“El fracaso es tan emocionante como observar el éxito, siempre y cuando el esfuerzo sea completamente genuino y completo. Pero los espectadores no entienden -¿y cómo podrían saberlo?- la agonía mental por la que debe pasar un atleta antes de dar su máximo esfuerzo”. –Roger Banister, primer atleta en correr la milla en menos de cuatro minutos. Fragmento de “The Four Minute Mile” en Lapham’s Quarterly, Verano 2010.
De la Primera a la Cuarta Entrada: La Venganza de los Rojos
Habiendo comenzado en la costa oeste de la ahora desaparecida Laguna de Dolores, prosigo a seguir el flujo del Arroyo Misión hacia el estadio. Por donde están las casas flotantes, una mujer que viste una gorra de béisbol naranja de los Gigantes de San Francisco se encuentra leyendo la novela distópica de Suzanne Collins “The Hunger Games”. “Nueva York sin aire acondicionado”, dice ella.
En el punto en el que el Arroyo Misión se convierte en la Bahía de la Misión, en donde Willie McCovey siempre anota jonrones en el futuro acuoso, o pasado, una familia que viste ropa de los Rojos se encuentra sentada debajo de un árbol comiendo sándwiches de mermelada y mantequilla de maní. El padre sonríe y dice todo lo apropiado que tiene que decir –por el bien de los niños, supongo. Pero después de la gran victoria de anoche en la que quedaron 16 a 5, me sorprendería si los rojos no se han subido a su avión para irse a Cincinnati.
Lo que ha sido consistentemente bueno en los últimos dos meses ha sido al novato Madison Bumgarner quien abrió el juego como alguien que solicita un puesto permanente con Los No Fiables, el actual equipo de lanzadores de los Gigantes. ¡Crack! Joey Votto anota un jonrón de dos carreras hacia las gradas del jardín izquierdo. ¡Crack! Jonny Gomes (se pronuncia gnomes) le pega a una bola rápida idéntica hacia casi el mismo lugar. Respire. Hay una conferencia en el montículo para tranquilizar al joven Bumgarner. ¡Crack! Ryan Hanigan le pega a una bola idéntica hacia unas cuantas yardas de distancia hacia el jardín del centro y los Rojos llevan la delantera 4 a 0. “Es el calor” grita una voz desde detrás del palco de prensa.
Bumgarner se controla a sí mismo en la segunda entrada, pero en la tercera, después de haber quitado a los dos primeros bateadores, los Rojos le arrebataron tres carreras adicionales, tres hits (sin jonrones), una base por bola y un error –de Bumgarner. Su reemplazo le da otro jonrón a Joey Votto en la cuarta entrada y los últimos dos juegos cambian por completo. Cincinnati lleva la delantera 8 a 1. Tal vez es la luz de día.
De la Quinta a la Octava Entrada: Disciplina Mental
A la mitad del juego, los Rojos llevaban la delantera 10 a 1. Conocí a Jasper, un admirador de Sacramento que llegó por tren. Decide agarrar sus cosas y agarrar el tren más temprano de regreso a casa. Al menos la mitad de la multitud se va con él.
No me sorprendería si la mitad de los Gigantes también se fuera mentalmente, si no es que físicamente. Han jugado 22 juegos en 24 días. Continúan haciendo un máximo esfuerzo en un día caluroso en lo que es obviamente una causa perdida que tiene poco sentido.
En la distancia, a la izquierda en la última fila de la Sección 302, en el punto más lejano desde los puestos de comida hasta la casa, una mujer con una gorra naranja de los Gigantes de San Francisco se encuentra sentada con un viejo amigo. Ha dejado de leer su novela distópica para poder concentrarse en el juego, el cual dice ella, es un experimento del poder de la voluntad.
Los puestos de comida están tres cuartas partes vacíos, pero José Guillén y Pablo Sandoval no se han ido. Abren la octava entrada con un par de sencillos, seguidos por el jonrón de Juan Uribe hacia las gradas del jardín central. Ahora sólo quedan dos carreras, Cody Ross y Mike Fontenot logran primera base y Andrés Torres llega a segunda, anotando a ambos. Dos bolas largas hacia el jardín derecho de Buster Posey y Aubrey Huff hace que Torres regrese al plato y los Gigantes llevan la delantera por primera vez 11 a 10.
De la Novena a la Doceava Entrada: ¿Mejor Rojo Que Muerto?
Javier López ha estado calentando en el bullpen de los Gigantes, pero con una carrera en la delantera, el director Bruce Bochy decide irse con Brian Wilson. Mientras se apura para prepararse, le contamos a Brian Wilson chistes de ataques al corazón porque tiene una inclinación por los finales precipitados. Dos jovencitas le ayudan a su abuelita a pararse. Al irse, una de las mujeres se voltea para explicar: “Es mucho para ella”.
Wilson pronto da por vencida la carrera de empate con la ayuda de un exaltado Panda y los Rojos toman la delantera en el comienzo de la doceava entrada, con tres hits de Barry Zito, socio fundador de Los No Fiables debe lanzar porque a los Gigantes se les han acabado los relevistas.
Al final de la doceava, los Gigantes tienen a Juan Uribe en tercera base y a Mike Fontenot en primera base con Andrés Torres en el plato. Un sueño. No hay nadie mejor en este equipo que pudiera estar bateando en este momento. Está bien parado en cada lanzamiento; la multitud, lo que queda de ella, también lo está con él. ¿Será posible que Torres avance a base para hacer que Uribe llegue al plato y empaten el juego? ¿Llegará a segunda base para hacer que los corredores de base lleguen al plato y ganen el juego? ¿O terminará pegándole a la pelota por tierra para terminar el juego?
Cincinnati gana 12 a 11. El mensaje de texto de mi amigo Joaquín: “Whoa! Whee! Uggggh! Zappp!”
No fue el juego más bonito, ni uno con los mejores lanzamientos pero ambos equipos jugaron con un máximo esfuerzo genuino y completo; un gran espectáculo.

