Traducido por Andrea Valencia

De la Primera a la Cuarta Entrada: La Buena Racha

Por si no fuera malo que los Gigantes hubieran vuelto a perder contra los Padres de San Diego anoche, el resumen de esta mañana en las páginas deportivas y la blogosfera han hecho que las cosas se vean más oscuras y frías del clima que hay afuera. La melancolía se acrecienta al “perder ocho de nueve este año”, y luego está el “promedio de sólo dos carreras por juego”.

Es como si un chamán maléfico le hubiera puesto una maldición a los Gigantes por toda la alegría que han traído al mundo. No fue hasta que fui al estadio y agarré mi copia de la “Información del Juego” de los Gigante que me di cuenta de que había un rayo de luz: “Los Gigantes han terminado 4 a 0 esta temporada en andar regalando puntos”.

Los primeros 20,000 admiradores de hoy han recibido al muñeco cabezón Bruce Bochy. Gratis.

Para la hora del juego, 1:10 p.m., la mayor parte de la neblina se había oficialmente eliminado y con sol en el campo, la temperatura era de 61 F. Me pregunto si la mala racha de los Gigantes se debe a la superioridad de los Padres o si sólo es mala suerte.  Claro que los Padres ponen atención a los “detalles”, pero los Gigantes también lo hacen. ¿Qué los Gigantes se ahogan en los Grandes Juegos? ¿Tendrán los Padres la actitud de poder realizar una buena jugada?

Un elemento de los Padres está visiblemente mejor: Mat Latos, el lanzador de hoy. La última vez que Latos lanzó en el estadio del Arroyo Misión, Eli Whiteside obtuvo un hit en el cuadro interior. Punto. Hoy día, parece ser que continúa con el mismo desempeño. Puede lanzar una bola rápida a 97 mph, lo cual quiere decir que su lanzamiento de bola quebrada con cambio de velocidad y bolas rápidas a una velocidad impredecible será significativamente más lenta, más tentadora y engañosa. Lo puede dictar, y lo hará. No hemos visto a un lanzador como él en un tiempo.

Mientras tanto, los Gigantes han enviado a su reciente lanzador post-pueril, Madison Bumgarner, al montículo. Está bien, pero se ve como si todavía estuviera creciendo. Puede ser su actitud embobada en general, pero parece estar más fuera de sincronía que nunca. ¿Serán los nervios? Los Gigantes se le trepan por todos lados al muchacho, pero Bumgarner lo mantiene en una carrera. El problema es que, con la forma en que Latos ha estado lanzando, una carrera puede que sea suficiente.

De la Quinta a la Octava Entrada: Muy a la Derecha

En su libro Triump and Tragedy in Mudville, el paleontólogo Stephen Jay Gould describió el análisis estadístico al haber mostrado una variedad de rachas en el béisbol de todos aquéllos que fracasaban en el marco de lo que se esperaba en una distribución al azar o a la suerte. La única excepción fue el juego número 56 de Joe DiMaggio en su buena racha de bateo. ¿Significará esto que los Gigantes ya están acabados? Tal vez, pero no con Mat Latos en el montículo. No tiene nada de suerte la forma en que lanza.

Con los Gigantes en segunda y tercera base, Latos se enfrenta a Andrés Torres, uno de los mejores bateadores para los Gigantes con corredores en base. Después de que una bola quebrada de 79 mph va muy lenta por una bola, Latos lanza cuatro bolas rápidas consecutivas que varían entre 92 y 95 mph. Con un conteo completo, dos bolas y un strike, Torres espera otra bola rápida. Abanica demasiado adelantado, muy alto y queda ponchado.

En la sexta entrada, Latos se queda atrás de Pat Burrell 3-0 después de haber lanzado una bola lenta quebrada y dos bolas rápidas. Burrell ha tenido una racha de bateo en las últimas semanas, ¿pero, qué es lo que hace Latos? Tres bolas rápidas. La última fue la más rápida y Burrell se la pasa bateando.

Mientras tanto, Bumgarner ha regalado otra carrera. Está lanzando bien, pero no lo suficientemente bien. Abandono el palco de prensa para ir a donde escucho las porras que comienzan cuando se le atina a las altas notas durante el Himno Nacional –en la tribuna del campo superior derecho, sección 302.

Para cuando ya me hice camino en un asiento en la penúltima fila, Pablo Sandoval se para en el plato a distancia.

Detrás de mí, un muchacho grita “Tírale otra bola y pónchalo”.

“Cariño”, le ruega la mujer a lado de él, “no seas así”.

Él: “Ese tipo come demasiados burritos”.

Ella: “¿Cómo sabes lo que come?”

Él: “No tiene una disciplina alimentaria”.

Ella: “Mira quien habla”.

Él: “Lo que quiero decir es que el le pega a lo que sea”.

Latos ha lanzado tres bolas rápidas directas fuera de la zona de strike; Sandoval le abanica a dos de ellas. Al escuchar al muchacho detrás de mí, Latos lanza otra bola rápida, ésta fue alta, y el Panda vuelve a abaniquear –lanzando la pelota por el aire hacia la boca del Arroyo Misión por segunda vez en tres juegos.

Latos se va después del jonrón de Sandoval, pero los Gigantes todavía necesitan completar otra carrera en contra del mejor bullpen en la liga. En el doble de Aubrey Huff, los Gigantes anotan dicha carrera en la octava.

De la Novena Entrada a la Onceava: Las Cosas Pequeñas

En La Psicología del Béisbol, Mike Stadler concuerda en general con lo que Gould informó. Otros estudios han puesto en duda que las rachas y las malas épocas son más que algo que se deja al azar. Lo mismo se puede decir sobre los jugadores clave y los que no cumplen con la expectativa de juego, por lo menos al nivel profesional aunque no todo mundo está de acuerdo. Bill James, quien hizo deporte de las estadísticas, escribe en Underestimating the Fog que sólo porque podamos ver un patrón o secuencia subyacente, no significa que no exista. Puede ser que la “neblina” de la incertidumbre sea demasiado espesa.

La neblina de San Francisco, ciertamente, comienza a acaparar al estadio al final de la onceava. Pero Buster Posey le pega a una bola directa que pasa al lanzador sobre la segunda, en donde Jerry Hairston, correteando la bola, la patea al centro superficial. Posey observa a los Padres confundido y no se detiene al principio. La multitud suelta un respiro colectivo -¿Está loco? Tal vez, pero esta vez está bien. Sandoval hace una caminata intencional; Juan Uribe alinea el primer lanzamiento que ve directo hacia el campo; Posey no se detiene cuando llega  a tercera base, le gana al lanzamiento pero de cualquier manera cae de panza en el plato y ¡los Gigantes terminan con la maldición de los Padres!

Después del juego, Bruce Bochy sólo podía decir no con la cabeza: “Fue una gran victoria”.

Mark Rabine

Mark Rabine has lived in the Mission for over 40 years. "What a long strange trip it's been."

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