Jacob Valdiviezo le dijo a su madre que este año no podría ir a casa durante las vacaciones de primavera, como siempre lo hacía, porque no podía pagar el boleto de avión. Su madre insistió en que ella pagaría el boleto para el viaje desde Portland, Oregón a San Francisco. Jacob le contestó que no.
A las siete de la mañana del viernes 22 de mayo, Valdiviezo sorprendió a sus papás cuando llegó a su casa de la Misión y abrió la puerta de la recámara de sus padres para acostarse en la cama que dormían.
“Fue una hermosa sorpresa”, dijo su padre Carlos Valdiviezo. “Pero la hermosa sorpresa resultó en una tragedia”.
El sábado 30 de marzo, Jacob de 19 años de edad fue asesinado afuera de su casa cerca de las calles 24 y Bryant cuando un hombre se le acercó en un automóvil y le preguntó que cuál era su afiliación a pandillas. El hombre prosiguió a dispararle tres veces en la parte superior del cuerpo, según la policía. Los disparos despertaron a su padre, quien salió y vio a Jacob acostado en los escalones de la casa de un vecino. El adolescente falleció cerca del Hospital General de San Francisco, precisó su padre.
Aunque la policía de San Francisco está investigando los detalles del incidente, la familia y vecinos de Jacob declararon que no pertenecía a ninguna pandilla. Jacob era un buen estudiante de economía en la Universidad Lewis and Clark con una beca deportiva de fútbol americano.
La muerte de Jaocb Valdiviezo sorprendió a la comunidad y ha iniciado una serie de homenajes, con todo y una vigilia el miércoles pasado a la que asistieron más de 300 de sus amistades, familiares y vecinos. Achieve, una beca local y programa de tutoría para estudiantes motivados de bajos ingresos en el que Jacob participaba, ya había establecido una “Beca Jacob” (o Jacob Scholarship, en inglés) para ayudarle con gastos universitarios de graduación a los alumnos de último año.
“Todo mundo lo conocía”, dijo Luis Correa, de 22 años de edad, quien jugó fútbol americano con Valdiviezo en Riordan High. “Él era una inspiración para todo mundo”. Valdiviezo nació en San Francisco y asistió a la preparatoria Archibishop Riordan High School. Valdiviezo ayudó a entrenar a los alumnos de básquetbol en St. Peters, una escuela parroquial de K-8 en la calle Florida a la que asistió.
“Era un joven que logró salir del barrio e ir a la universidad”, dijo Ricardo García-Acosta de Community Response Network, una organización local que ayuda a las familias que se han visto afectadas por la violencia. “Eso hace que sea todavía más estremecedor”.
Una página en Facebook en recuerdo a Valdiviezo ha recibido más de 2,200 clics “me gusta” en menos de una semana. Los estudiantes de Riordan y los amigos de Valdiviezo de la Misión, Lewis and Clark y Achieve han publicado fotografías de él y de tatuajes que ahora varios de sus amigos tienen en recuerdo a él. El jugador apoyador de los 49ers de San Francisco, Aldon Smith, tuiteó sus condolencias a la familia de Valdiviezo a comienzo de esta semana.
Las amistades y familiares de Valdiviezo lo recuerdan como un muchacho con una personalidad brillante que siempre llenaba de vida el lugar en donde estaba.
“Él decía: ‘vamos a jugar pelota’ y antes de verlo ya tenía todo un equipo para jugar quemados”, dijo Letty Moreno, amiga de la familia.
Valdiviezo era un gran admirador de los 49ers y los Gigantes desde una edad temprana y jugó fútbol americano para Riordan High durante cuatro años, comenzando en el equipo universitario siendo alumno de último año.
“No era el más rápido, no era el más ágil, pero siempre estaba dándole”, dijo Correa, compañero de equipo de Valdiviezo, quien medía 5’11” y pesaba 175 libras. “No era titular y comenzó siendo titular por el esfuerzo”.
Valdiviezo siguió esforzándose para mostrar su ética laboral en la Universidad Lewis and Clark en Portland, dijo Charles Krause, compañero de equipo del fútbol universitario.
“Era el primero en llegar a practicar, el último en irse, el paquete completo”, dijo Krause. “Su ética laboral era incomparable; siempre trabajando duro, siempre decía “sí, señor; no, señor’, muy amable, muy humilde”.
El Twitter de Valdiviezo lo muestra como una persona interesada en deportes que constantemente hacía chistes con sus amigos. En Instgram publicaba fotografías de su comida favorita de Perú, de donde es su padre, y hablaba incesantemente con sus amigos sobre los súper burritos de carne asada de la taquería El Faro.
Antes de su muerte, el adolescente estaba en proceso de adquirir una residencia de prácticas profesionales en San Francisco y había comprado boletos para visitar México, de donde es su madre.
La muerte de Valdiviezo ha puesto una vez más el reflector en un barrio que posee una historia de pandillas, dijo García-Acosta.
José Escobar, de 19 años de edad, y César Bermúdez, también de 19, fueron asesinados a balazos con una semana de distancia en octubre de 2012 —incidentes que la policía denunció como relacionados a pandillas. A principios de mes, José César Chuc Mul, un querido cocinero en algunos círculos de la comunidad yucateca de San Francisco, falleció por lesiones que sufrió durante una pelea con un grupo de hombres en las calles 16 y Valencia.
El número de homicidios cada año en la Misión ha disminuido en general desde los 18 homicidios registrados en 2008 —a excepción de 2012, cuando la cifra aumentó a 9—; no obstante, la actividad de pandillas permanece siendo una preocupación constante para la comunidad.
En la vigilia realizada en la calle para Valdiviezo el miércoles pasado en la calle Bryant, más de 300 personas se presentaron habiendo forzado a la policía a cerrar temporalmente la calle al tránsito.
Después de la vigilia, la familia Valdiviezo regresó a su departamento en un segundo piso. Cuando la madre de Jacob, Margarita, ofreció abrazar a quien quisiera dar sus condolencias, una fila de gente rápidamente se formó hasta la puerta.
“Estamos aquí porque mi hijo nos unía”, dijo Carlos Valdiviezo, con una voz llena de conmoción, al público reunido afuera.
García-Acosta espera que de la reciente tragedia abra una oportunidad para fortalecer a la comunidad.
“Esto debe ser un punto de congregación”, dijo. Cuando lo que parece ser una violencia insensata en la Misión, dijo, a menudo “hay un puñado de gente que se une. pero esta vez, hay mucha gente aquí”.
La familia está aceptando donaciones para los servicios funerarios a través de PayPal. En respuesta a la muerte, el Mission Peace Collaborative tendrá una manifestación pacífica que comenzará el viernes a las siete de la noche en la plaza de la estación de BART de la calle 16 hasta la casa de Valdiviezo.
Habrá un velatorio y un rosario para Jacob Valdiviezo en la Iglesia de San Pedro en el 1266 de la calle Florida, a las ocho de la noche de viernes. El sábado habrá una misa funeraria a la una de la tarde, seguida del entierro en el cementerio Holy Cross.

