Movimientos registrados en un iPhone de uno de los periodistas que trabajan en Mission Loc@l.

La Fundación para la Frontera Electrónica, una organización sin fines de lucro líder en la defensa de privacidad en Internet, le dijo a Mission Loc@l esta semana que la capacidad del iPhone para rastrear las ubicaciones puede crear “una imagen bastante acorde” a la vida de su dueño.

¿Cuál fue la respuesta del Distrito de la Misión? Hubo de todo, desde “¿y qué importa?” entre civiles a aficionados a la tecnología y para quienes el iPhone es prácticamente un código de vestimenta.

“Creo que estaba a la espera de que me rastrearan, que las compañías de telefonía celular saben exactamente qué estoy haciendo y cuándo”, dijo Nicholas Navarro de 23 años de edad mientras estaba sentado con su computadora portátil en el Coffee Bar de la Misión. “Viene con el territorio”.

Por supuesto que hubo algunos escépticos, pero incluso más sorprendente que la despreocupada respuesta de muchos en la Misión a la cuestión del rastreo fue la respuesta de los aficionados a la tecnología. “Poder ver en dónde uno pasa en general su tiempo en la ciudad podría ser muy padre”, dijo Alex Lambert, un desarrollador de aplicaciones que ha ayudado a diseñar, entre otras cosas, un programa que informa en qué lugar más cercano se puede beber una cerveza PBR.

El muchacho de 29 años de edad, que ya tenía un archivo de información de su iPhone en su computadora MacBook, estuvo encantado de escuchar que uno de los investigadores que expuso la semana pasada las prácticas de Apple ha desarrollado una aplicación para ayudarle a los usuarios a visualizar la información por sí mismos. Él percibe la información como algo de gran ayuda.

No obstante, para aquéllos que están en favor de los derechos de privacidad digital opinan que dichos sentimientos ignoran los peligros generales de recabar dicha información personal.

“Puede crear una imagen bastante precisa de lo que uno hace a diario”, dijo Rebecca Jeschke, vocera para la Fundación de la Frontera Electrónica, cuya sede se encuentra en la calle Shotwell en la Misión. “Cuando estos registros están en un conjunto, se convierten incluso más sensibles de lo que son ahora”.

Los peligros, dijo Jeschke, son de doble filo. Cualquier persona con acceso a su teléfono o computadora, desde esposas celosas a rateros y jaquers, podría tener un registro de sus rumbos.

Además, la disponibilidad de la tecnología significa un nuevo flujo de información que podría llegar directamente a agencias del orden público y otros funcionarios gubernamentales.

Para muchos aquí, la expectativa de privacidad en un mundo cada vez más interconectado es tan baja como la señal de la red de telefonía celular de AT&T. El rastreo de información personal es un hecho aceptado de la vida.

“Uno espera que suceda tarde o temprano”, dijo mientras se encogía de hombros Danny Bowien, chef y propietario del restaurante Mission Chinese Food, mientras usaba su iPhone 4 en el Café Stable. Cuando hace poco le robaron a Bowien su teléfono celular, dijo estar más preocupado sobre el mal uso de la información que elige almacenar en el dispositivo (como datos bancarios, contraseñas y correo electrónico).

En cuanto al concepto de Big Brother detrás de cada paso que se da, Bowien no lo piensa mucho. “Casi todo el tiempo intento tener las cosas en orden, y no creo que yo sea tan importante”.

Muchos usuarios opinaron lo mismo, ya que creen que son simple y sencillamente muy aburridos para que rastreen sus movimientos.

“Estamos hablando de mí en un mar de millones y millones de usuarios”, dijo Rob Campo, un arquitecto de 35 años de edad con un teléfono Android.

Se sabe que Google ha rastreado información de ubicación en maneras similares a cómo lo hace el iPhone, aunque la compañía sostiene que el caché se limpia y reinicia después de que cierto número de puntos de información se recaban. “Simplemente no me los imagino con la lupa buscándome a mí en específico”.

Otra mujer, que trabaja como abogada de derechos humanos, estuvo de acuerdo. “Supongo que la privacidad en la época de la tecnología ya no existe, o por lo menos es muy limitada”, explicó. “En teoría creo que podría ser un peligro, y entiendo que sea inquietante. Pero a mí personalmente en realidad no me importa”. Sin embargo, se negó a dar su nombre completo ya que después de todo, esto es un artículo sobre la privacidad.

“Pero todavía lo sigo usando”, añadió mientras veía su iPhone en la mesa.

Incluso aquéllos que se preocupan por consecuencias más generales opinan que dicho descubrimiento no es ninguna sorpresa. “Tener el mundo al alcance de la punta de los dedos en el iPhone… es obvio que no va a tener aspectos negativos con dicha tecnología”, dijo Mac Parish de 24 años de edad, residente de San Francisco que ha estado viviendo en Kenia desde hace un mes.

Cualquier persona que lo rastree, dijo, no descubriría mucho: casi siempre está en su trabajo o en cafeterías, pero para él, el posible abuso supera dichos momentos mundanos. “La gente tiene derecho a su privacidad, incluso si son súper aburridos”.

Heather Mills, de 37 años de edad, estuvo de acuerdo, pero opinó que es difícil evitar la exposición. “Dejamos huella a donde quiera que vayamos, en lo que sea que hagamos, sin siquiera darnos cuenta”.

Mills todavía tiene la expectativa de privacidad para sí misma, incluso cuando se encontraba sentada escuchando una conversación telefónica en su computadora, en una red libre de WiFi en Coffee Bar. No obstante, añadió que eso es algo que está cambiando. “Creo que uno ya lo puede ver en generaciones más jóvenes, ya tienen una expectativa diferente de la privacidad”.

Incluso algunas generaciones más grandes ya se han adaptado a esta visión. El arquitecto Malcom David, quien trabaja arriba de Stable y tiene 48 años de edad, no está de acuerdo con el nivel de rastreo que las compañías pueden tener por medio de teléfonos celulares. Sin embargo, ya le ha dado un enfoque diferente a la privacidad y a la tecnología en diferentes maneras. “Es una nueva forma de estar expuesto al público. Estar en línea es ahora como salir por la puerta de la casa”.

Otros opinan que sus vidas ya son un libro abierto. “No creo tener muchas cosas más que revelar en mi teléfono”, dijo Alan Reinhardt de 33 años de edad, músico que vive en la ciudad. “Déjenlos que agarren lo que quieran. ¿Qué podrían hacer?”

Hay mucho que se puede hacer con la información, dijo Jeschke, en especial si termina en las manos equivocadas.

Las compañías de telefonía inalámbrica ya está trabajando con la policía para ofrecer información de ubicación para sus usuarios de red, dijo Jeschke. Adherir dicha información al dispositivo en sí añade otro nivel al debate. “Este es un dispositivo físico que ha creado un nuevo registro de usted”, dijo Jeschke, “y es muy bueno hacerse la pregunta de qué tipos de registros está guardando sobre usted de los cuales no está al tanto. Creo que muchas personas aquí saben que traen consigo un dispositivo de rastreo en su bolsillo, pero no necesariamente saben que la autoridad competente está haciendo buen uso de dicho dispositivo”.

Jeschke espera que la atención de los medios de comunicación sirva como una llamada de atención. “No deberíamos de ser ludistas para tener privacidad”, dijo al reconocer que es posible que no deje de sincronizar su iPhone a su computadora. “Nos toca decidir cómo se va a ver nuestro futuro digital. ¿Será una tendencia en la que para usar este agradable dispositivo tendré que dejarlos hacer lo que sea con mi información privada?”

Dicha pregunta no parecía importarle a algunos aficionados a la tecnología. En realidad, no estaban tan inquietos como estaban emocionados sobre las noticias de que dicha información se pudiera rastrear desde sus teléfonos.

Steven Simitzis, un desarrollador independiente de aplicaciones que a menudo trabaja en Summit, sabe que su reacción no es típica. “Pensé, ‘ahhh, qué padre. Podría ser divertido jugar con esta información’”, dijo el muchacho de 36 años de edad. Simitzis opinó que dicha información podría ser útil en determinar cualquier cosa desde tendencias viales a hechos precisos sobre la dieta de la población. “Soy un adicto a la información. Si pudiera tener grabado todo lo que hago, lo haría”.

Cuando la semana pasada lo llamó su mamá para darle las “noticias” de que su teléfono podría estarlo rastreando, dijo que le recordó que su compañía de tarjeta de crédito rastreaba sus compras.

Simitzis dijo que dichas preocupaciones de registro han llegado tarde a esta altura del partido. “Si uno está inquieto sobre la información que hay en el dispositivo, entonces uno no debería ni de tener un teléfono celular”, dijo mientras se encogía de hombres. “De cualquier forma, la información ya está almacenada”.

Andrea hails from Mexico City and lives in the Mission where she works as a community interpreter. She has been involved with Mission Local since 2009 working as a translator and reporter.

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