Cuando el San Francisco Unified School District, (Distrito Escolar Unificado de San Francisco, SFUSD, por sus siglas en inglés) se enfrentó a problemas de presupuesto a inicios de la década de los 80, el voto de Rosario Anaya, que había sido parte de la San Francisco Board of Education (Junta de Educación de San Francisco), permitiría tomar la decisión de entre dos opciones: reducir los salarios de los miembros del sindicato de maestros, o que 8 profesores perdieran sus trabajos.

“El sindicato era muy poderoso, sabías que no podías oponerte a ellos”, dijo Ray Sloan-Zayotti, anterior consejero sobre políticas públicas y Presidente Interino del comité de la Mission Language and Vocational School (MLVS).

Él recuerda a Anaya como un “dechado de verdad y justicia”, al explicar que en ese entonces, ella votó por proteger los ocho trabajos que estaban en juego a expensas del muy organizado sindicato. Esto no solo puso en riesgo su popularidad, sino que le costó perder el apoyo del sindicato.

“Eran sus principios. Sabía que era lo correcto, y estaba consciente de la carga que resultaría de su decisión”, dijo Sloan-Zayotti.

La vida de Anaya estuvo marcada por historias en las que mostró su compasión y la firmeza de sus convicciones. El 5 de agosto, a la edad de 70 años, Anaya, líder en educación de mucha experiencia y defensora de los inmigrantes, falleció a causa de un cáncer de pulmón.

Anaya, a quien el entonces Alcalde George Moscone asignó a la Junta de Educación de San Francisco en 1977, dejó un legado que recuerdan con cariño aquellos que presenciaron sus esfuerzos por mejorar la vida de los inmigrantes, de los niños, y de los pobres a través de la educación.

“Ella era una flama que iluminaba a la comunidad día y noche. Daba a otros esperanza y guía, y una sensación de que las cosas iban a salir bien”, dijo Sandy Close, amiga de mucho tiempo de Anaya y directora ejecutiva de New America Media. “La gente confiaba en ella. Esta es una característica que no es muy común actualmente (en la política)”.

Anaya, quien migró desde Bolivia, nació en 1944 en la antigua ciudad andina de Cochabamba, y se mudó a los Estados Unidos junto con su familia al final de su adolescencia. Cuando llegó a Oakland, no hablaba Inglés. Esta dificultad le dio forma a su trabajo y se volvió una de las razones por las que estaba unida a la comunidad.

“Ella entendía lo que es venir de otro lugar, de un país Latinoamericano, lo que es aprender Inglés, y aprender a trabajar y vivir aquí de forma exitosa. Además sabía lo que implicaba mostrar valor durante toda esta lucha”, dijo Daniel Brajkovich, director interino de la MVLS, la institución vocacional de la que ella se hizo cargo como directora ejecutiva por más de cuatro décadas y hasta el día de su muerte. “En ese aspecto, Rosario no era diferente de la comunidad a la que servía”.

Anaya entró a la política en una época polémica. Fue la primera latina que trabajó en la Junta de Educación de San Francisco, además de ser la primera latina elegida para ejercer en un cargo público. En 1978, los votantes aprobaron la Propuesta 13 de California. Esta abarcaba a todo el estado y limitaba la capacidad del Distrito para obtener fondos generados localmente.  Entonces, los estudiantes habían obtenido calificaciones bajas alarmantes en las pruebas de conocimientos. Durante su gestión de 12 años en la Junta, Anaya, quien fungió en dos períodos como presidente de la misma, hizo su mayor esfuerzo para que los estudiantes mejoraran estas calificaciones.

Carlos Cornejo, quien fue superintendente interino en el Distrito Escolar Unificado de San Francisco en 1985-86, dijo refiriéndose a la división de la Junta en ese entonces,  “Siempre era un 4-3. Lo que ella quería eran servicios adicionales: computadoras, programas extra curriculares y servicios de asesoría. Era quien hacía miles de preguntas para asegurarse de que lo que estábamos proponiendo funcionaría con todos los niños, especialmente con los que eran pobres, pues ellos no tenían un marco de igualdad”.

Dichas preguntas incluían por qué ciertas comunidades y escuelas no lograban algunas cosas.

Cornejo recuerda una ocasión en la que Anaya cuestionó por qué se estaba asignando a maestros calificados a la zona metropolitana de la ciudad, en lugar de asignarlos a la ciudad misma, donde se necesitaba en gran manera contar con educadores experimentados.

“La mayoría de los políticos y miembros del comité buscaban favores”, dijo Cornejo. “A ella no la entendían porque pensaban que apoyaba la educación bilingüe, no habían aceptado el concepto y trataron de hacerla a un lado y de formar otros acuerdos”.

Pero Anaya mostró que no deseaba adentrarse en propuestas políticas que no se alinearan con su visión de mejorar la educación de aquellos en necesidad.  “Ella decía ‘lamento que no puedan verlo, pero yo sí puedo’”, añadió Cornejo.

Sus ideas a menudo la alejaban del gobierno.

Jill Wynns, comisionada de la Junta de Educación y antigua presidente del Grupo de Padres de San Francisco (San Francisco Parents’ Lobby) relató que a Anaya no le daba miedo ir en contra de su línea política por “hacer lo correcto”.

Anaya, quien apoyó fuertemente a Roberto Alioto, el superintendente del SFUSD en el período de 1980-1985, tomó acción respecto a las preocupaciones del Grupo de Padres cuando descubrieron que el SFUSD era uno de los pocos distritos escolares grandes que no requerían una evaluación de parte del superintendente.

“El superintendente se oponía por completo al Grupo de Padres y pidió a quienes lo apoyaban, incluida Rosario, que votaran en contra de la evaluación”, dijo Wynns. “Pero ella no apoyó esto, y votó por la evaluación, porque era lo profesionalmente correcto”.

Después de perder la elección para ser parte de la Junta Escolar en 1990, la cual, si hubiera ganado,  le habría dado un cuarto periodo en dicho puesto, Anaya se concentró en la Mission Language Vocational School (MLVS), en donde fungió como directora ejecutiva desde 1973.

Fue entonces que Anaya se enfocó a ofrecer una fundación de apoyo para miles de inmigrantes y personas que no hablaban inglés y así ayudarles a aprender las habilidades vocacionales y lingüísticas necesarias para poder trabajar.

“Rosario fue una de esas personas que le abrió la puerta a personas como yo.  Al ser elegida y hacer lo que ella hacía en la década de los 70,  antes de que cualquier otro lo hiciera, permitió que alguien como yo fuera exitoso hoy en día”, dijo David Campos, supervisor del Distrito 9 y quien trabajó con ella para asegurarse de que la MLVS tuviera fondos suficientes a lo largo de los años.

La escuela se volvió la vida laboral de Anaya cuando fungía como directora ejecutiva de la misma. Se movía para obtener apoyo económico, pedía a su personal a esforzarse más allá de sus capacidades, aconsejaba personalmente a sus estudiantes y luchaba por crear programas que dieran seguridad laboral en un mercado siempre cambiante.

“Rosario era una visionaria que pensaba que una gran forma de lograr igualdad era proporcionar educación con propósito. Tenía la habilidad de creer en las personas más de lo que las personas creían en sí mismas”, dijo Brajikovich, quien se refirió a su técnica de liderazgo como el “poder de convencimiento de Rosario”.

“Tenía la habilidad única de pedir las cosas de manera tan natural que le permitían lograr que hicieras las cosas más irrazonables. Ella sabía que te estaba pidiendo algo que tal vez pensabas que no podrías hacer”, añadió él. “Era una responsabilidad. Veía algo en cada uno de nosotros y tomaba el valor de pedírnoslo”.

La filosofía de la escuela que creó Anaya incluye enseñar a los inmigrantes varios temas a la vez, combinando la enseñanza del idioma que se enfoca no solo en el lenguaje, sino en una vocación.

Además, Close señaló que Anaya, quién estuvo en la mesa directiva de New America Media por 20 años, “fue en realidad una de las primeras personas de la comunidad principalmente Hispana de la Misión que en verdad quiso llegar también a las comunidades Asiática y Afroamericana”.

“Creo que su experiencia en la Junta Escolar le dio una conexión con toda la ciudad”, añadió Close.

Algunos de los logros de Anaya incluyen el establecimiento de la Latino Cuisine Culinary Academy (Academia de Gastronomía Latina) que desde su establecimiento en 1998 ha educado a cerca de 8,000 estudiantes que ahora son, a su vez,  instructores y capacitadores en otros programas vocacionales. Además, implementó programas de capacitación en los campos administrativo y médico. Cerca de 300 estudiantes se inscriben a esta escuela vocacional cada año.

“Los resultados del trabajo de Rosario se perciben en las decenas y miles de vidas sobre las que tuvo influencia en sus más de 40 años de labor”, mencionó Brajkovich. “Tuvo efecto en muchas  generaciones. Cuando hablamos sobre construir la clase media Latina en el Distrito de la Misión en San Francisco, ¿quién más pudo haber sido un factor más influyente que Rosario?”

El 19 de septiembre, de 11 a.m. a 4 p.m. se realizará un servicio funeral público en memoria de Rosario en Mission Dolores, 3321 16th St., San Francisco.