Traducido por Andrea Valencia

En promedio, cada uno de nosotros respira 3,000 galones de aire al día. Los niños respiran un poco más que eso, por su rápido metabolismo y hábito de correr por todos lados. Necesitamos oxígeno para convertir la comida que ingerimos en energía, y necesitamos oxígeno para permanecer vivos. Nuestra vitalidad depende del aire.

Cuando era niña y andaba en mi bicicleta en los suburbios de Los Ángeles, tomé por sentado que si pedaleaba muy rápido no podría respirar. Nunca hice la conexión con la calidad del aire. Era simplemente la forma en como era el mundo.

Muchas cosas han cambiado desde entonces. Desde que se aprobó la Ley del Aire Limpio en los 70, la contaminación del aire en ciudades estadounidenses ha ido en picada. En ese entonces, Los Ángeles excedió las normas de ozono 175 días del año. Hoy día sucede 20 días al año.

La cantidad de monóxido de carbono, material particulado y plomo en el aire ha disminuido. También lo ha hecho la cantidad de plomo en el estadounidense promedio –hay menos de la mitad del plomo que había en nuestros cuerpos, en promedio, desde que se sacó de la distribución la gasolina con plomo en los 80.

Pero la investigación continúa para establecer un nexo entre vivir cerca de una planta eléctrica o una autopista a resultados adversos en el nacimiento, la diabetes, enfermedades cardiovasculares y Alzheimer y hasta hace poco el autismo. Y a medida de que nuestra salud ha mejorado en algunas maneras, para otros ha disminuido: la preponderancia del asma aumentó aproximadamente 4 por ciento al año entre 1980 y 1996, y ha permanecido a un nivel más o menos alto desde entonces –en un momento dado, aproximadamente el 8 por ciento de la población de los Estados Unidos tendrá asma.

Cada vez más, el posible culpable es el combustible diesel el cual es popular por su eficacia combustible y usado a menudo como combustible en camiones y autobuses. Cuando el combustible diesel se quema, libera partículas mucho más pequeñas que aquéllas que producen otros combustibles –tan pequeñas que pueden traspasar las defensas respiratorias y permanecer en los pulmones haciendo que se irriten e inflamen con el tiempo.

Estaba molesta cuando comencé a darme cuenta qué tan peligroso es tanto para mi salud como para la de otros que viven cerca de mí, en una popular ruta para camiones. Tomará una versión más estricta de la Ley para el Aire Limpio para verdaderamente mitigar nuestra exposición al escape de diesel y otro material particulado que permanece en el aire. Pero hasta que dicho día suceda, he decidido poner atención en las cosas pequeñas que pueden disminuir tanto la contaminación al aire como estar expuesta a ella.

  1. Empecé a tomar el transporte público, a caminar o andar en bici. Si vive en San Francisco, es posible que ya esté haciendo esto. La última vez que tuve que comprar un auto por el trabajo, compré un híbrido.
  2. Comencé a comer productos locales –aunque por supuesto que dicho concepto es engañoso. También lo es darse por vencido con la comida. Dejé de comer plátanos, pero no pude hacer lo mismo con los mangos. Mi hijo se negó a dejar de comer plátanos, lo cual está bien. El muchacho necesita su potasio.
  3. Dejé de tener fogatas y barbacoas. Haberme librado de la parrilla ha probado ser algo difícil. Si se la hubiera dado a alguien más, hubieran cocinado en ella y la idea es reducir la cantidad de hollín en el aire. Así que la parrilla ha estado sin usarse en el patio trasero desde hace ya años. No fue una solución perfecta.
  4. Tomé en serio el cambiar los filtros del horno una vez al año, y me aseguré de que el empleador lo hiciera también. La mayoría de los californianos tienen los calentadores de pared para cuartos, pero esos también tienen filtros. Ya sea que los reemplace usted o su casero, tiene que asegurarse de que se haga.
  5. Compré una aspiradora con un filtro HEPA. No sirve de nada inhalar el material particular dos veces –la primera vez entra a la casa por medio del aire, y la segunda cuando la aspiradora levanta el material particulado al pasarla por la alfombra.
  6. Decidí quedarme en la costa. El aire del océano que llega desde el oeste significa que San Francisco es mucho más frío que Oakland o Berkeley, pero no es un lugar en donde las partículas se quedan en el aire y permanecen.
  7. Este punto se refiere al seis –tenga cuidado al escoger en donde vive. Tome en consideración qué tan cerca está de las rutas de camiones, en especial si tiene hijos.
  8. Participo políticamente en temas de calidad del aire. A fin de cuentas, todas estas pequeñas cosas que hacemos por nuestra cuenta se acumulan. Pero la legislación como la Ley para el Aire Limpio permanece siendo lo que podría realmente marcar una diferencia.

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Andrea hails from Mexico City and lives in the Mission where she works as a community interpreter. She has been involved with Mission Local since 2009 working as a translator and reporter.

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