Con una cifra cada vez mas alta de niños que consumen estupefacientes debido al síndrome de hiperactividad y déficit de atención (alrededor de 2.7 millones de personas en 2007), los investigadores han estado observando más de cerca la discapacidad de aprendizaje mejor conocida como ADHD (por sus siglas en Inglés).
Una nueva revisión de estudios realizados por Mary Burke, psiquiatra de niños en el Área de la Bahía, y Mark Miller, director de la Unidad de Especialidad Pediátrica de Salud Medio Ambiental de UCSF, ha argumentado un convincente caso para ver más de cerca el medio ambiente que forma parte de la preparación para el medicamento para tratar el ADHD de un niño.
¿Cuál es el posible culpable? El viejo mal neurológico: el plomo.
Aunque en 1978 prohibieron su uso en residencias, continúa persistiendo en el aire y la pintura de edificios viejos, así como en cerámica, juguetes, joyería, remedios caseros, cosméticos y otros lugares cotidianos. Los niños son más propensos a la ingesta de plomo en el medioambiente que los adultos, ya que están más cerca del piso, a menudo se ponen las manos en la boca, y sus cuerpos absorben el plomo tres veces más rápido que el de los adultos.
Además, el plomo se encuentra casi siempre en casas antiguas, y en 1998 el Departamento de Salud de San Francisco concluyó que el 68 por ciento de los hogares de la ciudad se construyeron antes de 1950 y el 98 por ciento antes de 1978, cuando la prohibición entró en vigor.
Como el barrio más antiguo de la ciudad la Misión es particularmente vulnerable. La revisión voluntaria en un estudio de 1998 que realizó el Programa Municipal de Prevención de Plomo en Niños calculó que había “897 niños en San Francisco con altos niveles de plomo que no habían sido diagnosticados”.
Es por esto que debido a la antigua vivienda en el barrio, la Misión tuvo la mayoría de niños que presentan altos niveles de plomo.
Asimismo, los niños son especialmente vulnerables al plomo cuando están en el útero. El plomo atraviesa inmediatamente la placenta e ingresa en el cerebro fetal. La exposición prenatal al plomo está relacionada con una pérdida de coeficiente intelectual y síntomas de ADHD en niños, según Burke.
Contra toda lógica, los niños en áreas en las que existe un mayor riesgo a la exposición de plomo (como en lugares cerca de áreas industriales, carreteras o plantas para el tratamiento de desechos) pueden ser los más propensos a sufrir deficiencias vitamínicas, falta de productos frescos y en general una buena nutrición, lo cual podría ayudar a atenuar los efectos del plomo.
La falta de calcio, zinc y hierro aumentan los efectos negativos de la exposición al plomo.
Aunque la Misión ofrece más que mercados con producto alimenticio fresco, los resultados de las pruebas de salud física del Departamento de Educación indican que es posible que los alumnos de la Misión estén ingiriendo más comida rápida que su contraparte en otros barrios. Los alumnos de las secundarias de la Misión se quedaron atrás (hasta un 30 por ciento en 2010) en salud física aeróbica.
Burke y Miller recomiendan que los Centros de Control de Enfermedades muestren las pautas que son poco conocidas en el mundo de la salud mental para que se puedan adoptar en general.
Bajo dichas pautas, se necesitaría una revisión de plomo en cada niño que sea inmigrante reciente, elegible a Medicaid, que tenga parientes que trabajen en fábricas, que le guste comer tierra, que viva en un área conocida como de riesgo a exposición de plomo, que juegue con niños que se sabe que poseen altos niveles de plomo, o que se tenga la más mínima sospecha de estar en riesgo de exposición al plomo. Las madres embarazadas y las mujeres que estén considerando embarazarse también deberían hacerse una prueba.
Además, añadió Burke, deberían hacer un esfuerzo adicional en comer verduras con muchas hojas. Parece evidente que uno debe comer verduras, pero algunas veces toma mucha ciencia llegar a una conclusión sencilla.
