cabello canoso vistiendo una camisa de franela y empujando una bicicleta al taller.

“Hm”, dice Cole. “Hoy es noche de mujeres. No, quiero decir que es noche de mujeres transgénero, lesbianas, gay…y también de mujeres”.

El muchacho se queda ahí parado, pensando las opciones. “¿O sea que no puedo arreglar mi bici aquí?”

“Esta noche no”, dijo Cole a manera de disculpa. Y entonces con ese mismo tono en el que le sugiere la respuesta al testigo le dice “a menos que…¿sientes que Bike Kitchen es a menudo opresivo o que no es un espacio que te da la bienvenida?”

“Pues”, dice el muchacho, “a menudo está lleno de gente”.

“Hm”, dice Cole. “Que haya mucha gente no es el tipo de opresión que estamos buscando”.

El hombre se queda ahí parado. “La verdad es que quiero arreglar mi bici”, dijo, casi para sí mismo.

Sube la mirada y dice “¿Y que pasa si soy bisexual?”

Cole suspira.

La noche WTF  se lleva acabo el segundo y cuarto viernes, más o menos, de cada mes. Esta noche habrá uno, de 6 a 9p.m., y las personas GLBTQ así como mujeres que quieran arreglar sus bicis, y gente GLBTQ y mujeres que quieran ayudar a gente a arreglar sus bicis, son bienvenidos a hacerlo.

*WTF. Acrónimo en Inglés para Women Transgendered Female aunque a menudo es usado para expresar la grosería What The Fuck. La escritora de este artículo, y Bike Kitchen, juegan con ambas acepciones.

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Andrea hails from Mexico City and lives in the Mission where she works as a community interpreter. She has been involved with Mission Local since 2009 working as a translator and reporter.

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