La Limpieza del Legado de las Gasolineras

A map of contaminated sites in the Mission District

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Lo que el Distrito de la Misión no tiene en gente acaudalada lo compensa con gasolineras.

Debido a que el barrio solía ser un gran corredor de traslado, “estaban por todos lados”, dijo Albert Lee, quien maneja muchos de los casos de limpieza municipal como inspector general del Programa de Vigilancia Local del Departamento de Salubridad.

El legado de dicha recompensa es la contaminación. Los tanques originales se construyeron con acero que inevitablemente se oxidó y comenzaron a gotear. Otros barrios, como el acaudalado Nob Hill, también experimentó goteras de contaminantes aunque dichas goteras se produjeron en tanques individuales de aceite de calefacción, precisó Lee.

Un mapa de los sitios contaminados en la Misión muestra 157 sitios desaparecidos y 15 que todavía existen. Las bocanadas de humo de contaminantes provienen casi exclusivamente de tanques subterráneos de almacenamiento de una generación antigua en la que las gasolineras almacenaban gasolina, dijo Chuck Headlee, director de tanques subterráneos de almacenaje con la Junta de Control Regional de Calidad del Agua del Área de la Bahía de San Francisco.

Los tanques antiguos estaban hechos de acero y de una sola pared, por lo que se oxidan y gotean fácilmente. Sin embargo, no necesitan permiso para instalación, precisó Headlee.

Cuando California puso en marcha su programa de tanques subterráneos de almacenaje en 1984, los propietarios de tanques se apresuraron a retirar o a actualizar los viejos tanques.

A medida de que cavaban los tanques, los propietarios descubrieron que la mayor parte de las bocanadas de humo que se muestran en el mapa, en donde se incluyen todas excepto tres de las que todavía quedan. A nivel municipal, el 95% de los 1,900 sitios ya se han limpiado.

“Toda la limpieza que estamos haciendo son cosas que han quedado de legado, de los tanques de generación más antigua”, dijo Headlee. Los tanques más nuevos que se instalaron en los ‘80 en general no gotean.

Los casos que todavía están en curso, simple y sencillamente han sido más difíciles de limpiar, dijo Headlee. Todos los sitios que quedan se monitorean, según declararon funcionarios de salubridad, y representan una mínima amenaza de daño a la salud humana, aunque es posible que afecten los valores de propiedad.

Las limpiezas “se enfocaron en los ’80 y se estancó en los ‘90”, dijo Steven Hill, director de la División de Limpieza de Tóxicos con la Junta de Aguas Estatales.

Algunos de los casi 1,900 casos municipales por contaminación estaban relacionados con múltiples tanques, y más de 1,800 se han limpiado, precisó Headlee.

Con la mayor parte de las limpiezas “las fáciles, uno puede terminar en tres a cuatro años”, dijo Lee. Pero muchos de los casos que permanecen han tomado más de una década el poder cerrarlos debido a su tamaño o ubicación.

El tan sólo ubicar los límites exactos de una bocanada de gases puede ser la parte más difícil en un caso de limpieza.

Una vez que la gasolina entra en el agua subterránea, “se hace móvil”, dijo Lee. “Cuando llueve, el agua sube; cuando está seco el agua subterránea vuelve a bajar. Por lo que puede tomar algunos años al menos, el poder ubicar las bocanadas de gases”.

Incluso si la bocanada de gas no es móvil, puede ser difícil llegar a ella. Ese fue el caso en el 401 de la Avenida Potrero, en donde hoy día se encuentra una gasolinera 76 y el Centro Potrero de Pruebas de Smog. Es un sitio activo y difícil porque se encuentra encima de un basamento.

Se necesitan por lo menos tres pozos de monitoreo para triangular la ubicación de una bocanada de gas, dijo Lee, pero cuando el equipo intentó perforar los pozos en el 401 Potrero en 2007 y 2008, sólo pudieron perforar uno por el basamento.

“Uno se topa con líneas eléctricas subterráneas, líneas de alcantarillado, líneas de agua o fibra óptica. O el pozo se adentra, se seca, y entonces uno tiene que hacer nuevos planes, y toma entre seis meses y un año y adicionalmente entre $5,000 a $6,000 dólares para poner otro pozo”, dijo Lee. “Es algo que sigue y sigue”.

En aproximadamente los próximos cuatro años, el quipo perforará con éxito suficientes pozos en el 401 Potero para trazar la bocanada de gas. Después de analizar las pruebas de los pozos, declaró Lee, “en mi mente, está listo para clausurarse”.

En el 793 de la Avenida South Van Ness, la ubicación de lo que solía ser una gasolinera Shell, Lee todavía está a la espera de resultados concluyentes de las pruebas evaluadas. Aunque el caso ha estado abierto desde hace 15 años, “la bocanada de gas no se ha definido en realidad”, dijo.

Ninguno de los tres pozos fueron suficientes como para trazar la contaminación completa en el sitio de South Van Ness, por lo que la parte responsable le tuvo que pedir a los vecinos permiso para poder hacer una perforación de seguimiento en los pozos que estaban en su propiedad —lo que alentó el proceso.

Los primeros pozos se perforaron a finales de los ’90, y el último se hizo hace apenas un año y medio, dijo Lee.

Asimismo, las limpiezas se pueden retrasar por errores administrativos. La Preparatoria John O’Connell en el 2355 Folsom, por ejemplo, era el sitio en donde en 1998 hubo un derrame de aceite para calefacción. La escuela pagó para que se hiciera una investigación, pero el informe se perdió a finales de los 90 “seguramente se perdió en el camino”, dijo Lee. Si el informe no aparece, tendrá que ordenar una nueva investigación.

Algunas veces, el Departamento de Salubridad cierra un caso y luego, años más tarde lo vuelve a abrir. En 1986, cerró un caso en el Complejo de PG&E en Shotwell, en el 3235 de la calle 18 porque decidió que la contaminación era móvil, “tapada” con asfalto y concreto para evitar que hubiera contacto humano directo, según la trabajadora principal del caso, Stephanie Cushing.

“En algunos casos, el aplacamiento no es posible”, y la ciudad sólo puede mitigar los efectos de contaminación en la salud humana, dijo Cushing. Por lo tanto, se puso la cubierta de concreto.

El departamento colocó una restricción en las escrituras de la propiedad que le exigen a PG&E a volver a abrir el caso, en caso de que quiera romper la tapa por alguna razón. PG&E hizo eso exactamente, en espera de trazar los límites específicos de la bocanada de gas y ubicar un área no afectada para instalar un elevador de manera segura, dijo Cushing. El caso sigue abierto.

Cuando una bocanada de gasolina se descubre, el propietario de la propiedad contaminada paga la cuenta. El departamento de salubridad puede presentar un caso penal en contra de los propietarios que no cumplen, o cobrarles $1,000 dólares al día bajo el código de agua, dijo Headlee.

No obstante, la mayoría no cumple, dijo, porque California tiene un fondo que reembolso a los propietarios por eliminación de tanques.

A nivel estatal, alrededor de los 8,000 sitios de tanques subterráneos se están limpiando actualmente, y alrededor de 3,500 tienen cobertura del fondo estatal, dijo John Russel, asistente adjunto al director de la División de Asistencia Financiera en la Junta de Control de Recursos de Aguas Estatales.

 

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