Un joven alto llega al Café Zazo, un pequeño restaurante enfrente de Rainbow Grocery. Le gustaría la hamburguesa mexicana California y una taza de café, dice, pero después pregunta “¿tienen café orgánico?”

“Así es”, dijo Nick Gutiérrez, el propietario, “sí tenemos”.

Gutiérrez creció en la Misión. Sus padres se mudaron aquí en 1955. La familia rentaba el espacio en el 64 de la calle 14 entre las calles Folsom y Harrison durante años, pero hace un año y medio decidieron abrir un café en ese lugar.

Los escaparates y las barras para almuerzo en el Distrito de la Misión están cerrando y vuelven a abrir como cafés. Varios de los nuevos propietarios son latinos, quienes desde hace mucho han llamado a este barrio su hogar.

Como sus contrapartes no latinas, en la gama de los aficionados al café expreso a inmigrantes de países como Irán y Cambodia, ven una oportunidad de negocios en vender cosas que eran difíciles que llegaran a este barrio hasta hace poco —cinco años— como el café orgánico.

“No teníamos idea de que iba a haber una tendencia con los cafés”, dijo Gutiérrez. “Mi familia y yo nos dimos cuenta de que como a todo mundo aquí le gusta un buen sándwich y una taza de café ,podríamos sacar una ganancia de eso”.

El cercano Ox Café, en las calles 19 y Van Ness, también es una respuesta a esta tendencia. La propietaria del café, Cynthia Olmedo, cerró su tienda de regalos y volvió a abrir como café porque sospechaba que de esa forma tendría más clientes. Y resulta ser que así es.

Lourdes Lozano, propietaria de L’s Café, dijo que incluyó comida orgánica y para vegetarianos estrictos así como tragos en el menú desde el mero principio porque no quería que ningún cliente se sintiera excluido. Sin embargo, Lozano también añadió una barra de vinos hace algunos años. “No hay muchos cafés que tengan una”, dijo ella, “quisimos sobresalir del resto de la calle 24”.

El Café Qué Tal en las calles 22 y Guerrero, el cual abrió Elena Jurado hace 18 años quien solía ser  vendedora de antigüedades, era conocido por tener ensalada de fruta y granola mucho antes de que se hubiera convertido en lo usual para otros cafés en el barrio. Sin embargo, Qué Tal también se está adaptando, dijo Jurado. Hace poco, comenzaron a hornear sus propios panecillos, una práctica cada vez mayor en un barrio en donde parece que cada vez hay más gastronomía. Por ahora sólo galletas, dijo Jurado, pero pronto habrá más.

A Café La Taza, el cual abrió en 1997, le ha ido tan bien desde que los propietarios, —dos hermanos cuya familia posee una plantación de café en Nicaragua— que abrieron otras dos ubicaciones en Union Square y en Castro. Añadieron café orgánico a su menú hace varios años cuando muchos clientes comenzaron a pedirlo, dijo Carlos Martínez, el gerente del café.

Con el paso de los años, dijo Martínez, el menú del café americano usual de La Taza ha llegado a incluir más y más platillos mexicanos. Comenzó con huevos rancheros y pronto incluirán cena.

Por casi un siglo, la Misión fue un barrio en donde a la gente que le iba bien en el oficio de construcción compraba casas y se establecía para criar familias. Edwin Pérez, propietario de PerezRock Nation Café no es la excepción. Durante años trabajó como contratista antes de que abriera un café con sus hijos, quienes trabajan como cocineros.

Fueron sus hijos quienes idearon el tema. “En nuestro otro trabajo siempre tocábamos rock clásico y metal cuando el dueño no estaba porque a los clientes les encantaba”, dijo Sergio, el hijo de Edwin, quien también está en una banda de metal. “Le dijimos a nuestro papá, ¿no estaría padre si pudiéramos abrir nuestro propio café con un tema clásico de rock?”

La estética del café puede que sea de rock clásico, pero el menú es variado y desarrollado en cuanto a lo que otros cafés locales venden. “Nos dimos cuenta que ninguno de ellos vende crepas”, dijo Sergio.

Puede que el vender crepas en un café en donde tocan metal sea una selección no convencional para una familia nacida y criada en la Misión, pero es algo que funciona: según Sergio, las crepas se han convertido en uno de los alimentos más populares de PerezRock Nation.

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Andrea hails from Mexico City and lives in the Mission where she works as a community interpreter. She has been involved with Mission Local since 2009 working as a translator and reporter.

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