El Destino de la Librería Adobe Permanece Incierto

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En la librería Adobe, la escritora Rebecca Solnit le preguntó a un gran público reunido entorno a ella si recordaban cuando el local organizaba las colecciones de libros por color. La gente asintió con la cabeza y soltó risas, lo que apuntaba a que las más de 60 personas que asistieron al evento “Celebración de la Librería Adobe” han visto a la librería en una de sus más memorables transformaciones.

“¿Qué es lo que hace que alguien sea de San Francisco?” preguntó. Solnit adivinó que tal vez era cuando alguien se quejaba de que algo familiar había desaparecido, como la mujer que alguna vez conoció y que le dijo que la vista desde su casa de la bahía quedó arruinada con la construcción del puenta Golden Gate.

“Comiencen a abastecerse de recuerdos de lo que solía ser”, le aconsejó Solnit al público de jóvenes y grandes sentados en sillas usadas o parados de puntitas y observando por entre los libreros. “Espero no tener que recordar que Adobe cerró”.

Nadie, ni siquiera el propietario Andrew McKinley, sabe exactamente qué será de la querida librería al borde de la extinción. “Hay un mensaje confuso que hace que la gente se enloquezca”, dijo McKinley un día después del evento. “A la gente le gustaría saber si ya no vamos a estar, y en realidad no puedo decir qué va a pasar”.

La vida de la Librería Adobe se vio amenazada la primavera pasada cuando hubo un aumento de renta del 35 por ciento, así como por el aumento de ventas de libros en línea y la publicación digital. De acuerdo con documentos del Departamento de Urbanismo de San Francisco, el diseñador de la tienda minorista Jack Spade de ropa para hombres expresó interés en rentar el espacio. Adobe, que esperaba cerrar a finales de agosto, tuvo éxito en posponer la clausura gracias a la propuesta de los amigos de Mckinley y los admiradores del local de transformar el lugar en un colectivo operado por individuos.

El mensaje confuso engloba la tristeza, confusión, emoción, celebración y ahora incertidumbre entorno a si se recaudará o no el dinero, —todas consideraciones que han llegado al internet.

Hace meses circularon rumores de que Adobe ya no existía. McKinley, quien orgullosamente declaró que no estará en línea en absoluto, dijo que eso creó revuelo.

“Me entristece mucho leer esto”, escribió alguien cuando un evento llamado “Lectura de Despedida para la Librería Adobe” se creó en la página de Facebook de Adobe el 10 de enero. “Vamos a extrañar a Adobe”.

“Esta es nuestra sala de recreo y el lugar donde crecimos”, escribió otra persona.

Paul La Farge, amigo de McKinley y quien vive en Nueva York, organizó que Solnit y escritores como Stephen Elliott y Michelle Tea leyeran de sus libros, en honor a la clausura del local. Mientras tanto, McKinley estaba vendiendo su inventario de libros, preparándose para lo peor.

Dos días después, se añadió un signo de interrogación al nombre del evento: “Una Lectura de Despedida (¿?) para la Librería Adobe”.

Cinco minutos después del mensaje hubo otro mensaje de La Farge: “CORRECCIÓN IMPORTANTE Y ESPERANZADORA: Me han avisado que están haciendo un esfuerzo por mantener Adobe abierto al transformarlo en una cooperativa”.

En los últimos seis meses, un grupo se congregó para desarrollar el Cooperativo de Artes y Libros de Adobe, un grupo operado y respaldado por miembros que podría salvar el local si se ampliaba a un negocio sostenible.

“Me encanta Adobe y odio perder algo tan importante para la historia de la Misión y algo que respalda tanto las artes”, dijo Jeff Ray, uno de los líderes del esfuerzo para convertirlo en una cooperativa para prolongar y transformar la existencia de Adobe.

El 14 de enero, el nombre del evento se cambió una vez más a “Una Celebración de la Librería Adobe”.

Dedicado a retener el espíritu de generosidad e integración de McKinley, el grupo de trabajo está en proceso de hacer el borrador de un plan de negocios que incluya la expansión de la galería de arte y la venta de nuevos libros, obra y artesanías originales y medios escritos. Se planeará una variedad de tiendas pop-up, exhibiciones artísticas, espectáculos y actividades culturales para motivar a la gente a que participe.

“Una cooperativa necesita una guía de un intento por hacer que la comunidad se comprometa”, dijo Howard Gutstadt, uno de los miembros del grupo movilizado. “Mientras más compromiso haya de la comunidad, más grande será el éxito”.

El grupo, del cual McKinley es parte, ha investigado otros locales que han podido revolucionar la tendencia de ir en contra de las librerías independientes; entre los lugares que lo han inspirado se encuentran The Booksmith, Park Life, Noisebridge, Printed Matter, Pierogi Flat File Gallery, City Art Gallery y la cooperativa Rainbow Grocery.

“Es una cuestión de hacer que las piezas de un complicado rompecabezas encajen”, dijo Gutstadt. “Pero si uno no lo intenta, entonces todo se deshace”.

Algunas de las piezas incluyen hacer que más gente se comprometa a recaudar al menos $60,000 y esperar a que el casero del edificio le guste el plan del nuevo negocio. “Él preferiría que sucediera otra cosa”, dijo McKinley. “Pero, considerará nuestra propuesta”.

McKinley declaró que el casero ha permitido que la librería se quede hasta que el grupo tenga algo solucionado. No obstante, alberga el temor de que podrían darles el aviso de tres meses de anticipación en cualquier momento.

En la carta que Jack Spade presentó al administrador de zonificación, la compañía establece que es importante “convertirse en parte del tejido del barrio”.

Como minorista de la moda, decía la carta, Jack Spade “hizo un gran esfuerzo en encontrar ubicaciones de bienes raíces para que sus boutiques sean únicas, para mentes creativas y en comunidades culturalmente diversas que les dieran la bienvenida como vecinos”. Aunque vende bolsos de lona por $395 y un impermeable para la lluvia por $495, Jack Spade sostiene que opera como una tienda tradicional de ropa elegante para caballeros, con un enfoque en la relación con los clientes y la comunidad.

A David G. Williams, un partidario de Adobe desde hace tiempo, le entristece el pensamiento de perder un lugar relajante en el que a menudo encuentra cachivaches únicos como viejos libros militares. “Espero que puedan hacer algo”, dijo mientras veía los libros del local. “Este es un lugar al que no parece faltarle dinero. Hay lugares donde sentarse, gente platicando”.

Sin embargo, se muestra escéptico ante la idea de la cooperativa. “Algunas veces las cosas son difíciles de administrar”, dijo. Pero está dispuesto a ayudar.

“Si la cooperativa no recauda suficiente dinero y obtiene un buen contrato arrendatario del casero, entonces desapareceremos”, dijo McKinley mientras vendía pilas de libros baratos a 75% de descuento.

Gutstadt declaró que el destino de Adobe se decidirá en los siguientes 30 a 60 días.

Ya sea que el evento de la semana pasada haya sido una despedida a una institución que se ha convertido en algo familiar para tantos, o un rezo colectivo de que el nuevo plan de negocios se aceptará, era un tributo a un espacio que le ha dado la bienvenida a escritores, poetas, artistas, activistas y a la comunidad durante años.

“Quería venir y ofrecer mis respetos a este lugar que me ha importado tanto”, dijo La Farge antes de presentar a McKinley. La Farge le dijo al público que cuando se lo mencionaba a amigos en ciudades y pueblos en todo el país que Adobe iba a cerrar, le compartían relatos preciados. “Resultó ser que todo mundo tenía relatos sobre Adobe”, dijo.

Stephen Elliott recordó las horas que alguna vez pasó leyendo, escribiendo y observando en la librería. Elliott habló de gente que dormía en el sofá, un nombre asiduo era Swan quien escribía estrepitosamente en su máquina de escribir, el olor a curry en la calle, y los tres empleados de Adobe con los que salió.

“Demasiadas de las cosas que he escrito tienen una relación directa con Adobe”, dijo Elliott. “Me encanta este lugar. Es un tesoro oculto, una medicina para cierto tipo de enfermedad”.

En el evento, un señor se quedó dormido sentado en el sofá, con la cabeza inclinada, y roncando sonoramente. Otro recitaba poesía entre lecturas y caminaba con una caja de Popeye’s llena de cambio.

McKinley le dijo al público que la forma en que ha administrado el local ya no es viable. “Ha sido la mejor parte de mi vida”, dijo. “Es importante mantener esto aquí y vamos a depender de la caridad de otros”.

Le advirtió al público de la campaña para recaudar fondos que está a punto de comenzar, la cual incluye planes de recaudación en Indiegogo. “Necesitamos luchar para hacer esto y registrar a todo mundo en un ejército socorrista”, dijo. “Si todos ustedes pudieran ayudar, sería genial. No voy a rogar, pero voy a desear”.

McKinley es amistoso y amable, y conoce casi a todo mundo por su nombre. Cuando ve a clientes con libros que han escogido, les dice que está contento de que hayan encontrado lo que estaban buscando. Les hace saber que es un placer tenerlos.

McKinley no ha pensado mucho sobre lo que le gustaría que fuera Adobe porque ha estado muy ocupado intentado rescatarlo. Pero, espera que si sobrevive, “más poetas incipientes, pintores y bohemios llegaran por la puerta”.

Gutstadt y los otros miembros del grupo son optimistas de que pueden crear un espacio que se convierta en un grupo diverso dentro del contexto de un intercambio creativo. “Andrew ha estado detrás de esto durante 23 años”, dijo Gutstadt. “El resto de nosotros sólo ha intentado llevar el legado y ver si podemos hacer algo con él”.

En el evento, Rebecca Solnit admitió no tener idea de cuándo debería detener la lectura. “Podría seguir eternamente”, le dijo al público callado y atento. Parecía ser que también podrían escuchar eternamente. Y así fue que se encontró con este renglón: “un mismo lugar, un mundo diferente”.

“Un mismo lugar, un mundo diferente”, dijo. “Es posible que ese sea un buen lugar en donde detenerse”.

El grupo se reúne cada martes a las 7p.m en la Librería Adobe para hablar de los planes para la cooperativa. Cualquier persona que quiera participar está invitada a asistir. Para más información, visite la página de Facebook de la librería Adobe

 

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