Estaba sentada en la estación de enfermeras, preparándome para pedir de cenar cuando la enfermera se apareció preocupada: “muchachos, los quiero acá para que ayuden, la cabeza de este bebé está tomando mucho tiempo en salir”.
Mi residente superior y yo entramos a la sala, sonriendo y tratando de no alarmar a la paciente, quien era madre de dos y estaba por su tercer bebé. No anticipé ningún problema ya que después de los primeros dos nacimientos, los bebés tienden prácticamente a salirse. Sin embargo, la experimentada enfermera presintió que algo no estaba bien.
Esperamos en la sala mientras la cabeza por fin salió del canal de parto. El doctor a cargo intentó sacar los hombros del bebé, pero en lugar del deslice gradual en la parte superior del hombro no pasó nada. El doctor volvió a intentarlo, pero no salía.
Se le llama distocia del hombro (distocia significa parto laborioso en griego) y es una de las complicaciones más temidas en obstetricia.
También era demasiado tarde para hacer una cesárea, pero teníamos que sacar al bebé en los próximos 10 minutos antes de que los niveles de oxígeno del bebé fueran demasiado bajos. Después de eso, el daño cerebral o incluso la muerte son muy posibles. Le pedí a la enfermera que pusiera el cronómetro. En una situación así de tensa, el sentido del tiempo de todos se distorsiona y es crítico tener algo que cuente el tiempo.
La distocia de hombros solía ser muy poco común. Sin embargo, aunque hay muchos casos de distocia que no tienen una clara explicación es mucho más común en las mujeres diabéticas quienes tienden a tener niños con hombros y torsos más grandes en relación al tamaño de la cabeza. Hasta hace poco, no había tantas mujeres diabéticas que pudieran tener niños. La diabetes tipo 1, la cual se manifiesta a una edad muy joven es muy rara, y la de tipo 2, la cual aparece a causa de un estilo de vida, no se manifiesta hasta que las mujeres pasan la edad en que son propensas a tener hijos.
Pero eso ya no es verdad. Hoy día, la gente comienza a mostrar señales de diabetes tipo 2 a edades cada vez más tempranas, lo cual ha significado que hemos tenido que aprender mucho más sobre cómo manejar las complicaciones en embarazos de mujeres diabéticas.
El residente en jefe se acercó y presionó fuerte encima del hueso pélvico de la mamá. Con suerte, eso desplazaría el hombro del bebé pero no tuvo suerte. Después intentó jalar el brazo del bebé del canal de parto, pero se encajaba cada vez más. Intentamos rotar los hombros del bebé, pero eso tampoco funcionó. Pasaron cinco minutos y el niño se estaba poniendo azul.
Intentamos mantenernos calmados. Repetí la maniobra de rotación, pero dada la situación no había mucho que hacer. Existe una maniobra llamada Zavanelli en donde se empuja hacia adentro la cabeza del bebé y se intenta hacer una cesárea, pero eso podría ser más arriesgado que nuestra situación actual. Hemos escuchado de doctores que fracturan a propósito el hueso pélvico de la mamá, pero eso sería demasiado doloroso. Incluso tratar de rotar el hombro y jalar el brazo es arriesgado ya que a fin de cuentas, los huesos del brazo del bebé podrían romperse bajo la presión.
Pero tuvimos suerte. Esta vez funcionó, y los gigantescos brazos del bebé terminaron por salir. Le pasé el bebé que estaba grande, lánguido y azul al equipo de pediatría que esperaba. Mientras el bebé perdía oxígeno, cada vez se ponía más lánguido, lo cual pudo haber sido la causa que permitió que su hombro por fin rotara y le permitiera salir. Nos quedamos observando nerviosos al equipo mientras resucitaban al bebé.
El bebé comenzó a llorar y todos dejamos salir un suspiro de alivio. No todas las distocias de hombros han tenido un final feliz. El bebé no estuvo demasiado tiempo sin oxígeno como para haber padecido, y nuestros esfuerzos por rotar su hombro no parecen haber causado daño permanente a los nervios que controlan el brazo. Y lo más importante es que estaba vivo. Mientras nuestros corazones latían fuerte y el sudor escurría por nuestras caras, mi residente y yo nos sentamos en la estación de enfermeras a respirar y reagruparnos.
Volví a pensar en el consejo que le doy a mis pacientes que son diabéticos: ejercítense y no coman alimentos como arroz blanco o tortillas de harina. Intenten mantener su peso durante el embarazo a un mínimo. Pero no es fácil para ellas, porque a menudo viven con su familia y están bajo presión de comer las comidas que muy alegremente cocina la abuela (aunque son muy altas en carbohidratos), o trabajan en lugares como restaurantes que les exigen comer lo que sea que esté disponible en cualquier momento.
Los incidentes como el hombro atorado del bebé son la razón por la que centro mi investigación en descubrir maneras de ayudar a mis pacientes a manejar la obesidad y la diabetes durante el embarazo. Apenas comencé y todavía no tengo todas las respuestas. Si tiene sugerencias o ideas sobre cómo ayudar a las mujeres a seguir una dieta para diabéticos durante el embarazo, o sobre cómo realizaron cambios saludables en su dieta, ¡por favor comparta sus comentarios más abajo!




