Traducido por Andrea Valencia

Los gritos se escuchan por los pasillos de la Preparatoria Misión mientras dos muchachos, con la cabeza atrapada como los búfalos con cuernos torcidos, luchan.

“Muy bien, muy bien”, gritan los espectadores.

“Vamos Chris. ¡Tú puedes!” le gritan al muchacho que está en el suelo.

Aquí y ahora, en un gimnasio en el que la luz del sol se vierte a través de las grandes ventanas de vidrio, está bien forcejear. Después de todo es un partido de lucha.

Es un partido que sigue el patrón de una rivalidad infinita: los Osos de la Preparatoria Misión contra los Boilmakers de John O’Connell. Ambas escuelas en la Misión.

Hasta hace algunos años, el ganador de este partido en específico se llevaba a casa un trofeo, y la competencia tomaba en consideración no sólo la habilidad atlética, sino además el promedio académico del alumno.

Cuando es importante, dijo J.R. Anderson, entrenador de lucha en John O’Connell, este partido es como los 49ers contra los Raiders.

Pero hoy, nada es más importante que el concurso por un estandarte de la Misión que se encuentra en los muros de color amarillo. No hay suficientes jugadores del equipo de lucha de John O’Connell (con un récord de 1-2) presentes para ganar. Debido a que algunos están enfermos o han renunciado, sólo seis llegaron. La Preparatoria Misión (con un récord de 3-1) ha traído a catorce.

“Estamos en un gran hoyo”, dijo Anderson, riéndose tranquilamente.

Aún así, el partido continúa.

Puede que no haya trofeos que ganar, pero sí una reputación. Ambos equipos tienen razones por las cuales demostrar que luchan bien.

Oscar Pineda, alumno de último año en John O’Connell está en el lugar 18vo en California en la división de peso 119, dijo el entrenador Anderson.

Poco después del partido, Pineda –de 17 años- se quita el tirante de su traje de expandes color azul y explica que le gusta la lucha no sólo porque es “cool” sino porque le parece que es el deporte que más exige físicamente.

Es de estatura baja –tal vez 5’3- pero fuerte. Minutos antes, su cara estaba en el suelo contra la colchoneta negra cuando rápidamente puso su pie en la pierna de su oponente doblándosela para volver a la posición de ventaja. Está claro por qué ha llegado a primer lugar en varios torneos y también que nadie lo haya vencido hasta ahora en esta temporada.

La derrota es algo que el entrenador Brigham en la Preparatoria Misión conoce bien. En 2001,  le tuvieron que reemplazar su cadera con titanio. Hace un año que el hombre con cabello canoso y lentes pequeños tuvo que operarse dos veces, y desde entonces ha estado bajo diálisis.

Como entrenador director del equipo de lucha estudiantil durante sólo dos años, prometió que regresaría si los otros asumían un papel en asistirlo a entrenar.

Desde el director atlético de la escuela a los adolescentes en su equipo, “todo mundo lo ha hecho. Este es el mejor equipo que la Preparatoria Misión haya tenido”.

También está Norberto Hernández, quien documenta dicho equipo. Originario de México, el muchacho de 17 años de edad está en el equipo del anuario.

En un momento, entrega un panfleto que muestra una de sus fotografías. Una foto en blanco y negro de Bernal Hill que se subastó en First Exposures, un programa de capacitación en fotografía para jóvenes menos favorecidos en la ciudad.

El sueño de Norberto es convertirse en un fotógrafo profesional y ya tiene planeado tomar clases en la Universidad Comunitaria cuando se gradúe en mayo.

Aunque piensa que el partido es “aburrido”, está presente cumpliendo con su trabajo.

Después de cuatro rondas, la Preparatoria Misión sale victoriosa pero los resultados del partido se dividen por igual: dos victorias para la Misión, y dos para John O’Connell.

Mientras guardan las colchonetas, ambos equipos se dispersan hacia sus vestidores correspondientes –las escuelas están separadas por sólo 6 cuadras.

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Andrea hails from Mexico City and lives in the Mission where she works as a community interpreter. She has been involved with Mission Local since 2009 working as a translator and reporter.

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