En un reciente domingo, una señora permaneció sentada desde las 9:00 de la mañana hasta las 6:00 de la tarde frente a una de las computadoras en The Network Store sobre la calle Misión para ver el rito de la transición de niña a jovencita de su hija.
“En la celebración tenían una pantalla grande y las personas de la fiesta podían ver allí a la señora que lloraba, se reía”, recordó Alty, quien junto con su esposo Larry Leibowitz, son dueños de The Network Store, que se encuentra sobre la calle Misión (entre 23 y 22).
La Network Store y Cybermania, también sobre la calle Misión, asiste a latinos que no poseen una computadora y ofrecen una conexión para los inmigrantes que viven aquí de la misma forma que los cibercafés lo hacen en el extranjero con los estadounidenses y los ponen en contacto con sus familias. La excepción aquí es que los inmigrantes a menudo están aquí para quedarse, y algunos cibercafés en la Misión se han convertido en lugares virtuales para rituales importantes como la celebración de los quince años en México.
“Estamos llenando una necesidad”, intervino Alty, originaria de la República Dominicana.
“Te puedo escribir un libro”, dijo la empresaria, sobre las historias que ha presenciado en su local.
Acortando Distancias
Las videollamadas, le permite a las personas hablar cara a cara mediante una cámara web, así como los programas de mensajes instantáneos que tienen una alta demanda. Larry Leibowitz dijo que su negocio, el cual abrió el 1ro de julio y cobra $4 dólares por hora por hacer uso de una computadora, ha sido “extremadamente exitoso”.
Alty indicó que la mayoría de sus clientes son latinos pero también acuden turistas al establecimiento, para imprimir la información de sus vuelos y para revisar su correo electrónico. Además, el cibercafé vende y arregla computadoras y ofrece servicios de fax y fotocopiado.
“Las compran para mandarlas a sus familias y utilizan las de aquí para conectarse con ellos”, aclaró Alty.
En una reciente tarde de jueves, Felipe Ibarra, originario de Puebla en México, estaba en ese local para descargar música a su iPod. Buscaba canciones románticas del cantante español Enrique Iglesias y el grupo de bachata, Aventura. En otras ocasiones le envía correos electrónicos a sus amigos.
“Está bien el precio” dijo el joven, que se dedica a la carpintería, sobre la tarifas del lugar. “Así uno no paga la mensualidad del servicio de Internet”.
Internet, Paletas y Amor
A sólo unas cuadras se ubica otro café internet, Cybermania, donde se venden las tradicionales paletas heladas mexicanas de La Michoacana, y en donde cobran $6 dólares la hora por hacer uso de una computadora.
José Ortiz, el dueño de Cybermania, comentó que la mayoría de sus clientes son centroamericanos y tienen conocimientos básicos de computación. Llegan por toda clase de servicios: se comunican con sus familiares, ponen anuncios en Craigslist y buscan o solicitan trabajos en internet.
Consideró que las videollamadas han tenido éxito entre la comunidad inmigrante. “Algunas personas no se han visto por años y cuando se ven por la pantalla les da mucha emoción y hasta lloran”.
Además compartió sonriendo, que se ha percatado que jóvenes inmigrantes, utilizan ese servicio para buscar novias; parientes y amigos en sus lugares de origen les presentan a chicas a través de la pantalla.
Servicio comunitario
Alty Leibowitz calcula que más del 80 por ciento de los latinos, mayores de 30 años, que llegan a su cibercafé no saben nada de computación. Por lo que su trabajo dijo, se convierte en un “servicio comunitario” por la ayuda extra que requieren.
“Es un tiempo que no se paga”, aseveró la empresaria.
Ortiz, dueño de Cybermania, coincidió con la competencia. “Habemos muchos hispanos acá y no sé cuántos negocios de éstos existan en San Francisco, pero no en todos hay gente que aparte de ofrecer los servicios, esté dispuesta a ayudar”, opinó.
Admitió que como negocio, Cybermania “no ha alcanzado lo que es”. El fin, dijo, es “irla pasando y ayudar”.
“El Internet es algo positivo para la vida de los latinos, les puede ayudar a su desarrollo y a crecer económicamente. Esto [el Internet] no tiene fin, es muy grande”, concluyó Ortiz.


