En la marcha lésbica de este verano, la clínica Lyon-Martin hizo lo que casi siempre hace: ofrecer exámenes clínicos gratuitos de pecho en el Parque Dolores. “La gente no dejaba de venir”, dijo Dawn Harbatkin, directora ejecutiva de la clínica, quien citó a la gente que le dice “‘pensé que ustedes habían cerrado’”.

No han cerrado. Sin embargo, este jueves la clínica, cuya propia junta votó para cerrar otra vez en enero, comenzará a aceptar nuevos pacientes. La clínica ha seguido atendiendo a sus clientes asiduos, pero no había podido recibir a nuevos hasta ahora.

La supervivencia de una clínica audaz e innovadora como Lyon Martin, después de una combinación de financiamiento reducido y mal administración de contaduría que los dejó en pésimas circunstancias financieras, es la historia detrás del tipo de recaudación de fondos local de la que se ha hablado mucho y a la que se aspira, pero que a menudo no sucedía en la realidad.

“Me encantaría si lo que nos pudiera salvar fuera que 100,000 personas nos dieran $5 dólares”, le dijo Dawn Harbatkin, directora ejecutiva de Lyon Martin, a Mission Loc@l en una entrevista hace ocho meses. “Siendo realista, va a ser sólo un puñado de gente la que nos de $50,000 o $100,000”.

En cambio, lo contrario se probó veraz. La clínica sí recaudó $500,000 dólares que necesitaba para mantener sus puertas abiertas, pero la mayor parte de ese dinero provino en incrementos de $5, $10 y $20 dólares. “Y mucho de eso fueron recaudadores” dijo Harbatkin, “cobraríamos $5 dólares la entrada. Alguien que nos dio $20 dólares nos dijo ‘quédense con el cambio’. Aparte de algunos subsidios provenientes de organizaciones sin fines de lucro relacionadas con la salud, la donación más grande que el grupo recibió fue de $25,000 dólares.

Lyon-Martin comenzó en los años 70 como un proyecto de investigación del cuidado médico lésbico que comenzó una estudiante de la Universidad de California en San Francisco. Desde entonces ha desarrollado una habilidad específica en el cuidado médico de transgénero, y en algo llamado “salud integrada de comportamiento”, en la que los pacientes con problemas de salud particularmente incorregibles que se podrían perjudicar a la persona si cambian sus hábitos; en cambio, se les asigna a un equipo que consiste de un proveedor de cuidado médico, un terapeuta de comportamiento y una trabajadora social.

Es una modalidad que algunas veces es costosa en cuanto al manejo de cuidado a la salud, dijo Harbatkin. Pero funciona bien, en especial con pacientes que no encajan con el molde ideal de estar increíblemente emocionados sobre cuidar de su propia salud. “Si alguien no cuida de su diabetes”, dijo Harbatkin a modo de explicación, “pero no están cuidando su diabetes porque su mamá acaba de morir, no vamos a llegar a mucho con una visita ordinaria a la clínica”.

A menudo se usa con pacientes que tienen problemas con el abuso de sustancias. “La metanfetamina”, dijo Harbatkin, “puede obstaculizar bastante el tomar la medicina para el VIH a tiempo”.

La clínica no ha salido del todo del acantilado, en parte por el lento reembolso de algunas aseguradoras que se a menudo se toman alrededor de 20 días para pagar una factura. Lyon-Martin está aceptando nuevos pacientes que tienen MediCal, Medicaid y seguro privado, así como pacientes habituales que pagan lo que pueden de su bolsillo. (Curiosamente, el paciente que para ellos es mejor financieramente hablando es el que tiene MediCal, Medicaid o ambos porque la clínica está calificada federalmente como un centro de salud y obtiene más dinero de sus clientes que del el seguro público).

Sin embargo, no es lo suficientemente solvente como para aceptar cobertura de Healthy San Francisco. Los precios negociados con Healthy San Francisco a través del Consorcio de la Clínica de la Comunidad no se pagan por consulta. En lugar de eso, Healthy San Francisco le paga a cada clínica un cargo único de $114 por cada nuevo miembro que la clínica registra en el programa —una cantidad que ni siquiera cubre el gasto completo por una consulta  y mucho menos las tres que a menudo suele recibir un paciente de Lyon-Martin al año. “Es un gran programa de acceso”, dijo Harbatkin, “simplemente no cubre el costo de cuidado aquí”.

Cuando el inminente cierre de la clínica se anunció por primera vez, Lyon-Martin se sintió abrumado no sólo con el apoyo, pero con ideas de recaudación de fondos que tienen buenas intenciones. Por ejemplo, el apoyo de su clientela al convertirse en un club de mariguana (curiosamente, dijo Harbatkin, pero algo no muy fácil de hacer). Un plan a largo plazo es colaborar con otras organizaciones en proyectos de investigación médica. En lugar de eso, la clínica se ha conformado con financiar un flujo de eventos, cenas y recaudadores de fondos con base en el fomento de vínculos como en 30 Days of Health (30 Días de Salud), en donde la gente se registra para hacer de todo desde clubs de swing espontáneo por 30 minutos al día para dejar de fumar.

“La verdad es que puedo empatizar con la gente que está tratando de dejar de fumar”, dijo Harbatkin, en actitud de salud de comportamiento integrada. “Cuando hacen eso, uno necesita realmente reemplazar el hábito que no es saludable por uno saludable como correr o masticar popotes. Eso también ayuda”.

Lyon-Martin celebrará que volverá a recibir a nuevos pacientes este jueves, con una ceremonia en la que cortarán un listón y habrá una posible visita por parte del grupo Sisters of Perpetual Indulgence.

Si está interesado en ayudar con 30 Días de Salud, vaya aquí.

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Andrea hails from Mexico City and lives in the Mission where she works as a community interpreter. She has been involved with Mission Local since 2009 working as a translator and reporter.

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