Patty Álvarez estaba bajando las bolsas del súper cuando vio a los dos hombres. Había ido a hacer unos mandados para su madre de 87 años de edad, que vive en un pequeño departamento del Studio Doré (el estudio de fotografía que ha sido propiedad de la familia Álvarez desde la época de los 50.
Los hombres no se veían tan fuera de lo común. Portaban ropa casual mientras se recargaban en un camión azul y platicaban. Después se dio cuenta que los dos traían colgadas placas policiales.
Esa mañana, el 20 de enero, Álvarez y sus vecinos presenciaron la mayor redada que nadie pueda recordar. Más de cien oficiales de la policía de San Francisco, agentes del Servicio Secreto y personal de la Oficina del Fiscal de San Francisco llegaron a la calle Misión, entre las calles 20 y 21. Adentro del abandonado teatro Tower, los agentes del orden público encontraron el premio mayor: una pila de credenciales de Seguro Social, pasaportes y licencias de conducir falsas.
Las vitrinas del Studio Doré están llenas de fotografías con marcos dorados de mujeres con elaborados peinados y vestidos de noche que muestran al transeúnte las sonrisas blancas de concursos de belleza. El estudio se especializa en ‘retratos glamorosos’ para graduaciones, quinceañeras y bodas con todo y un guardarropa de vestidos de noche, trajes, abrigos de pieles y boas de plumas para los clientes que no vienen preparados.
Sin embargo, los expedientes judiciales muestran que entre mayo de 2010 y enero de 2011 agentes encubierto que compraron credenciales de identidad falsa cerca de ahí fueron traídos al Studio Doré en seis diferentes ocasiones.
La cuadra de la calle Misión entre las calles 20 y 21 tiene una larga reputación en el barrio de ser un lugar en donde obtener identificaciones falsas. Uno de nuestros periodistas compró una en 2008. En ese entonces pagó $130 dólares por una tarjeta de residencia para extranjeros. Por $350 dólares le dijeron que podía obtener una licencia de conducir, una tarjeta de residencia o green card y una credencial del Seguro Social.
Álvarez llegó al local para ver a dos de sus empleados en la sala de espera, rodeados de la policía. De inmediato tuvo sentido que nadie hubiera respondido las llamadas que hizo al local durante el día.
“Nos obligaron a sentarnos en el sofá, nos prohibieron llamadas telefónicas y cancelaron nuestros clientes de ese día”, dijo Mercy Padget, asistente de Álvarez. Fueron llevados al fondo e interrogados uno por uno.
“¿Por qué toman fotos para identificaciones con el fondo azul?”, le preguntó un agente del Servicio Secreto a Padget.
Padget le contestó que el estudio toma fotografías con muchos tipos de fondos.
También interrogaron a Álvarez. “Fue intimidante”, dijo. Reconoció a varios de sus clientes que llegaban al local en fotografías de fichaje que le mostraron los del Servicio Secreto.
“Mi trabajo es tomar fotografías”, les dijo. “No soy responsable por lo que la gente termine haciendo con ellas”.
Cuando los agentes se fueron, se llevaron el fondo azul con ellos. Parecía, dijeron ellos, sospechosamente similar al que se usa para las fotografías de licencias de conducir de California. También se llevaron $330 dólares en efectivo y la cámara de Álvarez. “Eso fue muy perturbador. ¿Se lo puede imaginar? No pude tomar más fotografías”, dijo Álvarez.
Ese día arrestaron a diez personas. Álvarez no fue ninguna de ellas. “Los acusados son supuesta parte de la organización delictuosa que vende carnets de identificación falsificados”, dijo Erica Derryck, directora de comunicación en la oficina del fiscal. Cinco de ellos comparecerán ante un jurado el 30 de marzo.
Después de la redada, Álvarez llamó a la oficina del Supervisor David Campos y al Sindicato Estadounidense de Libertad Civil. Le aconsejó que consiguiera un abogado.
El Servicio Secreto precisó que los vendedores arrestados han estado en el negocio de la falsificación durante una década. “Podrían muy fácilmente haber perpetrado un fraude de miles de millones de dólares”, escribió por correo electrónico Jean Mitchell agente del Servicio Secreto.
La redada sobre la calle Misión no sucedió de la nada. Era parte de una investigación en curso que comenzó en 2009, y que nació a partir de otra investigación por fraude.
“Descubrimos que muchos de los papeles falsos de identificación provenían del Distrito de la Misión”, dijo Charles White, agente del Servicio Secreto. La policía además incautó computadoras, impresoras, máquinas de enmicado y docenas de identificaciones falsas en San Pablo, Oakland y el sur de San Francisco.
La redada también dejó su huella en otros locales del barrio.
A unas puertas en el restaurante Jim, Ingrid Lona, mesera, dijo que la mañana de la redada dos de sus clientes habituales estaban sentados en una mesa cerca de la ventana. De repente hubo un incidente afuera del restaurante. Al ver a los policías pasar corriendo por el comedor, uno de los clientes habituales se levantó y como si hubiera sido la señal, otros dos clientes se acercaron, mostraron sus placas y sacaron a los dos clientes habituales del restaurante.
“Estaba conmocionada”, dijo Lona. Sabía que los hombres vendían identificaciones, pero también los conocía desde hacía tiempo. “No eran malos tipos”, dijo.
Enfrente del restaurante Jim, Dylan Siddiqui, propietario de A Foto Video Mail & More, vio la redada desde la puerta de su local. Vio a los dos agentes encubiertos sacar a los clientes del restaurante Jim y vio cómo los esposaron. La policía y los agentes estaban por todos lados, incluyendo un grupo de ellos de pie en la azotea de Studio Doré, que está a lado.
Un agente encubierto se acercó y se detuvo enfrente de su local. “¿Está escondiendo a alguien aquí?”, le preguntó. Siddiqui dijo que no con la cabeza, pero le ofreció al agente a pasar y ver por sí mismo. El agente entró. “He estado aquí de seis a siete años. Fue la primera vez que vi una redada así de grande”, dijo Siddiqui.
Para las 2 p.m., la policía y los agentes ya se habían ido pero quedaron las preguntas y los sentimientos mezclados. “No va a cambiar nada”, dijo Olivia Gúzman del Salón de Belleza Fernanda. “Si los arrestan en una esquina, se van a ir a la otra. La gente necesita documentos”.
Otros están aliviados. “Que limpien es bueno”, dijo un empleado de Mission Discount Club, quien es de El Salvador y quien pidió mantener su anonimato. “Esos hispanos nos dieron una mala reputación al resto de nosotros. Intimidaban a los clientes que llegaban. Era malo para el negocio”.
Pero algunos, como Siddiqui, opinan que la calle se ha vuelto más tranquila desde los arrestos.
“Lo que estaban haciendo era ilegal”, dijo. “Pero ahora siento que es menos seguro”. Los vendedores de identificaciones tenían silbatos, letreros, y si había un problema los guardaban rápidamente. “Ahora noto que hay más robo en locales de gente que entra y les tengo que decir que los estoy viendo”.
“Cuando abrimos por primera vez, los vendedores de micas llegaban y se presentaban y explicaban lo que hacían”, dijo Natalie Delao, quien usó el término informal en Español para referirse a la tarjeta de identidad. DeLao trabaja en el Payless de la cuadra. Los vendedores, dijo, eran gentiles en su actitud con otros locales. “Nos traían clientes y jugo”.
“Hace algunos años, esta cuadra de la Misión era territorio de la mafia”, dijo Padget, uno de los empleados en Dore. “Teníamos que cerrar el local porque había tiroteos”.
Ella no es la única persona en la calle que expresa temor a que la redada haya creado un vacío de poder. Hace poco, mientras trabajaba en el local sola, vio a un hombre caminando lentamente de un lado a otro con un perro pit bull. Parecía, pensó ella, un mafioso.
“Se veía como que estaba probando la calle”, dijo ella. “¡Cerré la puerta con llave por si acaso! ¡Eso no había sucedido desde hace tiempo!”
En cuanto a Álvarez, terminó por comprar una nueva cámara. Siguió tomando fotografías para identificaciones falsas.
Pero, dijo ella, ya no con el fondo azul.
