Es el segundo día de la huelga de BART y los pasajeros en San Francisco no están contentos. Del Distrito de la Misión al Embarcadero, los niños, adolescentes y adultos andan apretujados en autobuses abarrotados; piden taxis, hacen llamadas telefónicas a sus trabajos y seres queridos para avisar que llegarán tarde. Además, estaban formados en largas filas para subir a los autobuses del AC Transit así como al ferry para llegar al otro lado de la bahía.
“Es un gran inconveniente para todo mundo”, dijo Joe Guthrie, del bahía del este, a bordo del 14L en las calles 16 y Misión el martes por la tarde. Guthrie, de 53 años de edad, ha dependido del BART durante los últimos siete años para llegar a la Misión una vez a la semana para un trabajo de voluntario en la organización sin fines de lucro en la San Francisco Sex Information Organization (Organización de Información Sexual de San Francisco).
Hoy, ha esperado 35 minutos a que llegue un autobús del AC Transit para cruzar el puente de la bahía. “Primero tarde, luego lleno”, dijo de la experiencia.
Para cuando el autobús de Guthrie llegó a la 5ta y Misión, el autobús iba repleto. “Bajando, bajando”, gritaba la gente mientras el autobús se acercaba a los paraderos donde había más gente. “Muévanse para atrás, muévanse para atrás”, ordenaba la conductora a los pasajeros. “El que va detrás de mí debe estar menos lleno que este”, le aseguró a la gente en la calle antes de avanzar sin habérselos llevado.
Johnny Lorenz, gerente del programa de intercambio de agujas y supervisor del grupo de apoyo con el San Francisco Drug Users Union (Sindicato de San Francisco para gente que usa drogas), esperaba el autobús 49 en las calles 24 y Misión con su hija de tres años, Hannah Iger.
Normalmente, Lorenz lleva a Iger a la guardería en el BART a Balboa Park. Hoy, la huelga los ha obligado a cambiar de planes.
“Estoy a favor de los sindicatos de trabajo”, dijo Lorenz. “Entiendo lo difícil que es para la gente ganar lo más próximo a un sueldo base. Al mismo tiempo, estos muchachos están afectando a 500,000 personas”.
Lorenz declaró que el hecho de que el BART sea un servicio público es desconcertante. “Es como los bomberos o las enfermeras que se ponen en huelga”, dijo. “Me preocupa porque la gente no está recibiendo los servicios importantes”.
Al anticipar la huelga, SideCar, un servicio automovilístico, temporalmente dejó de cobrar una comisión en los trayectos en un esfuerzo por solventar los problemas de transporte. De acuerdo con la vocera Rachael King, la compañía tuvo un 25 por ciento adicional de conductores de lo que tuvo el martes de la semana pasada.
“A menudo veo una petición cada diez minutos”, dijo Eden Foutz, conductor de SideCar. “Ahora es cada cinco minutos”.
Para la gente como Chelsea Martens, directora de un programa diurno para adultos con discapacidades, la huelga del BART no ha sido un obstáculo en su rutina diaria. “Tengo mucha suerte”, dijo, mientras esperaba a que un colega la recogiera en la estación de BART de la calle 24. “Vivo y trabajo en la ciudad”.
Sin embargo, la gente que conoce no ha tenido tanta suerte. Uno de los capacitadores en su trabajo durmió en la oficina para no tener que preocuparse de cómo llegar desde el la bahía del este a la ciudad para poder trabajar. Además, los invitados han sido bienvenidos a su departamento. “Tendré una piyamada con amigos hasta que la huelga se acabe”, dijo.
Antes de mudarse a la ciudad, Martens, de 27 años de edad, gastaba $140 al mes en moverse de su trabajo a su casa en Oakland. Hoy, incluso cuando paga más en renta, ahorra cuando se trata de transporte público. “Es completamente loco”, dijo del transporte público. “Se supone que es accesible. No es como si tomara un taxi privado todos los días al trabajo”.
Martens cree que los trabajadores de BART deberían haber negociado tarifas más bajos. “Hubiera sido un gesto agradable”, dijo. “Y más gente hubiera estado a favor de la huelga”.
Tony Brown, quien esperaba el ferry en una banca enfrente del muelle número dos en el Embarcadero para llegar a su casa en Alameda, estuvo de acuerdo en que los sindicatos perderán el apoyo público debido a su avaricia.
“A menudo, apoyo los sindicatos”, dijo, mientras una fila de más de 100 personas esperan a que el ferry llegara al muelle. “Pero están como perdiendo contacto con la realidad”.
Brown, quien trabaja de abogado en la calle Beale en la ciudad, declaró que la mayor parte de la gente se enojaría si leyeran la leyenda impresa en letra pequeña de las peticiones de BART en las negociaciones. “En especial durante esta época económica”, dijo. “El estándar estadounidense de vida está disminuyendo. No es como si estuviéramos teniendo una inflación”.
Brown se fue de su trabajo a comienzos de la tarde para evitar el caos del trayecto en el transporte público de la tarde. “No me gusta que toda esta gente esté en mi ferry”, dijo. Incluso cuando hay más ferries funcionando para acomodar a la gente que se ve afectada por la huelga, están más repletos de lo normal, dijo Brown. “Hay dos veces más gente en cada barco, lo cual no es la norma”.
Frustrado por las demoras, Brown no dejó de felicitar a los trabajadores del ferry por hacer un buen trabajo en una situación dura. “Creo que la gente espera lo peor”, dijo. “Así que si obtienen lo promedio, estaremos contentos”.
En la terminal temporal Transbay en las calles Howard y Beale, Laurie San Martin dijo que estaba impresionada con el rápido y amistoso servicio de AC Transit. “Parecía ser que todo mundo que se subía al autobús tenía una pregunta”, dijo. “Así que él [el conductor] fue muy paciente”.
Clarence Johnson, vocero de AC Transit, declaró que se agregaría un total de seis viajes al servicio diario del Transbay de San Francisco, y los empleados están trabajando tiempo extra para ayudar durante la huelga. “Normalmente, nuestra capacidad está al 50 por ciento”, dijo del servicio, el cual brinda servicio entre San Francisco y el este de la bahía. “Ayer y hoy estábamos operando como espacio solo para estar de pie”.
Los pasajeros llenaron las plataformas mientras esperaban los autobuses que los llevarían de Berkeley y Oakland. La gente le preguntaba a los guardias de seguridad, así como a otras personas, a dónde iban los autobuses, cuándo llegaba el próximo y cómo se veían afectados.
“¿Va a dar clase?” le preguntó una señora a un señor formado detrás de ella.
“Sí”, le contestó. “Me levanté temprano en caso de que algo saliera mal”.
Miguel Malbas, guardia de seguridad para Universal Protection Private Security, fue a trabajar en su día de descanso durante la huelga porque se lo pidieron. “Fue una mañana caótica”, dijo de la escena a las ocho de la mañana. “La fila era un largo zig zag, como una víbora”.
Malbas dijo haber escuchado rumores de que la huelga duraría hasta el próximo martes. Por ahora, él y el AC Transit están haciendo todo lo que pueden para acomodar a la gente.
“[Los autobuses] están llegando tarde, pero usted será uno de los primeros que se suba en el próximo”, le dijo un supervisor del AC Transit a un turista con una maleta grande. “Bueno, buena suerte”.

