En Mission Girls Center Se Fomenta la Superación Personal

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En una noche lluviosa de miércoles en el Mission Girls Center, Noia Siamu, coordinadora de servicios, le pidió a una muchacha un momento para hablar.

“Tengo algo importante que decirte”.

“¿Qué hice?” preguntó con curiosidad Alex Rodríguez, de 17 años de edad, mordiéndose el labio y escondiéndose detrás de la gran gorra de los Gigantes que tenía puesta.

“¡Es algo bueno! Como sabes, cada año hacemos viajes en autobús a universidades. Los lugares están contados [y] escogemos… a participantes que son activos, participantes que se comprometen y participantes que creemos que están pensando en su futuro”.

“Así que te escogí a ti”.

Rodríguez simulo no estar emocionada.

“Y, ¿tenemos que irnos de esta parte de la ciudad?”

“Tenemos que irnos de esta parte del estado. ¡Es el descuidado sur!” Las muchachas harán un recorrido por Alabama y Georgia. “¿Qué te parece?” le preguntó Noia.

“Está bien”.

Rodríguez es una de las casi diez participantes en el programa Young Queens on the Rise, una iniciativa de la organización local sin fines de lucro Mission Girls que tiene como objetivo mejorar las vidas de mujeres jóvenes “en riesgo” que han tenido contacto con la ley, con el sistema de correccional de menores, o que faltan a la escuela.

Young Queens es una organización que agrupa otros tres grupos: el grupo de rehabilitación trabaja con muchachas que estuvieron o que siguen participando en el sistema; el grupo de prevención le ayuda a las muchachas que muestran una conducta riesgosa; y, el programa Raíces ofrece talleres de salud sexual y habilidades vitales para muchachas que están en la escuela.

El viaje en autobús para visitar universidades es uno de los muchos eventos creativos con el objetivo de cultivar a mujeres fuertes y exitosas. Otras actividades incluyen yoga, boxeo, preparación de cocina cultural y una colaboración con la oficina del fiscal en la prevención de violencia. El siguiente artículo en la minuta, por ejemplo, incluye una visita a un sindicato local de crédito para aprender a equilibrar el gasto y el ahorro.

Rodríguez y su amiga Dora Gutiérrez, de 18 años de edad, son las únicas dos presentes en la noche de miércoles de actividades de Young Queens que se realiza cada semana. No obstante, Noia no deja pasar la oportunidad para hablar, interactuar y compartir risas con las muchachas.

Siendo la única persona del programa a tiempo completo, Noia es como una hermana mayor. La joven mentora samoa-estadounidense le habla a las muchachas en un tono con el que se pueden identificar, les muestra paciencia al bromear y fomenta la expresión personal en una atmósfera en la que no se juzga.

Entre cada actividad en la que se registran en la noche de miércoles, Noia ha encontrado el tiempo apropiado para compartir una lección de vida.

“Quiero que piensen en cuando se ponen metas. ¿Qué se dicen a sí mismas cuando se despiertan en la mañana?”

“Ya despiértate”, bromeó Gutiérrez, quien es madre de JJ, quien casi cumple el año.

“¿Qué más se dicen?”

“¡Voy a llegar tarde!” agregó Gutiérrez.

“¿Qué más?”

“Tengo que ir a la escuela porque si no voy a la escuela, no tendré las libertades que tengo ahora”, dijo Rodríguez con una completa naturalidad.

Noia se siente satisfecha con dicha respuesta. “Saben lo que tienen que hacer, las consecuencias, los riesgos. Quiero que se pongan retos. Así que cuando se levanten en la mañana, digan algo positivo”.

Rodríguez y Gutiérrez (la más expresiva de las dos) son bastante bromistas —se ríen un poco sobre acosar a los profesores para que les den cartas de recomendación, un poco más sobre modelos bien parecidos en las revistas— pero respetan a Noia.

Rodríguez escucha con atención cuando Noia le aconseja ser un modelo a seguir positivo para participantes más jóvenes.

“Si en algún momento entran en contacto con cualquiera de las Mission Girls fuera de aquí, y si ven que algo sucede… necesito que se porten como un mayor y que piensen con lógica sobre la situación. Por cada acción hay una consecuencia, entiendan lo que digo. Sé que tienen influencia, sé que tienen un impacto positivo”.

Es una responsabilidad que Rodríguez parece estar dispuesta a asumir.

El registro semanal es, tal vez, uno de los pocos entornos en los que estas jóvenes muchachas pueden hablar honestamente y en verdad ser escuchadas.

Las muchachas —quienes muestran una personalidad aparentemente ruda pero que irradian una inocencia infantil— comparten voluntariamente sus aspiraciones y metas en la vida con Noia y una periodista. Gutiérrez sueña con tener una niña pequeña y con trabajar como agente de libertad probatoria. Rodríguez ve el futuro con dos niños y low-riders.

Como programa de servicios para jóvenes bajo los Centros del Barrio de la Misión, Mission Girls espera inspirar y motivar a muchachas para que sean independientes y exitosas. Es una organización dirigida sólo por mujeres que tiene como objetivo ofrecer un espacio seguro para muchachas que se sienten queridas, comparten secretos, aspiraciones y hacen preguntas, dijo Susana Ramos, residente desde hace tiempo en la Misión y directora de servicios para Mission Girls.

Ramos, quien comenzó su carrera profesional en Mission Girls hace 19 años, dijo entender los singulares retos a los que se enfrentan las muchachas en el Distrito de la Misión.

“Muchas de las muchachas en la Misión que crecen con límites con los que otras muchachas no crecen… los menores en la Misión tienen que saber qué está pasando y en dónde viven y cuáles son los límites… y cómo es que evitan quedar atrapadas en dichos límites para que puedan ir cuadra a cuadra sin preocuparse.

“Es muy difíciles para las muchachas en la Misión encontrar su identidad y poder saber quiénes son sin influencias [externas]… es difícil sólo ser una muchacha y luego entender qué lugar ocupan en entornos diferentes”.

Marisol Pérez, trabajadora de medio tiempo, de 18 años de edad, le da crédito a Mission Girls por consolidar su objetivo profesional de convertirse en trabajadora social y por ayudarla a convertirse en una mujer segura.

Hace casi tres años, Pérez estaba en el programa después de la escuela, el cual ofrece apoyo educativo para muchachas de secundaria, y hace poco regresó como la persona más joven que era parte del equipo de trabajo de la organización.

“Perdí a mi mamá cuando era pequeña… así que este es como el tipo de lugar al que voy y al que me escapo cuando no tengo nada más que hacer”, dijo Pérez.

“Creo que regresé por el apoyo”, agregó. “Esto es algo que haría gratis, conocer a las muchachas, establecer relaciones con ellas, que se puedan comunicar conmigo sobre la escuela o lo que sea. Me recuerdan mucho a mí misma. Así que es agradable estar del otro lado del charco y verlas crecer como mujeres”.

 

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