El Padre Richard Smith, en su sotana negra y su cuello clerical está cerca de las personas por quienes lucha. Lo hace en silencio pero con todo su corazón. Dice que uno de los trabajos más importantes se hace afuera de la iglesia, cuando va a los lugares donde los miembros de su comunidad han sido olvidados.

“Jesús se metía en problemas porque siempre estaba con los rechazados, con la gente que nadie más quería”, dijo. “No pasaba su tiempo dentro de las cuatro paredes de la iglesia”.

Tampoco lo hace este sacerdote. El Padre Richard dijo que visita los lugares “en donde hay más dolor y rechazo” como regla general. Esto puede incluir un campamento de personas sin hogar, la sala de un hogar dividido por la violencia, o un miembro de la comunidad indocumentado que se enfrenta a ser deportado.

El Supervisor del Distrito 9, David Campos llamó al hombre de 65 años un héroe anónimo.

“Su presencia es sumamente tranquilizante, y da una sensación de alegría que se necesita mucho”, dijo Campos. Añadió que aunque su habla es ligera y humilde, el sacerdote defiende de la moralidad de forma radical.

La artista y abogada Adriana Camarena pidió una vez al Padre Richard hacer una vigilia por Alex Nieto, el joven de 28 años que murió a manos de policías de San Francisco en Bernal Hill en 2014. Ella se refirió a él como “la representación de la aceptación espiritual”.

“Es capaz de pararse junto a los danzantes en la Misión, cantar con los amigos budistas de Alex Nieto en Bernal Hill, y hacer el sermón Dominical en su iglesia”, dijo ella.

Incluso antes de volverse el vicario de la Episcopal Church of St. John the Evangelist (Iglesia Episcopal de San Juan Evangelista) de las calles 15 y Julian, el Padre Richard daba apoyo moral a su comunidad, apoyaba la reforma migratoria, y se solidarizaba con el movimiento de protesta anti-desalojos de la Misión. Llevó a cabo vigilias en la Misión y en otros vecindarios para las víctimas de brutalidad policíaca como Amilcar Perez-Lopez, Alex Nieto, y Mario Woods.

Para Roberto Hernandez, organizador de la comunidad y líder de ‘Our Mission No Eviction’ (Nuestra Misión: No Desalojos) el sacerdote activista literalmente “predica con el ejemplo de lo que dice la Biblia”.

Recuerda haber visto al Padre Richard en el Ayuntamiento (City Hall) en una protesta el año pasado. “Subimos al segundo piso y tocamos la puerta de la oficina del alcalde Ed Lee. Cantábamos y gritábamos y entonces al voltear vi a un hombre con un cuello clerical gritando tan fuerte que su cara se ponía roja. No sé cuántos sacerdotes harían lo mismo”.

Cuando no está en protestas, el Padre Richard trabaja para que St. John’s sea importante para todos. Por ejemplo, hace poco, abrió las puertas de la iglesia a las personas sin hogar, les ofreció café y un lugar seguro para dormir cuatro horas durante el día. Este esfuerzo representó trabajar con el Gubbio Project, que es un programa de ayuda para las personas sin hogar que suministró 50 colchonetas enrollables para aquellos que las necesitaran entre las 6 a.m. y las 10 a.m. entre semana.

St. John’s, siguiendo el ejemplo de la Iglesia Católica Saint Boniface que está en el 133 de la Avenida Golden Gate, es ahora la segunda iglesia de la ciudad que ofrece este servicio.

El Padre Richard dijo “Cuando estás en la calle tienes que dormir cuidándote del peligro. Este es un lugar donde al menos podrán dormir unas horas en un lugar cálido, seco, y seguro y olvidarse de sus problemas”.

En St. John's algunas personas sin hogar pueden pasar unas necesarias horas de sueño en colchonetas enrollables. Fotografía de Laura Waxmann

En St. John’s algunas personas sin hogar pueden pasar unas necesarias horas de sueño en colchonetas enrollables. Fotografía de Laura Waxmann

El Padre Richard comenzó como sacerdote Católico Jesuita en 1978, pero dejó los hábitos 13 años después por razones políticas y personales. Aunque la Iglesia Católica hizo algunos cambios después de ordenarse, el sacerdote, que es abiertamente homosexual, dijo que “se sentía cada vez más incómodo” con las posturas de Vaticano bajo la guía del Papa Juan Pablo II respecto a la anticoncepción durante la epidemia de SIDA en los 80, y al intento de silenciar las solicitudes de apertura de disidentes Católicos.

“Había hombres jóvenes caminando con bastones, muriendo, y siendo marginados, quienes necesitaban más apoyo. Me costó mucho trabajo funcionar como sacerdote y homosexual en la iglesia”, explicó.

Dejar los hábitos implicó llevar un estilo de vida más convencional.

Recibió un Doctorado en Ética y Teorías Sociales de la Graduate Theological Union de Berkeley. También dio clases algunos años y después trabajó como escritor técnico. “Era lo que pagaba las cuentas”, dijo sobre un lapso de 15 años en Oracle, en donde se dedicó a escribir manuales sobre el uso del software.

Al mudarse a la Misión, a mediados de los 90, el Padre Richard dijo que caminar por las calles del vecindario al salir de su trabajo en Silicon Valley le dio humildad.

“Conocía a gente de Harvard y Stanford y al volver a mi vecindario veía a gente sin hogar, pobre y enfrentando dificultades en su vida”, dijo.

Esta anécdota de privilegios y desigualdad quedó unida a su vida y trabajo, los que por lo general, van de la mano.

“No sé si el Padre Richard duerme”, dijo Evangeline Baker, coordinadora de la Despensa  en St. John’s. “Dedica la mayor parte de su tiempo a luchar por otros, porque le importan”.

El Padre Richard, siendo un hombre espiritual, dijo que comenzó a extrañar la Iglesia. Recordó que su comunidad lo invitaba a unirse a los Episcopales, donde las mujeres pueden ser sacerdotes y los practicantes homosexuales son bienvenidos.

Se recibió como sacerdote Episcopal en la Grace Cathedral en el 1100 de la calle California en 2001 y poco tiempo después se ofreció como voluntario en St. John’s, a la cual se refirió como “el cielo de un mundo sin corazón”.

“Sin importar si implicaba ofrecer asilo a inmigrantes salvadoreños durante la guerra civil o apoyar a hombres homosexuales durante la epidemia del VIH, St. John’s resultó ser un lugar muy importante en el que las personas encontraban ayuda”, dijo el Padre Richard. Hace dos años se le pidió que fuera el vicario de St. John’s.

Con la libertad de vivir la vida de su elección, el padre Richard se casó con Rob, su pareja de 10 años, cuando el estado dio por un breve lapso licencias de matrimonio a parejas del mismo sexo en 2008.

“Apenas lo logramos”, recordó él con una sonrisa que también se reflejaba en sus grandes ojos azules.  Aunque la mayoría lo conoce como “padre”, el sacerdote tomó un papel que en algún momento consideró inalcanzable. El siguiente año, junto con su esposo, se volvieron padres.

La pareja viajó a Guatemala para adoptar a su hijo, David. “Para bien o para mal, es un niño muy estadounidense”, dijo el padre Richard de su hijo adolescente. También fue en esos tiempos que se involucró en el activismo.

El padre Richard dijo que le agobiaban las historias que escuchaba sobre las familias inmigrantes que la policía tenía como blanco de forma injusta y que terminaban separadas por deportaciones. Después de asistir a una reunión del San Francisco Organizing Project, un grupo de apoyo de unión de fes que trabaja para tratar injusticias económicas, y raciales en el Área de la Bahía, se unió al grupo.

“El padre Richard es una de las pocas personas que tiene el deseo de defender a todas y cada una de las personas que enfrentan retos o injusticias en sus vidas”, dijo Jennifer Martinez, directora ejecutiva del Organizing Project. “Ofrece cada parte de sí mismo en silencio a cualquiera que lo necesite”.

Martínez dijo que el sacerdote comenzó a liderar caminatas nocturnas cada mes como una acción de oración pacífica en la que las comunidades de diferentes fes caminan por la Misión, y se detienen en lugares en los que ha habido violencia para orar por las víctimas.

Martínez añadió que fue durante estas caminatas nocturnas que el padre Richard se involucró fuertemente en una campaña para que se condenara a los oficiales que dispararon a Amilcar Perez-Lopez, un joven guatemalteco de 21 años a quien mataron en la primavera de 2015.

“Nos movió y organizó para tomar el caso”, dijo Martinez, quien además explicó que el padre Richard se relacionó con los vecinos y habló con los testigos. “Parece llevar a Amilcar en su corazón. Creo que hay una conexión muy personal allí”:

El padre Richard recuerda que al ver una fotografía de Perez-Lopez en una vigilia, tuvo que hacerlo dos veces.

“Se veía igual a mi hijo”, dijo. “Era maya, un inmigrante que podría haber sido mi hijo. Todavía me quiebro cuando hablo al respecto”.

Florencia Rojo conoció al padre Richard en medio de los esfuerzos con los que dirigió la comunidad para exponer lo que ella llamó “un patrón de violencia policial” en la ciudad y el país.

Ambos colaboraron en esfuerzos modestos por recaudar fondos para la familia del hombre asesinado que está en Guatemala y llevaron a cabo marchas y vigilias en la localidad. Dijo que el sacerdote ha sido esencial en presionar al Fiscal de Distrito para que “tome el caso en serio”.

“No pienso que esto lo haga un radical, más bien me parece que significa que tiene los pies en la tierra”, dijo ella.

Este año, el activismo del Padre Richard tomó una forma más. Aparece en “Lowrider Lawyers: Putting a City on Trial”, (Abogados de Lowriders: Juzgando a una Ciudad) una película que es el resultado de un esfuerzo de la comunidad por contar la historia de la muerte de Alex Nieto, la cual se estrenó en el Brava Theater de la Misión el 3 de enero.

El corto se centra en un juicio de la comunidad de los oficiales que le dispararon a Nieto, en el cual los residentes de la Misión fungen como miembros del sistema judicial y cuestionan de forma crítica la historia de la policía.

El sacerdote dijo que se rió de la ironía cuando le pidieron que actuara como un policía enfrentando el juicio. No se pudo negar.

“Necesitaban a un hombre mayor blanco para el papel del policía. Les dije que haría cualquier cosa”, bromeó el padre Richard. “Se tiene que hacer lo necesario para revelar la historia. Estamos haciendo que las cosas se calienten, y asegurándonos de que no pasen desapercibidas”.