Super China Fun Fast Food fue cerrado debido a "presencia de roedores", después de una inspección del 16 de febrero. Los propietarios solucionaron la violación al día siguiente. Hoy día, un letrero muestra que un nuevo restaurante abrirá pronto.
Traducido por Andrea Valencia

La calle 24 se ha convertido en la calle más atrayente en la ciudad para las ratas, según muestran los registros.

Mission Loc@l encontró que en la ciudad, los funcionarios de salubridad han cerrado por lo menos 11 restaurantes durante el año pasado debido a plagas de roedores. De dichos, cinco fueron cerrados en el Distrito de la Misión y tres de ellos se encontraban sobre la calle 24: China Fun Fast Food en el 3166, el Restaurante Usulután en el 2990 y el Nuevo Fruitlandia en el 3077.

Los tres restaurantes lidiaron con las violaciones y volvieron a abrir, según muestran los registros.

En otros lugares a lo largo de la calle 24, un restaurante recibió una violación de “riesgo moderado”, lo cual quiere decir que los inspectores encontraron ratas que no pertenecían al restaurante pero que tampoco estaban lejos de la cocina. Diez otros restaurantes recibieron advertencias de “bajo riesgo”, lo cual indica que tenían lugares en los que los roedores se podían esconder. Ninguna otra calle en la Misión se acerca a tener tantos restaurantes cerrados debido a roedores y advertencias este año, como los tuvo la calle 24.

Pero los registros indican que un restaurante sobre la calle 24 podría tener una alta puntuación muy fácilmente. En realidad, la mayoría de los restaurantes a lo largo de la calle han recibido de manera consistente puntajes de inspección de salubridad de 90 o más, incluyendo a la panadería mexicana Domínguez, el Tío Chilo’s Grill y La Torta Gorda.

El por qué algunos restaurantes mantienen altos puntajes mientras que otros fracasan se atribuye a las prácticas de higiene, dijeron los inspectores de salubridad. Varios expertos en roedores estuvieron de acuerdo en que si un establecimiento crea una situación en la que un roedor se pueda mover, lo harán. Helen Zverina, inspectora de salubridad superior en el programa de control de vectores para el Departamento de Salubridad Pública, dijo que las ratas deambulan por San Francisco, pero que “le corresponde a los propietarios no dejar que los roedores entren”.

Los inspectores de salubridad provenientes de diferentes departamentos de condado y un proveedor de control de pestes dijeron que las razones más comunes para que haya plagas incluye a los edificios antiguos, los cuales tienen más espacios para que se escondan las ratas y que en los edificios en los que hay construcción cercana existen malas prácticas higiénicas, una falta de conocimiento alimentario y un insuficiente control de pestes.

“A menudo, la primera cosa que desaparece son los servicios de control de pestes cuando recortan costos”, dijo Alicia Enríquez del Departamento de Salud Medioambiental de Sacramento.

En el caso de el Mercado de Víveres El Chico, ubicado en la esquina de las calles 24 y Alabama, el problema fue la falta de conocimiento en cuanto a cómo manejar la comida. El 1ro de junio, un inspector de salubridad encontró varias violaciones, incluyendo la más seria: que el equipo dejaba el bote de basura sin tapar, lo cual atraía a las moscas. Además, el inspector encontró que ningún empleado poseía un certificado de seguridad alimentaria, requerido por ley, y les dio 30 días para adquirir uno.

Fernando Cerdán, gerente del mercado, dijo que las violaciones se habían arreglado y que un empleado estaba registrado en el programa de seguridad alimentaria. Los registros muestran que el mercado cumplió en solucionar todas las violaciones el 10 de junio.

Inés Blanco, propietaria de El Nuevo Fruitlandia, dijo que estar al tanto del mantenimiento de su cocina se volvió muy difícil cuando su situación económica empeoró. Su esposo, quien trabaja en construcción, no tuvo trabajo durante un año y medio. Perdieron dos casas en una crisis hipotecaria y tienen una gran deuda.

El restaurante, el que alguna vez fue una fuente de orgullo y el cual adquirió hace 15 años después de haber trabajado como mesera durante diete años, no ha recibido un puntaje por debajo de 90 en cinco años. Después, el 24 de marzo, los inspectores lo cerraron porque había una “plaga de roedores”.

El Tío Chilo’s Grill, en el 2872 de la calle 24, muetra orgullosamente su puntaje perfecto así como su informe de inspección.

La inspección fue una llamada de advertencia para ella, dijo Blanco. “El inspector estaba impresionado con lo limpio que estaba después”. Solucionaron la violación dos días después.

Incluso así, ha estado contemplando cerrar el lugar. Han pasado muchos años desde que obtenía una ganancia.

La mayoría de los restaurantes que han tenido un buen puntaje en la actualidad han tenido un buen puntaje en el pasado. Los propietarios y los funcionarios de salubridad dijeron que sus altos puntajes tienen que ver con el orgullo y con establecer y mantener prácticas de alta higiene.

“La higiene es la prioridad número uno”, dijo Elizabeth Vázquez, propietaria de El Tío Chilo, el cual obtuvo una puntuación por encima del 90 desde el año 2007. Dijo que inculca en sus empleados buenos hábitos de manejo alimentario porque solía ser mesera en un restaurante muy estricto.

Este es también el caso de Luis Bolaños, el gerente de La Torta Gorda, el cual no ha tenido un puntaje menor a 95 desde el año 2007.

“Uno necesita tener los ingredientes básicos y no sobre producir”, dijo Bolaños. “además de los hábitos que uno adquiere con el pasar de los años, y seguir el consejo del inspector”.

El Tío Chilo, el Sushi Bistro y La Torta Gorda muestran orgullosamente sus puntajes de 100 en su ventana frontal.

Mientras tanto, los restaurantes multados por roedores no mostraban ni sus tarjetas verdes de puntaje ni sus informes de inspección.

El Chico Produce, el cual no cerró, tenía su informe de inspección en la entrada, pero la fecha era del 2008.

No se le obliga  a los restaurantes mostrar sus tarjetas verdes de puntaje. Los informes de inspección “deben mostrarse o presentarse si se piden”, de acuerdo con las normas de la ciudad.

“A los clientes les importa si el restaurante está limpio o no”, dijo Vázquez. “A mí sí me importaría”.

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Rigoberto Hernandez is a journalism student at San Francisco State University. He has interned at The Oregonian and The Orange County Register, but prefers to report on the Mission District. In his spare time he can be found riding his bike around the city, going to Giants games and admiring the Stable building.

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