Ya he pasado por aquí antes para comprar un café helado por las mañanas, pero en realidad nunca he pasado mucho tiempo adentro. Pero cuando pido un café aquí, me doy cuenta de que hay lo que parece ser una cocina legítima en la parte de atrás. Esto hace que la comida se vea más prometedora de lo que se ve en otros lugares en los que he estado.

Decido pedir un sándwich vegetariano asado después de haber declarado que era oficialmente la hora del almuerzo, incluso cuando apenas son las 11 a.m. De beber, voy a pedir un americano ya que tiendo a ser muy selectiva con mi café. Además, siento curiosidad de cómo miden el expreso aquí.

Me las ingenio para agarrar un lugar en el espacio del café que tienen arriba para así tener una vista única de la larga fila que llega hasta casi la puerta. Se escucha música jazz en el fondo; hay canciones que reconozco y canciones que no me parecen tan mal: no está nada mal.

Las mesas más abajo de donde yo estoy están llenas de gente con sus computadoras portátiles, pero no de las que se pueden enchufar a la pared (más bien de aquéllas que se estacionan en un espacio de manera indefinida). Una pareja ocupa dos mesas de las cinco que están alineadas más abajo. El café de ella está a lado de él sobre la mesa, y su computadora portátil ocupa el resto de su mesa. Él lee un libro, ella limpia su pantalla y continúa escribiendo. Una mañana tranquila en la oficina, trabajando duro antes de que se acabe la batería.

Por fin llega mi sándwich acompañado de una ensalada: un detalle agradable. El sándwich está delicioso. La verdura asada es algo que queda muy bien o muy mal y esta vez quedó muy bien. Tiene una capa de pesto y queso de cabra sobre un pan baguette suave. La comida está mucho mejor que el café, el cual tiene un sabor peculiar; no está demasiado amargo, sólo sabe extraño aunque todavía es bebible.

La pareja que ocupa las dos mesas empacan sus mochilas para computadoras portátiles y regresan las tazas y platos al mostrador antes de irse. En un minuto ya los han reemplazado dos tipos con su té helado y sin computadoras. El barista con rastas les trae sándwiches iguales antes de hacerse camino por entre la fila, abajo del loft y detrás del mostrador.

Son las 12:30 y para ahora la multitud con computadoras ya ha sido reemplazado por la multitud del almuerzo. La fila llega hasta afuera de la puerta, y se nota que hay una falta de computadoras portátiles. En lugar de eso, un montón de sándwiches y ensaladas ocupan las mesas.

Sin embargo, me di cuenta de que el plato de manzanas que está a la venta permanece intocable. Interesante.

12:35: La fila ya cambió. La gente entra y sale con sus cafés y se sientan en las mesas a esperar su comida. El barista sale de la cocina para tomar ordenes de aquéllos que todavía están esperando llegar a la caja.

Las manzanas que nadie compró.

12:49: Veo al primero llegar con su computadora. Pero todavía nadie ha tocado las manzanas. Esto es bueno, porque significa que puedo dibujarlas sin que nadie me interrumpa. Son útiles para algo, supongo. 

Es la una de la tarde y el café ya regresó a su vibra matutina. Los sándwiches han vuelto a ser reemplazados con computadoras portátiles y las mesas están llenas de gente que bebe café y trabajan en silencio. La hora del almuerzo no dura mucho.

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Andrea hails from Mexico City and lives in the Mission where she works as a community interpreter. She has been involved with Mission Local since 2009 working as a translator and reporter.

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