Traducido por Andrea Valencia

Un incendio en un departamento es una de esas cosas que se anuncian como catástrofes del barrio: una pila de colchones quemados, un basurero derretido y varios objetos dejados en la calle enfrente del Centro Bethany ubicado sobre la calle Capp.

Como periodista que pasaba caminando por ahí, me detuve a tomar una fotografía. Un ciclista se detuvo en la pila de basura y comenzó a hurgar entre los escombros quemados. Sacó una garra de plástico –como las que se compran en el zoológico- y comenzó a agitarla en dirección a esta periodista en lo que parecía ser una broma. Hasta que la actitud cambió amarga y misteriosamente a lo que el ciclista comenzó a gritar “¡no se lleve mi alma! ¡No se lleve mi alma! ¡La voy a acosar sexualmente con esta garra!” Tan sólo otra mañana en el Distrito de la Misión.

“Ese es el departamento de Troy”, dijo un vecino que observaba los restos quemados de colchones y las marcas quemadas que se veían encima de las ventanas rotas en el piso. “Es el hombre que siempre está en la esquina dándole dulces a los niños. Un buen tipo. Hay gente muy dulce por aquí. O tal vez hay de todos tipos, pero yo sólo conozco a los buenos”.

“¿Está bien Troy?” preguntó la periodista. Detrás de las marcas del incendio y las ventanas rotas, el techo y las paredes del cuarto parecían una hoja de papel blanco talladas con un lápiz hasta que el color blanco hubiera desaparecido.

“Debería ir y preguntar”, dijo el vecino, quien, bajo una minuciosa observación estaba vistiendo un traje de baño. “Voy a ir a Ocean Beach. Las olas están altas hoy”, dijo mientras alzaba su mano.

Dentro del cuarto quemado, una mujer con una cubeta se encontraba trapeando el piso. Afuera de la puerta se encontraba Jerry Brown, el director del edificio.

“Esto en realidad salió muy muy bien”; dijo, con la ligera firmeza de un hombre que ha estado despierto toda la noche tratando de manejar los efectos secundarios de un incendio en un complejo para ciudadanos de la tercera edad. “Es algo bueno que Troy estaba aquí en el primer piso. No tiene ningún vecino –esas son oficinas a lo lados. Y estas paredes son de cemento”.

Tomará cerca de un mes el poder arreglar el departamento. Mientras tanto, Troy se quedará en una unidad vacante en otro lado del edifico. “No está bien que esté ahí afuera”, dijo Brown, su voz mostrando un poco de preocupación. “Ya está grande. No le funciona muy bien la memoria”.

No detecta la realidad. “La verdad es que no habíamos tenido un incendio como este en 20 años. Esto salió muy bien”.

El incendio comenzó entre las 11 y 11:30 la noche anterior. “La alarma se activó y los bomberos llegaron inmediatamente”, dijo Brown. También llegaron Brown y el personal. “Los bomberos hicieron un gran trabajo. Se preocupan y cuidan de nuestros residentes”.

“En especial de Troy”, dijo el hombre parado a lado de Brown.

“En especial de Troy”, dijo Brown. “Conocen muy bien a Troy”.

Al salir, un hombre en una silla de ruedas eléctrica pasó haciendo mucho ruido. Parece estar grande, amable y como si fuera el tipo de persona que le regala dulces a los niños.

“¿Es usted Troy?”, preguntó la periodista. “¿Qué pasó?”

“Tenía prendida una de esas velas con esencia”, dijo. “Me paré para ir al baño y la tiré”.

“Me alegró que esté bien, pero siento mucho escuchar eso”, dijo la periodista.

Levanta la mirada un poco triste y dice “Yo también”.

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Andrea hails from Mexico City and lives in the Mission where she works as a community interpreter. She has been involved with Mission Local since 2009 working as a translator and reporter.

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